portada del disco El Escarabajo más Grande de Europa

El salto a un gran público estaba por llegar. En su tercer disco, el grupo se arriesga a darlo todo en una multinacional, y como éstas en algunos casos no son las malas, "El Escarabajo más Grande de Europa" (RCA, 1998) goza de la mejor producción y del repertorio más maduro, e incluso "trascendente" si se quiere, de su discografía. A pesar de abrir y cerrar con "Telehueso", una sintonía con reminiscencias a ¿Mario Bros.?, existe un halo mágico que invade al disco, desde su enigmático título.

No contentos con demostrar que es su colección de canciones más emocionalmente cargada, enlazan tres de ellas a través de una lógica cronológica -"Mira el péndulo", "Duerme", "Ahora feliz, feliz"- con el fin de llegar a la no existencia. Porque no todo tiene signficado en "El Escarabajo más Grande de Europa", o por lo menos no de esa forma. La primera, "Angel Guardia", sugerente canción de contradictorias sensaciones y juegos de palabras, abre un mundo de posibilidades que exploran las tres canciones antes citadas. Si bien el pop al estilo convencional nunca ha sido algo por lo que se deje guiar El Niño Gusano, "Un rayo cae" pone en evidencia que una amable melodía puede llevar encerrada las mayores insidias (atención a la letra). Lo contrario es "El Jefe de las tortugas", que se aparta de los estándares para crear una imagen surrealista de curiosas interpretaciones.

La visión multicolor del disco es algo único: la dulzura de "El fabricante de alas de mariposa" choca con la locura kitsch de "La clínica de la radio y la televisión". El enérgico single "Lourdes", con la confusa historia de "Tolkas". Detrás de todo ello, El Niño Gusano ha estado fabricando cada pedazo de canción y trazando las imposibles poesías de un Sergio Algora pletórico y visionario.

Es un disco en el que impera una tristeza flotante, algo perceptible, pero a la vez, etéreo. Y no contentos con haber sorprendido, mostrarse rabiosamente orginales, y mejorarse a ellos mismos, encima proclaman "Soy ruso, señor", deseando ser otros por un tiempo (será que todo lo que han dicho ya había sido dicho por alguien antes). Quizás eran conscientes de que había otro "gran arte" en otro lugar, lejos de aquí. Quién sabe. Lo que sí que hicieron fue el mejor disco de su carrera.

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Comentarios

foto del usuario Raúl Alonso
Raúl Alonso
22 octubre, 2009 at 18:30

No me canso de escucharlo, una genialidad. Tanto originalidad como letras están a otro nivel. No sólo el mejor disco de su carrera, sino uno de los mejores discos de los aburridos 90.

El día que Algora falleció fue un día muy triste para todos los amantes del pop español. Descansa en paz, donde quiera que estés, Sergio.

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