portada del disco Décima Víctima

fantasmagoría.

(Del fr. fantasmagorie).

1. f. Arte de representar figuras por medio de una ilusión óptica.

2. f. Ilusión de los sentidos o figuración vana de la inteligencia, desprovista de todo fundamento e inducida por Décima Víctima.

La banda era tan perezosa a la hora de dar conciertos como prolífica en el estudio. Y es que este LP sería el tercer trabajo editado por la formación en 1982. Un disco denso con canciones inmensas, que sin lugar a dudas no hay que pasar por alto: las buenas lo son demasiado y las letras no tienen parangón.

Abre el largo con los ritmos más pausados de Joy Division, "La voz que me persigue" comienza a preparar la atmósfera desapacible con un Carlos Entrena ejerciendo de perfecto anfitrión a tal inquietante evento. El suelo se abre y la instrumental "Más allá del silencio" nos empuja iniciando el descenso hacia un mundo en el que los sentimientos de placer han sido anulados: "Inseguridad" y "Escombros de un triunfo". Hermanas gemelas, lenta agonía y decadente poética. Y si en "Inseguridad" se buscaba otro futuro, en "Otro futuro" mejor no buscar nada que no sea descreimiento, al menos entre los encargados de forjarlo.

En "Almas perdidas" se remonta el vuelo anímico lo necesario para no acometer el anhelado suicidio. Y es que los ritmos trepidantes se echaban en falta, y la instrumental "Hacia la luz" marca el punto de inflexión.

El punto de inflexión que es la tremenda "Fé en ti mismo". Enlodada y regurgitante, cantada desde ultratumba, no sólo nos permite recuper la fé en nosotros mismos, sino en "el placer infinito". Orgásmico ese estallido de guitarras para conseguirlo. "No merece la pena buscar lo perdido / no rechazes el futuro".

Se encadena con "Detrás de la mirada", provista de una cristalino punteo, atinado para dar paso a las reverberantes "Desde el acantilado" y "Hasta el límite". Puro trámite para lo que se avecina: "Decisión". Una sustancia ingerida nos produce una taquicardia inmediata, un sudor frío y un jubileo de sentimientos, en crescendo, cada vez más rápido, cada vez más intenso... para que nuestro cuerpo descosido termine por desfallecer, desvalidos antes tal descarga de adrenalina.

Con un final tan apoteósico como este, ¿quién decide quedarse atrapado en el cenagal? Paradójico para un disco que debe ser escuchado en vinilo polvoriento. Cuanto más sucio, mejor.

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Comentarios

foto del usuario juan quilez lopez
juan quilez lopez
12 septiembre, 2012 at 21:18

sin lugar a dudas, el mejor grupo que ha dado españa en toda su historia

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Rebex QS
19 mayo, 2013 at 18:15

Coincido con lo de arriba. ENORME.

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