portada del disco Ella...

Ella encontraba tesoros donde no los había, luego llenaba de oro mis manos vacías

Doce años pasan entre el último trabajo de La Rosa -“En el Arco Iris” (Mobil / ECD, 1994)- y el primer trabajo en solitario de Magín Blanco, “Ella…” (PAI, 2006). Un trabajo íntimo y emocional grabado en los estudios Casa de Tolos que cuenta con la producción de Segundo Grandío (Siniestro Total), quien además toca el bajo. Entre las colaboraciones nos encontramos con Nancho Novo (voz y armónica en “Soneto”), Uxía Senlle (voz en “¿Veño ou vou?”, el único corte del disco en gallego), Gloria Van Aersen (Vainica Doble) poniendo la voz en “Vuela palomita”, Isaac Palacín (Berrogüetto) a la batería y percusiones, y Pepe Losada (Los Suaves) con las acústicas y el lap steel.

La vida que mala es” decían 091; Magín se acoge a la misma máxima en “Purita”, angustia existencial y huida de la manada entre coros redentores y luminosos arreglos de cuerda. La huida continua en “Fiebre salvaje”, un extraño viaje hacia la otra orilla en el que tras llenar el vacío de hojas secas sentimos las dulces caricias del frío.

La temperatura sube con “Volveré”: “Volveré a soñar con tu voz / y que vivo a tu alrededor, que los días son grises sin ti”; y el optimismo y la luminosidad son la conjunción perfecta entre los ritmos acústicos de las guitarras y la suavidad de la voz de Magín.

La nostalgia de aquellos días de niñez en los que se creía “que la luz venía de más lejos y que el sol era solo un reflejo”, la nostalgia de aquellos días que no volverán llega con “Aquellos días”. Con la sencillez como principal arma, Magín tiene la capacidad de alcanzar la emoción. Y lo hace con facilidad en “Ella…”, bajo mi punto de vista el mejor tema del disco. Una voz desnuda nos recuerda que “ella hacía que todo por nada valiese la pena”, que “las palabras eran sólo gotas de agua” y lo más importante, que ella “sabía que yo la adoraba, que jamás me iría / por eso nunca me decía que no me quería”.

También es necesario destacar la muestra de amor incondicional de “Cuando mi voz”, la delicadeza de “Vuela palomita” y “¿Veño ou vou?” y la amargura de “Dolores”.

Estamos ante un gran disco, sencillo y honesto, que sólo necesita un par de escuchas para colarse para siempre en nuestro corazón.

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