portada del disco Encuentros con Entidades

Tras entregar su obra maestra, “Unidad de Desplazamiento” (RCA, 2000), y con el progresivo ascenso a los altares de la crítica y el público (cada disco vendía más que el anterior), el siguiente paso se antojaba de una complejidad sólo al alcance de ambiciosos. Y los granadinos lo han sido a lo largo de toda su carrera.

Tras la culminación de una primera etapa de forma brillante con “Una Semana en el Motor de un Autobús” (RCA, 1998), y el inicio de una nueva en la dupla que conforman el EP “¡Dios Existe!. El Rollo Mesiánico de Los Planetas”(RCA, 1999) y el disco anterior, también es el momento en que comenzará cierta deserción de su legión de fans, incapaces de comprender el paso de gigante que representaba este cambio, y esperando una simple continuación de lo reflejado en su tercer disco.

“Encuentros con Entidades” (RCA, 2002) puede pasar por ser su disco más denso. En todos los sentidos. Un sonido que es una apisonadora sónica, abigarrado, más psicodélico que nunca, de desarrollos largos e instrumentaciones dominadas por una rítmica repetitiva y unas guitarras de épica contenida que hacen crecer las canciones, se unen a los textos más complejos acometidos hasta el momento. Instalado en el trono como uno de los mejores letristas de su generación, J es menos claro que nunca. Frases con multiplicidad de interpretaciones, que lo mismo sirven para definir un estado de ánimo, tomar la temperatura al curso de una relación, las sensaciones producidas por un viaje alucinógeno, o un golpe contra una industria discográfica que comenzaba a anquilosarse de manera alarmante.

El disco comienza con la intensa “San Juan de la Cruz”, mística, lenta, agotadora. Como si los instrumentos se fuesen disolviendo, algo que también refleja un diseño del disco con elementos en descomposición, enlazando con “Corrientes circulares en el tiempo”. Hay discos que justifican carreras, canciones que justifican discos y momentos como este en los que los astros parecen conjuntarse. Una canción que aúna de forma total el fondo y la forma.

La canción fue elegida como sencillo adelanto para el disco en una extraña elección, porque no es un tema que entre a la primera y su potencial de cara a las radios parece limitado, y más habiendo auténticos bombazos dentro del disco como son los siguientes singles “Pesadilla en el parque de atracciones” o la liviana “El artista madridista”. Ya desde el indicativo título se nos habla de espirales, de vueltas una y otra vez sobre el mismo tema, sobre el ego, sobre la incapacidad de romper los esquemas para salir de las rutinas… el resultado es una asombrosa canción que siempre estará en los primeros puestos de preferencias de sus mejores temas.

El disco transcurre de una forma similar al anterior, con una estructura sonora muy compacta, sin fisuras, intercalando los temas más densos con esos marca de la casa que parecen hechos para romper pistas y ser coreados en los conciertos, banderín de enganche para muchos de sus seguidores. Aunque en este disco escaseen más que en los demás frente a los muros sonoros, los arreglos con teclados y muestras de sonidos, como en la narcótica “Mis problemas con la justicia”, otro de los arrebatos de J contra el mundo que le rodea.

Y así transcurre el disco que alcanza un nivel, como poco, similar a “Unidad de Desplazamiento”, una sucesión de canciones asombrosas durante los primeros ocho cortes que parecen igualarle a la supuesta e inigualable cota del álbum anterior. De hecho esta, por llamarla de algún modo, primera parte, culmina con el otro punto álgido junto a “Corrientes circulares en el tiempo”, como es “Dulces sueños”. Más de diez minutos de crescendo que vuelan como un suspiro contándonos una historia que entremezcla novela artúrica, psicotropía y citas a la película “El Graduado” (1967) de Mike Nichols, llena de imágenes poderosísimas con un J pletórico, cantando arrastrado, desde otra dimensión. Como si lo abierto en “San Juan de la Cruz” se cerrase de manera brillante en “Dulces sueños”.

Pero aún faltan dos canciones para terminar el disco. Dos torpes, incomprensibles, banales y toscas muestras de salida de tono que se encuentran entre lo peor editado por los granadinos, y que afean un álbum que, hasta ese momento, no bajaba de la categoría de magistral.

Tanto “El espíritu de la Navidad”, una especie de folk psicodélico que quiere emular a otro de los fetiches del grupo como es Syd Barret, como la espantosa “Nosotros somos los Zíngaros”, versión de la ya muy discreta “Nosotros somos los terroristas”, Cara B del single "Corrientes Circulares en el Tiempo" (BMG, 2002), que utiliza la rítmica del “Blue Monday” de New Order, jamás deberían haber encontrado lugar en este disco, por otra parte soberbio, y dejan una sensación incómoda, como rebajando su auténtico valor.

A la vez que el disco, se publica un DVD en el que aparecen todas las canciones con sus correspondientes vídeos. El resultado es bastante discreto en la mayoría de los casos y pocos son reseñables. Quizá “Nosotros somos los Zíngaros, lleno de marionetas terroristas, “Mis problemas con la justicia” o “Dulces sueños”, que acompañan muy bien a la canción. Por lo demás incluye algunos vídeos antiguos y poco material extra.

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Comentarios

foto del usuario Luis
Luis
6 abril, 2011 at 04:17

El disco más infravalorado de Los Planetas , creo como tú , que el final del disco podria ser mejor , pero aun así la gente no valora este disco , estando a mi parecer cerca del nivel de Super 8 , Una Semana y Unidad de desplazamiento .

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