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LaFonoteca, Disco: Gato x Gato
portada del disco Gato x Gato

Tras el desencanto de “Ke Imbenten Eyos” (EMI, 1984), Gato Pérez debutó con la discográfica independiente Picap con “Gato x Gato” (Picap, 1986), un disco en el que recupera su pulso creativo y cosecha algunas de las mejores letras de su repertorio, además de tomar el mando de la producción.

“Gato x Gato”, con ritmos accesibles (como es habitual), tiene un fondo reflexivo sobre la vida y habla del pasado y los errores, de cómo preservar la libertad y salir adelante.

“Barca, cielo y ola”, que abre el álbum, nace de descomponer el nombre de Barcelona, a quien homenajea la canción. La obtención de la organización de los Juegos Olímpicos de 1992 había hecho que se desatara mucha ilusión en la Ciudad Condal, cuya fama de ciudad cosmopolita y acogedora estaba en descenso. Pero “yo siempre la he visto igual, / como una estrella lejana que huye de la frivolidad”, cantaba el Gato.

Lo que me da la gana” es un divertido (y posiblemente más franco que irónico) autorretrato, sacando tal vez los símiles de una visita al zoológico: “soy pobre como una rata / pero disfruto como un camello / trabajo como un caballo / cuando me pongo serio”.

Con un tono pesimista, “Día D, hora H” reflexiona sobre el paso del tiempo y las oportunidades perdidas, al igual que la desengañada “Se acabó el pastel”, que sin compasión certifica que “se acabó el champán, / solo ves gente aburrida, / con ganas de abandonar. No esperes en seguida / una nueva oportunidad / el amor llama a la puerta / una vez y nada más”. Entre estas dos canciones, “Como un gato” rebaja la tensión y hace un canto a la bohemia: “cuando está en juego su libertad no hay trato”.

El vitalista “Cha cha cha de la locura” pone de manifiesto que “cada día una experiencia nueva / es la mejor terapia para sobrevivir”. Hay que apuntarse a un bombardeo, canta el Gato, para acercarse a la felicidad.

Un amor en cada bar”, que se incluyó en la BSO de la película de Ventura Pons “La Rubia del Bar” (Picap, 1986), retoma un tono nostálgico y hace un duro autorretrato del artista: “soy un cobarde / un mal negocio incluso para mí”.

El crac” se burla de las inversiones millonarias del fútbol y de las figuras que se venden al mejor postor. “El primo Vicente”, que una vez más recuerda a Rubén Blades, describe a un personaje que encuentra “la luz” en la religión, y cambia la noche y las percusiones por la oración.

Clásicos del 79”, pieza repleta de nostalgia sobre los comienzos, cierra un disco que, en conjunto, era posiblemente el mejor del Gato desde “Prohibido Maltratar a los Gatos” (EMI, 1982). Al calor del sello Picap y de la independencia parecía encontrar de nuevo el camino.

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