portada del disco El Último (el) de La Polla

Última entrega de un disco de estudio de La Polla. El título precisamente juega con ello y el nombre de otro conocido grupo de corte muy diferente al de los de Salvatierra. La razón de saber de antemano que se trataba del último disco es precisamente que terminó de editarse un año después de la muerte de Fernando Murua -Fernandito- el batería original del grupo desde el principio de los tiempos. Para este disco, fue sustituído por Tripi. Jokin también fue reemplazado por Txiki a la guitarra. Cierto es que ya se había producido antes el abandono de otras piezas claves en la formación original, como por ejemplo la de Txarly, pero el fallecimiento del batería resultó crucial para el cese de actividades de la por entonces ya mítica banda. Teniendo en cuenta que Abel no se hizo cargo del puesto de bajo hasta “Revolución” (Oihuka, 1985), son sólo dos, Evaristo y Sume, los miembros fundadores los que siguen al pie de cañón en este trabajo.

La compañía discográfica sigue siendo la valenciana Maldito Records, con la que el grupo sacó los dos trabajos anteriores. El estudio de grabación fue Shot! La portada, además del título, presenta una cadena evolutiva interesante: desde el banquero erguido con sombrero y maletín, se llega a un primate a cuatro patas.

Tal y como pasase en la última etapa de la banda, el disco trae punk-rock a toda tralla. Las letras, algo más flojas en general en las últimas entregas ceden el paso a una intensidad y contundencia en lo musical cuando menos asombrosa. Muchas veces han apuntado los de Salvatierra a las bandas de punk inglés de las sucesivas oleadas que se vivieron desde finales de los 70 como referencias sonoras válidas antes que los grupos de última hornada americanos con los que se les comparó en este acelere en el final de su carrera. Es por ello por lo que no es de extrañar que al escuchar este álbum nos vengan a la mente nombres tan insignes en el panorama punk-hardcore internacional como Discharge, Abrassive Wheels o G.B.H. Referencias que uno no esperaría precisamente en los trabajos de una banda con casi veinte años a sus espaldas.

Comienza la tralla con el primer tema, una crítica a ritmo hardcore contra la política de reciclaje doméstico a la que se le impone al ciudadano de a pie, cuando la polución a gran escala viene desde arriba. Con “Sin escrúpulos” el palo va dirigido a los bancos. Y casi sin descanso en la transición entre temas, la banda retoma el asunto de la violencia de género a toda velocidad con “Susanita tiene un marrón”. Ya habían abordado la cuestión en discos anteriores “Donde se Habla” (Oihuka, 1990) o en “Bocas” (Maldito, 2001). Lo interesante en esta ocasión es la solución que se propone: devolver el golpe. También, unos temas más adelante, se reincide en la rebelión del rol de la mujer en “¡¡OU YEA!!”, de lo mejor del disco. La canción incluye en los coros una voz femenina, toda una novedad.

Con “Violencia” baja un poco el ritmo. Se trata de una canción de amor al presidente de gobierno, último responsable de la violencia que el Estado ejerce sobre el individuo. No termina de convencer, sin embargo. La cosa se hace más dramática con “Vamos a explicar la palabra feo”, cuya irreverencia puede que llegue a arrancar la sonrisa de las generaciones más jóvenes recién incorporadas al sonido de la banda, pero que desde luego deja frío al oyente más veterano. De seguro es posible componer una crítica o burla a la familia real mucho más inteligente; de hecho La Polla en el pasado firmó unas cuantas. Mala de solemnidad.

Punkyfer” es una llamada a continuar la lucha a ritmo del hardcore más abrasivo. Trepidante también es “Loco mambo”. “Nadie es inocente” denuncia la ausencia de presunción de inocencia en medio de la paranoia terrorista en la que vive esta sociedad.

Reparten palos a la clase política con título explícito (“Iros todos a la mierda”) por si hubiera algún tipo de duda, en un gran tema. La cuestión religiosa la abordan con “Dios”. De la publicidad y el consumo se encargan en “Ahora unos minutos de publicidad”. “Series de maderos” es una especie de "Hill Street Blues" (1981). Va de polis. Concha Velasco quería ser artista; Evaristo quiere ser poli. ¿A que no te lo crees? Claro que no, es de coña.

“Control l’amour” es un divertido encuentro campestre de un bucólico Evaristo y pareja con agentes de la ley. Letra simpática (“Lindo el paisaje, guapa pistola / tú de lechuga y yo de amapola”) supone un respiro al principio, en lo musical, pero luego termina descarrilando igual. “Rincones”, pretendidamente o no, tiene el ritmo de “Casimiro” el que se lavaba los dientes con mucha pastita y agua corriente.

Mención especial se merecen “Hombres de respeto” y “A tu lado”. La primera se centra en los señores de la guerra. Es un rock and roll que suena a pub-rock a toda caña. La referencia clara sería Cock Sparrer, banda inglesa que ya versionearon en “Barman” (Oihuka, 1991). Canta sobre el nuevo orden “La libertad tiene sed de sangre, / y la patria hambre de dinero / vamos a matar por un mundo estable / El que no es rentable tiene que morir”. De las mejores. Y la última, “A tu lado”, es un repaso al santoral punk más que interesante. De vértigo. Frenazo brusco a mitad para darle cancha a una trikitixa.

Un disco interesante. No es de lo mejor del grupo, pero desde luego muy poderoso para ser el de la despedida.

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