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LaFonoteca, Disco: En la Zona Zero
portada del disco En la Zona Zero

Primer larga duración de Vómito en su regreso un año después del adelanto que supuso el sencillo "Regreso a la Escena del Crimen" (Potencial Hardcore, 2009). Grabado también en el estudio de Mikel El Gordo, guitarrista de la formación, y editado por los madrileños de Potencial Hardcore.

El disco supone una potente y energética excusa para la reaparición en escena de la banda tras una larga etapa de silencio. Está rodeado de cierta ambientación alrededor de los atentados del 11-S en Nueva York, desde su título, que aprovecha la denominación que se dio desde aquellos días a la zona en la que se levantaban las Torres Gemelas antes de ser derribadas, o los de la intro del principio y final del disco: "Primer impacto" y "Segundo impacto (Demolición)", respectivamente, que pueden perfectamente estar refiriéndose a las colisiones de los aviones que se dirigieron contra estos rascacielos.

"Sigo vivo" es una buena píldora para empezar el disco propiamente dicho. Parece el contrapunto a "Enamorado de la muerte" de R.I.P., en la que al contrario de una entrega satisfecha y convencida a "la dama de los cascabeles", como la de los de Mondragón, Vómito parece anteponer sus ganas de supervivencia. Se mueve por coordenadas parecidas a los Barricada de "Balas Blancas" (Polygram, 1992) . A los navarros también suenan bastantes cortes más, como "Yo soy el virus", "Regreso a la escena del crimen", "Date por muerto"...

Vómito no fue de las bandas que más duro apostase en su momento por los exabruptos o escupitajos directos. O al menos, pronto, quizás desde "A un Paso de la Locura" (Discos Suicidas, 1990), la propuesta del grupo se tiñó primero de cierta aureola de tenebrismo, con letras inspiradas en oscuros héroes de tebeo, y luego de una dureza y consistencia en las guitarras. Con todos esos posos configuran ese "nuevo sonido de Vómito" como nos comentaba Mikel cuando le abordamos fuera de la sala madrileña en la que presentaba en noviembre su último disco, que pivota en crudeza e intensidad guitarrera, con cuidados detalles técnicos como los micrófonos utilizados tanto en el video de "Regreso a la escena del crimen", como en sus actuaciones de la ya mencionada gira. "Alarma social" pone sin embargo el punto de rebeldía y ganas de arrasar con todo. Es un buen tema, aunque puestos quisquillosos, los coros del estribillo chirrían algo, parecen no terminar de funcionar.

"Óxido nitroso" tiene esa invitación a vivir de las subidas de adrelanina relacionadas con la velocidad, utilizando metafóricamente el vértigo de la carretera. Las menciones a la visión de infrarrojos y demás huele también a superpoderes de tebeo. Literales desde luego eran los cantos entonados en esta línea de la tralla al volante por Cicatriz en "Me gusta conducir" de "4 Años, 2 Meses y 1 Día" (Zika, 1991), M.C.D. en "A68" del disco "De Ningún Sitio a Ninguna Parte" (Oihuka, 1991) o los propios Barricada a los que nos referíamos antes, en canciones como "Para llegar a tu cita" o "A toda velocidad".

Tiran en ocasiones de guitarras quejumbrosas, un toque diferente a propuestas punk-rock más ochenteras y cercanas a las que se oyen en los surcos de discos de Extremoduro o Los Suaves. Ni unos ni otros son antípodas musicales que desechen los seguidores de la banda, por otro lado, y corresponden, a lo mejor a la evolución más o menos natural de una banda que se pertrecha en las guitarras de Txitxo y Mikel. Sea como fuere, esos desgarros se oyen en "Yo soy el virus", en "Quiero más", etc.

La letra de "Yo soy el virus" está plagada de radioactividades, tumores, fluidos corrompidos y demás escatologías, en amenaza similar a la de Victor cuando cantaba aquello de ser una bomba nuclear. Es también, por otro lado, material que fácilmente puedes obtener de historias de tebeos como los que gustaban al fallecido cantante o al propio Claus.

Si se me permite el decantarme por alguna canción en concreto, yo me quedo sin dudar con "Banderas de sangre". El tema está ilustrado directamente por el dibujo de la portada, obra de Gaboni, que le valió la dedicatoria desde el escenario del grupo en su concierto en la madrileña sala Gruta 77 precisamente de esta canción. Un cerrado pelotón de soldados muertos, acompañan, engalanados en banderas sangrientas a dos niños. Probablemente sea que uno se deja impresionar con facilidad, pero un escalofrío me recorre la espalda cuando se desatan las hostilidades de la canción. Un latigazo similar al que provoca "Baileis" de La Polla Records, de su disco "Negro" (Oihuka, 1992), y eso que luego cada una de estas canciones evoluciona por derroteros diferentes.

La letra además atrapa. Se canta a la vuelta desde sus tumbas de todos aquellos que murieron engañados por sus correspondientes gobiernos que les lanzaron a la guerra con la excusa de proclamas patrióticas. El tema recuerda al guión de una de las historias cortas que plasmara el director de cine japonés Akiro Kurosawa en su película "Dreams" (1990); en concreto a la titulada "The Tunnel", en la que un comandante del ejército japonés se debe enfrentar a todo el batallón muerto que él dirigía en la batalla recién perdida. Al primer soldado que sale del túnel ante el que está el protagonista, le siguen uno a uno todos los muertos en dicha batalla, que además se niegan a volver a entrar al túnel a pesar de las instrucciones de su jefe.

Cerrada la disgresión cinematográfica baste concluir que probablemente sea "Banderas de sangre" una de las mejores canciones del álbum. Con el mismo aire de venganza suenan "Regreso a la escena del crimen", la misma "Yo soy el virus" o "El que espera paciente", sobre un francotirador que amenaza incluso penetrar en tu mente, todo ello a ritmo de hardcore y rock duro.

"Quiero jugar con él" es otro temazo. Mezcla perfecta del siniestrismo de Parálisis Permanente y una contundencia incontestable. Los coros son diferentes a los de otros temas. Escúchalo tú mismo. La llegada al final del disco también hará las delicias de los amantes de propuestas duras. Buena segunda cara de un buen disco.

Vómito ha alcanzado el punto de no tener que demostrar nada a nadie. Por eso este disco en épocas de madurez se agradece. Se agradece verles convencidos de su apuesta. Aunque no por ello Claus tenga que aceptar que, de momento, será sólo en estos temas nuevos en los que podrá cantar con tranquilidad en el escenario sin tener que compartir el micrófono con el exaltado de turno aterrizado desde el público para corear con él los temas de antaño. ¿Que por qué decimos esto? Porque lafonoteca lo vio de primera mano en el Gruta 77.

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Comentarios

foto del usuario vomito
vomito
24 noviembre, 2010 at 19:29

Excelente reseña, asi da gusto ir a comprar un disco!!

saludos!

foto del usuario TGL
TGL
24 noviembre, 2010 at 20:02

Muchas gracias Vómito. Saludos

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