portada del disco El Ángel Exterminador

Se mueven Obediencia sujetos a ritmos estrictamente personales e independientes, para nada condicionados a premuras o exigencias externas. Por ello, y si bien es cierto que hubo imprevistos relacionados con la portada (la selección e impresión de la misma) que retrasaron su nueva entrega, no tienen problema en dejar mediar hasta tres años desde su trabajo anterior.

Al igual que hicieron para "S/T" (Sólo Para Punks, 2011), repitieron grabación con Mario Riviere (Silla Eléctrica, Muletrain, Aerobitch) que se desplazó a su local de ensayo en Madrid y a Guadalajara, donde ensayaba su batería con su anterior grupo Caudillo y Carrero. De aquella sesión de junio de 2012 saldrían también "Miedo", posteriormente includia en un recopilatorio de Maximum Rocknroll y "Última ola".

Fotos para la portada y contraportada sacadas del álbum familiar de Joana, su cantante, y que muestran procesión de niñas de comunión que de alguna manera recuerda a los sepia utilizados para "Devocionario" (Nuevos Medios, 1985) de Golpes Bajos.

El universo de Obediencia está conformado por demonios bíblicos transformados en rémoras internas que impiden actuar o coartan la confianza en uno mismo, o se inspira en relatos de Samuel Beckett. Con dicho entramado se tejen las historias de la primera cara.

Canciones que siguen sembrando la desazón y la angustia, en lo agónico que pueden ser sus letras, y que facturan bajo el militante puritanismo del lofi estricto que hace de la tensión y de la voz de Joana sus argumentos válidos.

Son los que mantienen primero el infierno de pesadillas interiores de "Mi nombre es Legión". Para "En el cilindro", han logrado una pequeña joya, que brilla con algo especial a pesar de todas las crudezas que constituyen las señas de distinción de la banda, una pequeña llama rodeada de un paisaje helado: "El frío y duro suelo se quebranta con el choque de los cuerpos", mientras que todo discurre entre la melodía en la voz al cantar lo que parece el estribillo y una guitarra capaz de acabar entre lamentos a pesar de las espinas que ha ido repartiendo todo el tiempo. Canción de las que engancha.

Más chirriante, incluso hiriente, con coros en modos de gritos entrecortados, es "Voces". Intensa en lo de mantener cierto frenesí junto a una letra que comparte mucha de la soledad y la gelidez de los personajes de las historias de Décima Víctima. Termina sumiendo al oyente en una nube de desolación.

"El principio del fin", tema con la que acaban, suena a los Banshees más agrios, los del principio, alejados de los terciopelos de la última etapa. Parece reservada la melodía para los coros, los que comienzan cuando Joana acomete el estribillo, adoptando el tono más firme de todo el disco.

Es difícil encontrar un sentimiento similar al que producen los discos de Obediencia en ninguna otra propuesta. Sus canciones son elixir amargo que escuece y transmite desasosiego.

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