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LaFonoteca, Disco: De mi Sangre a tus Cuchillas
portada del disco De mi Sangre a tus Cuchillas

Vuelven los psicorockeros. Tras su sorprendente aparición en el mundo musical, y cuando, los que no eran ya miembros de la secta, aún se encontraban boquiabiertos, llega la segunda parte.

Cuentan que Albaro Arizaleta, con toda su buena intención, andaba buscando a Jodorowsky en la Feria del Libro de Madrid para que le firmara en su libro “La Danza de la Realidad” (Siruela, 2001). “De mi sangre a tus cuchillas”, fue la dedicatoria del chileno al cantante. Ya tenemos el autor, y este es el crimen. Un disco que ahonda en la brecha abierta por su antecesor, que hunde aún más el dedo en la llaga, que está lanzado hacia la profanación total. No es únicamente un homicidio, aquí hay ensañamiento.

Mezclando de forma acertada ritmos aplastantes, potentes, con otros más atmosféricos momentos de calma, sus influencias se disfrazan aunque perduran. Sus letras se recrudecen, y son enviadas a las ondas provenientes del inconsciente colectivo para quedarse aferradas al bulbo raquídeo del oyente.

El disco se abre con un instrumental muy Pixies, y continúa con “Edad legal”, una primera cuchillada directa a la psique. En “El regreso del evangelista”, una irreverencia electrónica que también enlaza con los Pixies más ácidos, y en su música con su álbum “Bossanova” (4AD, 1990), insisten en esa simpleza lírica, en la búsqueda de la esencia de la maldad a través de la palabra.

De nuevo la voz de Arizaleta suena a Almodóvar & McNamara, en una versión del ten-Bo Derek pero en perverso. Llega el necesario respiro con “La perra del hortelano”, con su coro demoníacamente angelical, y sus palmas flamencas, que los relacionan con otro de sus grandes padrinos: los siniestros Gabinete Caligari de su primera época. Vuelven los ochenta más sádicos en la brutal “Lucas 44-48”, una revisión bíblica muy particular; “Gua. Salivaremos. Gua. Como los perros. Gua. Perros calientes. Gua. ¿Paseas al perro? Gua. Nos comeremos. Gua. África entera. Gua. Y eructaremos. Gua. Como señores…”. El sexto corte es de nuevo un tema más pausado, que se inicia con un mantra diabólico y acaba con un rollo electrónico un tanto aburrido, dando paso a “No llores más”, uno de los mejores temas del disco, una canción mágica, una nana que por fin contiene una letra que indica la búsqueda de una salida al mundo apocalíptico e infernal que ellos mismos han creado.

Cantan en inglés en “Pacífico”, tema juguetón y más amable que los demás, y retorna la potencia guitarrera en “Sintentizadores sobre motos y guitarras”. “Floto” es otra de sus fábulas macabras y “La caja de música” nos retrotrae a la infancia, la época en la que el mal, la violencia, el sexo, etc… más nos deja marcados.

El último tema, “¡Aha…!”, con su poesía satánica de cuatro rombos, nos aclara las dudas. Esas imágenes, esos insultos, esos descubrimientos, son los que explotan este grupo en su concepción de las letras. Un paisaje surrealista, asfixiante, un libro del Marqués de Sade, una obra de teatro deAngélica Lidell, un poema de Leopoldo María Panero, un cuadro de Santiago Ydáñez o una escultura de Enrique Marty. Y todas estas vísceras bien envueltas en punk-ambiental.

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