portada del disco Deslizes

Massiel cierra el bucle de su carrera regresando a Zafiro, donde había dado sus primeros pasos discográficos. Recordemos que Novola era la división juvenil de este sello.

Un LP de pop latino, que formalmente no sería el último, pero que sí es el último que tuvo una promoción adecuada, ya que después vendría algún otro en un sello de muy escaso calado.

Un disco maduro, probablemente demasiado maduro (léase aburrido) con unos arreglos y planos sonoros muy bien dibujados y un tratamiento de la voz cuidadoso. Escuchada la primera canción, “El vacío que deja el amor” uno ya sabe a qué atenerse. Melodías con poca belleza y excelentes ropajes, algunos apuntes de balada clásica y afrutados aromas hispanos y producción impecable. Un disco pensado y hecho para una otoñal dama de la canción incapaz ya de sorprender, pero poseedora de un oficio fuera de toda duda.

Además del buen corte inicial, es preciso fijarse en la balada que da nombre al LP. Un tema con sabor a bolero añejo cargado de esa dura forma de reprochar de la cantante. Un bolero remozado con una percusión contundente y una instrumentación sobresaliente. Ya he dicho que todo el álbum está muy bien interpretado por todos los músicos participantes.

Entre los temas menos ocultos y desconocidos, me quedo con un ejercicio de fusión latina titulado “Por un te quiero”, que mezcla las etnias de Andalucía y Sudamérica o, lo que es lo mismo, una guitarra de lo más española con un ritmo de lo más sabrosón con unas gotas de desaforado saxofón jazzy.

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