portada del disco El Naval

"El Naval" (Acuarela, 2002) supone la estabilización de Mus en una madurez e identidad exprimidas aún en entregas posteriores, pero, a juicio del que escribe, en ningún caso superadas. Se trata del disco feliz -y desde luego, en "El Naval" lo “único” feliz es el resultado estético- en el que una formación logra condensar lo más aprovechable de su bagaje anterior -momentos memorables de "Fai" (Acuarela, 1999) o "Alma" (Acuarela, 2000)- con un nuevo camino que comienza a ser explorado, resultando en el impagable descubrimiento de un sonido propio, genuino.

Los asturianos emprenden un proceso de vaciado, limpian impurezas, elementos accesorios en su instrumentación. La peculiar voz de Mónica Vacas toma el mando para no perderlo, desaparecen las intermitencias vocales y su papel residual en "Fai", y para justificarlo Mus presenta como credencial al buen letrista que es Fran Gayo. Dignos candidatos a poemas constituyen el núcleo de las nuevas canciones, apenas revestidos por una casi transparente estructura instrumental. Desde una introspección doliente, la melancolía y la resignación de "El Naval" se esparcen, campan a sus anchas por entornos habituales y reconocibles.

Y es que la tierra está muy presente, no sólo en la elección del asturiano, otro de los aciertos que Mus supo mantener a lo largo de toda su trayectoria. En el proceso de desprendimiento referido, el dúo se encuentra con sus raíces y el paisaje se asimila como estado del alma: acordes menores, delicados arpegios y ritmos pausados dan cuenta de la quietud y los tonos pálidos, fríos, del paraje norteño interiorizado. Con todo, la aspereza y la crudeza líricas se proyectan también hacia el exterior, anticipando las aristas de una singular conciencia social que tendrá mayor protagonismo en su siguiente disco, "Divina Lluz" (Acuarela, 2004).

"Al debalú", "Al oeste de la divisoria" o "Quien bien te quier" pueden destacarse como techo compositivo de la banda asturiana; lecciones de frágil y cuidado lirismo, austeridad instrumental y un gélido y resignado sosiego capaces de detener el tiempo alrededor durante su escucha. Imprescindible.

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