portada del disco Corazón Latino

Poco tiempo después de salir de la academia de OT, llegó al mercado el ya muy esperado álbum debut de David Bisbal. Visto su potencial a lo largo del concurso televisivo, se pretenden explotar aquí todas sus capacidades, que se mueven entre la de sensible baladista y de fogoso artista latino con marcado carácter andaluz. Entre las canciones que inciden en la primera faceta están “Dígale” -que fuese incluida en la banda sonora de la telenovela mexicana “Cuidado Con el Ángel” (Víctor M. Foulloux, 2008)-, en la que un tipo un tanto remilgado manda a un correveidile, al que ridículamente habla de usted, a que cuente sus penares al amor que partió, y “Quiero perderme en tu cuerpo”, mucho más física en sus declaraciones. Especial mención a la que se canta junto a Chenoa, la que por entonces fuera su pareja, “Vuelvo a ti”, en la que se percibe cierto desentono entre ambas voces, casando a duras penas.

De las bailables, que fueron las que dieron más proyección al artista, pues con ellas pudo lucirse con sus ya míticas patadas y bailoteos varios, sobresalen un par que no necesitan presentación, “Ave María” y “Corazón latino”, pero también “Lloraré las penas”, poco más o menos que la tercera en discordia y que, con la llegada de aquel inminente verano, estuvieron hasta en la sopa.

Como estreno, poco más se le podía pedir. Superó largamente el millón de copias vendidas, siendo hoy su álbum mejor acogido. Pero para el oyente ajeno al fenómeno, y no uno cargado de prejuicios, este “Corazón Latino” (Vale Music, 2002), sin ser un mal disco, es ciertamente mejorable. Como se menciona, algunas letras sonrojan por ñoñas, pero también hay cierta planitud en los arreglos y en los muy impersonales coros. Como suele ser costumbre en estos discos, se abusa de las baladas, responsables de romper el ritmo constantemente. Y nada más que achacar, que no es poca cosa.

Siendo justos, podemos ponderar la crítica con sus aciertos, como es la confección a medida de su intérprete, tanto en la medida que se adapta a sus cualidades sin forzarle demasiado pronto en retos interpretativos, ofreciendo así su mejor imagen. En resumen, el álbum que hizo que David Bisbal fuera el auténtico triunfador de OT.

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