portada del disco Discordia

Grabado en 1986 bajo la producción de Remi Carreres, bajista de Comité Cisne, "Discordia" iba a constatar la brutal evolución que había llevado a Éxtasis, no ya desde la música como banda de verbenas que fueron en un principio, sino con respecto al mini LP que habían editado tan sólo un año antes "Miles de Ladrillos" (Ediciones Milagrosas, 1985). Poco o nada tenían ya que ver con ese tecno-pop oscuro con el que se habían estrenado en vinilo.

Y es que la misma formación había sufrido cambios de calado que los llevaron al punk hardcore que facturaban ahora. Canciones cantadas con crispación pero con buen arrope de guitarras, bien trabajadas y que le dan cierto punto casi industrial, tenebroso e intrigante que les emparentaba con un amplio espectro posible de bandas con sonido similar.

Con "Bofia" logran reunir una gran cantidad de opciones interesantes: Tono general oscuro, casi de punk siniestro y velocidad absoluta en el estribillo para criticar a la policía.

Aplicado a "Mi hogar", por ejemplo, logran un resultado parecido al de "La matanza de Texas" de Parálisis Permanente, aunque el tema originalmente se desarrolla a ritmo de los Eskorbuto más escabrosos. También suenan con la oscuridad de los madrileños en "En las Cortes".

"Algo" evoluciona con esos parámetros creando una sensación permanente de inquietud que no se disipa en ningún momento.

En otras ocasiones empiezan de manera mucho más lenta, como en el caso de "Perdedor". Apenas unos punteos de guitarra que terminan, eso sí, disparándose para dejar todo en esa atmósfera de tensión eléctrica. "Odio", probablemente uno de los temas más destacados de su repertorio, se construye con argumentos similares. Cuando termina de romper, cobra un punto incluso de épica en su protesta.

Todo se dispara, para adquirir maneras de hardcore correoso con "Actúa", llamada a la acción propia del género. La misma que aplican cuando se oponen al servicio militar en "La mili", gritando que no, que entre sus planes no pasa el morir a cuenta del ejército.

Se muestran violentamente sacrílegos en "Dios en Sodoma": Todo es una farsa, no hay creador, Dios se acabó, entre feedbacks y reverberaciones eléctricas de guitarra.

"No Quiero vivir muerto" suena a Zer-bizio?, o al menos tiene algo de aquel "Joder qué bien" que incluían los vascos en su primer disco.

Lleno de temas interesantes quizás sean "Destroy" y "Odio", los cortes que más podrían representar el punk de los valencianos.

Recuperado de las catacumbas musicales, ya que nunca llegó a ver la luz por problemas técnicos y por la disolución de la banda en ese momento, el sello valenciano VomitoPunkRock Records lo presenta con foto de inodoro al más puro estilo "Trainspotting" (1996), la película de Danny Boyle, y biografía de la banda incluida. Su edición tardía hace justicia quizás a un grupo que completaba con su punk hardcore la propuesta que en aquella época hacían bandas como Generación 77, Extrema Cordialidad Homicida, Crenom o Áridos en Valencia.

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