portada del disco Grandes Éxitos

Con "Grandes Éxitos" (Hispavox, 1982) nos encontramos ante la retrospectiva de una formación irrepetible: Carlos, un tímido con carácter arrollador y talento desmesurado para esto del pop; Nacho, todo mala leche e ironía, esto es, punk desde el cerebro y no desde el estómago; Alaska, icono, personalidad y coherencia a partes iguales; Eduardo, figura atractiva como pocas, enfant terrible con trágico final incluido; Ana, imprescindible desde un segundo plano.

El álbum recoge la evolución de lo que uno podía encontrarse en los directos de Pegamoides desde su gestación, siendo quizás "Vicky" la que más idea nos puede dar del punk-pop vertiginoso que desplegaban en sus actuaciones. Otra muestra de esto, es "Secretos de belleza" con su puntito a The Clash.

El puzzle de canciones está ampliamente representado por aquellas derivadas de la fórmula que el tándem Carlos-Nacho había hallado con tan buen acierto. Nos referimos a las más bailables, con coros, y con referencias a las canciones más luminosas de The Cure o Siousxie -que también las tienen- con sus teclados naíf y la sombra de la candidez planeando en forma de sonidos orientales: "La línea se cortó", "Alta tensión","Rosa y verde" o "Tokyo", excelentes composiciones, en concreto esta última, dotada de un minimalismo absoluto, la sencillez hecha canción.

En él encajan también aquellas en las que las distintas afinidades estilísticas han sido pasadas por la batidora, conformando piezas homogéneas de gran valía, tales como la conga entomológica "¿Qué piensas de los insectos?" y, sobre todo, "No se por qué", oscura y grave en el tono pero clara en el ritmo y las letras, con un teclado muy pop, pero a la vez de carácter eminentemente afterpunk.

Inclasificables dentro de su estilo, como la circense "El plan", una broma como "La tribu de las Chochoni" que pone de relieve el punto ingenioso de Fabio McNamara, o la deliberadamente empalagosa "Llegando hasta el final" que, junto con "Bailando", suponen adelantos de Dinarama.

Por último, las enteramente arropadas por el manto de las tinieblas, como la castrense "Estrategia militar" o la inquietante "Redrum".

Si, es cierto que a estas canciones le puedan faltar un puntito de madurez (que sería alcanzado en Parálisis Permanente o incluso en el primer largo de Dinarama), que quizás puedan hacer perder el sentido de unidad al disco, que igual no representen tanto la esencia de la banda, que no sean tan redondas como las pop, o que incluso alguna de ellas pueda ser prescindible, pero amigos, esto no hace más que demostrar que hasta la perfección es imperfecta.

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