portada del disco El Momento

No se acaban las calles” pero sí los discos de la banda, que entrega con “El Momento” (Polydor, 1987) su último de estudio. No se trata de un juego de palabras fácil, la verdad es que se encuentran en su mejor momento creativo y musical. Los años de ensayos, conciertos y grabaciones dan sus frutos y esto influye en la calidad de las canciones. Quizás el único borrón sea la marcha de Ñete tras  “Dibujos Animados” (Polydor, 1985) debido a distintas formas de entender la evolución de la banda, “cada uno su razón” que diría Antonio. Le sustituye Sergio Castillo en la batería. También colaboran Carlos Narea en los coros y percusiones, quién además produce el disco, Mike Herting en los teclados y Nico Ramsdem en los metales.

Continúa el aperturismo en sonidos cada vez más contemporáneos, quedándose atrás los ritmos de rock & roll clásico que inundaban sus primeros discos. Pero con todo a favor para alcanzar la popularidad masiva y unos índices de ventas acordes con su calidad, el grupo se toma de bruces con una realidad que se vuelve en su contra, las diferencias entre Antonio y Nacho son cada vez mayores, algo que se pone de manifiesto en el hecho de que por primera vez se alcanza el equilibrio en las composiciones, cinco para cada uno. La disolución estaba cada vez más cerca.

Abre Antonio con la luminosa “No se acaban las calles”, melancolía y fuerza en este retrato de mujeres bellas con trasfondo de mujer fatal. Un inicio intenso que se mantiene con “Vístete”, corte que muestra la faceta más exhibicionista de un Nacho que tira de forma cada vez más clara por la comercialidad sin complejos, por un desenfado cada vez con menos mordiente y llegar a un público cada vez más amplio. Antonio por su parte continúa en su línea, huyendo de artificios y componiendo grandes canciones que buscan la sensibilidad y la emoción por encima de todas las cosas. Joyas desnudas como “Desordenada habitación” que se alimenta de una frágil guitarra acústica para generar oasis emocionales. “Persiguiendo sombras” es otro ejemplo y “Lucha de gigantes” la mejor composición del disco, alcanzando la rotundidad y la trascendencia a través de la sencillez, transmitiendo un manantial de sentimientos en cada verso. La pequeñez del individuo ante un mundo descomunal, la realidad tarde o temprano nos sobrepasa para demostrarnos nuestra fragilidad y nos damos cuenta de lo perdidos que estamos. "Lucha de gigantes / convierte el aire en gas natural / un duelo salvaje advierte / lo cerca que ando de entrar / en un mundo descomunal / siento mi fragilidad...". La canción formaría parte de la banda sonora de “Amores Perros” (Alejandro González Iñárritu, 2000).

Nacho acierta con los aires circenses de  “Lágrimas al suelo” y la intensa “Si esto fuera amor”, corte que cierra el disco y una etapa.

Con “Nacha Pop 80-88” (Polydor, 1988) la banda se despide en directo y entre multitudes entregadas que abarrotaron la sala Jácara de Madrid dos noches seguidas.

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