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LaFonoteca, Disco: Elixir
portada del disco Elixir

He aquí una obra cuya difusión y reivindicación juzgo urgente. Uno de los más experimentales trabajos, sin que ese experimento sea sinónimo de rollo, de aburrimiento o de especulación sonora sin rumbo fijo. El disco se grabó el 5 de septiembre de 1977 en los estudios Sonoland, de Madrid, y fue editado aquel mismo año dentro de la serie Gong, producida por Gonzalo García Pelayo, figura clave que también produjo a Triana, Gualberto, Tílburi, etc.

Abre el fuego el instrumental “Campos de azahar”, que nos recuerda bastante a Mike Oldfield. El tema está construido por una guitarra que camina sobre una senda de teclados. Uno de los temas más bellos y tensos que nos dejó la música progresiva española.

"¿Qué malo hay, señor juez” desgrana un canto premeditadamente andaluz sobre dos guitarras españolas tocadas por Antonio Valls y Flaco Barral. La letra reivindica el derecho a fumar sin hacer mal a nadie y la desmesurada actuación de la ley. Este tema fue siempre canción obligada y coreada en todas sus actuaciones. Sin duda, la canción más conocida de Azahar.

Rock progresivo en estado puro para “¡Es que no tiene nombre!” con alternancia de solos de sintetizador y guitarra eléctrica. Se echa de menos una batería que rellene y dé hilazón al tema más que en otros cortes del álbum. A destacar, el inesperado final de un solo de piano clásico que se cruza con un solo de guitarra de lo más progresivo.

En la misma línea que la anterior se desarrolla “Mercaderes”, que cierra la cara A del disco. Aquí, me fijaría en los efectos sonoros de una introducción inquietantemente sicodélica y en el relleno armónico de los teclados en sus registros de cuerdas y en una guitarra que transita entre lo moruno y lo progresivo. Todo ello configura una interesante pieza de lirismo experimental en la que se pueden reconocer elementos de multitud de estilos.

“Un hombre cansado” es una balada en la que el cantante se ve un tanto ahogado por una letra en la que existen demasiados versos con más sílabas métricas que musicales. Discreto solo de guitarra para el tema más flojo del álbum.

Toques de mandolina y aires folk  para “Cantaros de fuego”, un delicioso juguete con claras influencias de Mike Oldfield. El trabajo de Antonio con las guitarras española, acústica y eléctrica, simplemente magistral.

Cierra el LP la suite “Viaje a Marruecos” compuesta por tres movimientos. El primero está basado en unos teclados que guardan aromas a Triana y una voz, que recupera el acento andaluz y los melismas magrebíes. Sonidos producidos con vasos de agua envuelven unos versos en árabe que dicen: “hermano, pásame la pipa y las cerillas”. El segundo movimiento es una descarga guitarrera precedida de explosiones, finalizada por una voz chillona en la que se hace difícil reconocer la letra. En el último movimiento, enteramente instrumental, vuelve el sinfonismo de teclados tocados en acordes de larga duración y guitarras que desgranan nota a nota una melodía llena de grandiosidad.

En suma, un LP de esos que hay que descubrir, que merece la pena escuchar completo y que marca una de las inexploradas cimas de la música progresiva española.

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