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LaFonoteca, Disco: El Silencio
portada del disco El Silencio

Tras su primer trabajo Claustrofobia encontró acomodo en el proyecto que puso en marcha José Luis Escuer, Justine Records, que estaba inicialmente en Wilde Records, la compañía que editó su debut discográfico. Para este comienzo en el nuevo sello trabajaron en los Estudios Música del Sur.

Los tres componentes se repartieron los instrumentos para la grabación de la siguiente manera: Pedro cantaba y tocaba guitarras (española y eléctrica), armónica, piano, percusión y bajo sintetizador; María José se hizo cargo de sintetizadores, coros y percusión y Antoní de la programación de ritmos, percusiones electrónicas y sintetizadores.

Madres que esperan en el andén, vuelta a la anodina normalidad convirtiéndose en funcionario y amistades que, por tanto, ya no son posibles para “Ya no quieres ser un héroe”, marcan unas maneras muy similares a de los malos tiempos para la lírica de Golpes Bajos.

Pero quizás lo más interesante son los apuntes a la electrónica alegre y chispeante al más puro estilo New Order que repiten luego en “La princesita fea”. Tecno de cajas de ritmo y secuencias como la de los ingleses y que Claustrofobia retuerce para revestir las melodías vocales que aportan Pedro y María José.

Si las cuestiones robóticas en el ocaso de la era tecnológica de “El final de la era industrial” parecen importadas del universo de El Aviador Dro y sus Obreros Especializados, la más que sobresaliente “Lluvia dorada en tu boca”, tiene mucho de las marcas de Anubis de Los Iniciados y cuestiones egipciacas similares. La canción, una auténtica joya en el repertorio del grupo, suena en su comienzo a Dead Can Dance.

El mundo de Claustrofobia no requiere sin embargo de referencias externas. Se nutre de gravedad intelectual, con referencias mitológicas, y se teje a partir de letras que casi atropelladamente, sin reparar en posibles desafinos, va acumulando Pedro. “Encadenadas” es algo de todo eso, con gritos, casi gruñidos, sobre una fina manta de teclados y electrónica como final.

Esa combinación entre crudeza y elegantes melodías, se da también cita en “Mi primorosa geisha”, en la que también intervienen los coros de María José.

Pero casi sin duda lo mejor del disco se encuentra en los cuatro minutos y medio que dura “Rito gitano”. Excusa para adentrarse en cuestiones flamencas, composición deliciosa que discurre a buen ritmo y que permite definir el sello personal de la banda.

Tras la cadencia de lamento diletante de “Musa d’amor i mort”, sorprenden y aturullan con el funk-jazz rapeado de “El sudor de las minas”. Todos contribuyen al ritmo desestabilizante, contando con la contribución externa de Ragnampizza para el rapeo de una lista de personajes musicales notables como Ian Curtis, Germán Coppini, David Byrne, Chrissie Hynde, hasta los mismos componentes del grupo, y la guitarra solista de Sammy “Brother Sam” Keating.

Concedía el texto de la contraportada la condición de príncipe al silencio, protagonista del título del disco y del minuto y medio con el que se cierra el disco.

Un disco con cantidad de argumentos interesantes

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