portada del disco El Ángel Exterminador

Tan solo dos meses después del fin de Dinarama, Carlos Berlanga iniciaba su carrera en solitario con “El Ángel Exterminador” (Hispavox, 1990). Homenajeando a uno de sus directores preferidos, Luis Buñuel, con tan devastador título, este primer trabajo apenas tendría repercusión.

'Fan Fatal' (Hispavox, 1989) no tiene nada que ver conmigo. Me divierte todo, me encanta Batman y el house, y el acid; lo que pasa es que no se puede dar un cambio tan radical a una carrera. Nosotros teníamos una línea que era la de mis canciones. Hubiera seguido la línea de 'Deseo Carnal' (Hispavox, 1984), nuestro disco más vendido”. Por si faltaban pistas de lo que nos íbamos a encontrar en este trabajo, en su nueva andadura, Berlanga, que siempre había contado con el abrigo de Nacho Canut para la elaboración de las letras, debía enfrentarse sólo a este reto por primera (y única) vez.

El resultado es un disco dotado de la esencia pura de Berlanga, de aquello que le hubiera gustado hacer junto a Dinarama tras “Deseo Carnal” pero que no pudo ser; esa libertad donde el pop se mueve entre la modernidad de suaves bases electrónicas, lo glam y lo latino, con frases que nadie más que Berlanga puede sugerir. Frases que cortan, que lapidan, que concentran en tan sólo un par de palabras todo lo que los demás dicen en mil vueltas (“No espero un milagro, espero un avión”).

Pasional, herido y sincero; reflejo exacto de su firma, “El Ángel Exterminador” se erige decadente y exquisito al mismo tiempo, simple y complejo; lejano no sólo a los derroteros que Dinarama estaban tomando, sino incluso a la hasta ahora conocida figura de Berlanga. Cercano al pop de plató de televisión, “El Ángel Exterminador” se presenta con un acordeón afrancesado y latino al mismo tiempo, seguido de un xilófono, tras los cuales Carlos, harto de estar harto, se despacha a gusto, maestro como es él, en destripar emociones y relaciones de la manera más sátira y sublime posible, pero con una melodía que no termina de encajar en tal confesión callejera.

El disco retoma el vuelo con “El verano más triste” junto a Miguel Bosé, quien parece haberse adueñado del tema por completo. Delicioso y exquisito, ácido a lo Berlanga, la altura tomada se mantiene con la siguiente pista, más próxima al sonido de épocas anteriores. “En el volcán” se nos transporta de nuevo a los momentos sonoros junto a sus antiguos compañeros de viaje, quizá todo ello motivado por el destinatario de sus estrofas (las malas lenguas hablan de la propia Alaska).

Y tras éste, la caída. Ritmos que no terminan de cuajar, que cansan y empalagan a partes iguales a través de unos coros que sonrojan, como sonrojan cierta utilización de la guitarra o de esos aires cocoteros, que apenas logran sugerir las ansias de bailar. “Septiembre” recupere cierto nivel, pero solo hace otorgar al disco un fluctuar entro el éxito y la mediocridad o lo caduco. Puede que reflejo de ese abatimiento que Carlos sentía al componer en soledad.

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Comentarios

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Boasv2001
22 septiembre, 2009 at 13:21

Personalmene, pienso que esta critica es un poco injusta. Por mucho que se infravalore, a mi me parece el segundo mejor disco de Carlos. Puede que algunas decaigan como “No encuentro humor en el amor” o “Todo se puede hacer bien”, pero el resto son autenticas joyas. No entiendo por que nunca se menciona “Rendido a tus pies”, pues es la que me cautivó por completo de este esplendido disco.

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Raúl Alonso
22 septiembre, 2009 at 13:33

Creo que igual el “problema” con Carlos Berlanga es que nos acostumbramos a la excelencia, con dos discos tremendos como son Indicios e Impermeable…. quizás ello hace que El Ángel Exterminador parezca poco. Lo que no hay por dónde coger es el Vía Alrededor…

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L.S. Daniel
25 septiembre, 2009 at 01:09

Para mí también es el segundo mejor disco de Berlanga. Le tengo mucho cariño a “Impermeable” (por muchas cosas, por salir en Elefant, por ser el testamento, por estar producido por Ibón), pero creo que canción a canción gana este aunque sea por poco. El “Vía satélite…” es un delito.

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