portada del disco Deseo Carnal

Virando ya del todo hacia excitantes ritmos tecno-pop (con tecno en minúsculas y pop en mayúsculas) como hilo conductor de esas historias absorbidas cual esponja de la realidad, y sin dar de lado a lo místico, lo paranormal e incluso, por qué no, a lo oscuro, “Deseo Carnal” (Hispavox, 1984) se erige con justicia como la gran obra de Dinarama. Un trabajo preciosista, con unos arreglos -cuerdas a cargo de Tom Parker, percusiones a cargo de Timaná- milimétricamente confeccionados para que nada sobre ni falte en él, algo de lo que Nick Patrick es en buena parte culpable.

El disco es una sucesión de hits constantes (en el buen sentido de la palabra), como si de un grandes éxitos de Dinarama se tratara.

Así, se abre con “Cómo pudiste hacerme esto a mi”, un clásico en toda regla (con un bonito videclip, por cierto) que de nuevo, al igual que ya había sucedido con “Perlas ensangrentadas”, nos lleva hacia el lado más sombrío de las relaciones. Toda una tarjeta de visita en la que la voz cortante de Alaska se dulcifica con la de Berlanga en un curioso contrapeso de gravedad y sensualidad desafortunadamente poco explotado en la formación.

Isis” por su parte aporta la oscuridad ya mencionada y conocida, pero ahora con la intención distinta de seducirnos lentamente a un ritmo pausado que a Alaska se le ajusta como un guante, y en el que se puede decir que canta realmente bien, sabido como es que no es que ello sea precisamente su principal virtud. En “Sólo por hoy” otra vez se mantiene el tono apesadumbrado, suavizado de nuevo por la presencia de Carlos.

Ni tú ni nadie” continúa con la fiesta. Una canción con tanto carácter que es capaz de celebrar por todo lo alto la ruptura de una relación. Envuelta en un ritmo alegre (suspiros bobalicones y repique de campanas incluídos), supone todo un himno glam de supervivencia a lo Gaynor, pero con reminiscencias al revival motown de Hall & Oates. Sus simples, pero a la vez acertadas y precisas observaciones, logran conformar un fiel reflejo de los distintos estados de ánimo por los que se pasa tras un punto y final. Esta citada influencia motown queda aún más patente en “Víctima de un error”, sin embargo, la más floja del disco.

El grupo, poseedor (y sabedor) de una cierta madurez, tiene tiempo de crear una dulce balada, “Falsas costumbres”, que se distancia del resto para, con algo de suficiencia, reflexionar y echar la vista atrás en el tiempo: “Yo mientras tanto seguía pensando en el tiempo perdido en pensar en el tiempo que pierdo”. Pero aún se siente enérgico y joven, y es por ello que en “Un hombre de verdad” continúa con la búsqueda de un ideal adolescente, un imposible que todo el mundo alguna vez ha buscado, una necesidad imperiosa, un instinto animal que rezuma sexo, pero también inocencia y sensualidad. Como en “Deseo carnal” (la canción), un chachachá afrancesado dotado de un elemento nada pop que tan sólo usado con discrección nunca desentona, si, un saxo.

En definitiva, un disco atemporal de un grupo que sin renunciar a su estilo superó la ahora aparentemente infranqueable barrera de lo comercial.

Como curiosidad añadir que para confeccionar la portada, de gran impacto mediático, se rumoreó en su momento hubo un casting al más puro estilo Madonna.

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Comentarios

foto del usuario Antonio Pegamoide
Antonio Pegamoide
27 junio, 2012 at 18:29

No olvidemos que este fue un disco conceptual aunque la banda lo negaba, ya que la idea de la carne se expresaba a cada momento! la idea de comer un cadáver explota en Carne Huesos y tú!

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