portada del disco Contra la Ley de la Gravedad

Desde el inicio de su carrera en el ya lejano EP "Medusa" (Elefant, 1993), Los Planetas han demostrado ser uno de los grupos más inquietos del panorama nacional. No sólo eso, sino que parecen haber trazado su carrera con un plan predeterminado en el que cada disco significase un paso hacia adelante. Los pasos podrían ser errados pero no continuistas. Pasar de la frescura monotemática adolescente de “Super 8” (RCA, 1994), a la dispersión de la búsqueda como banda de pop, y de esta, a la madurez expresiva y musical de “Una Semana en el Motor de un Autobús” (RCA, 1998), para luego destruir el edificio sobre el que se asentaba su carrera y edificarlo de nuevo en “Unidad de Desplazamiento” (RCA, 2000), y más tarde, cuando consiguen ser únicos, enrarecerse y dotar de espesura su propuesta en "Encuentro con Entidades" (RCA, 2002), es un recorrido vertiginoso que había llevado a la banda a ser ella misma sin parecerse en nada a lo que un día fueron.

Existe una ley no escrita en la música en la que, tras tres discos, se impone una reflexión sobre la propia obra. Si se analizan los terceros discos de cada etapa (y sus recopilaciones de sencillos posteriores) podríamos ver a estos terceros discos de ciclo en Los Planetas como puntos de llegada de algún tipo de experimentación. Si en la primera parte de su carrera culminan con la obra que resume toda su voluntad clasicista, de gran banda que sigue la tradición de la historia del rock en "Una Semana en el Motor de un Autobús", la culminación de su segunda etapa viene con el más discutido (y discutible) disco de su trayectoria.

Complejo, disperso, irregular, genial por momentos pero nunca acomodaticio, podemos decir sin miedo que es el peor disco de la banda junto a “Pop” (RCA, 1996)... y que contiene muchos de los mejores momentos de toda su carrera. La violenta conclusión de esta etapa se plantea en términos de concepto (que no conceptuales) con mucha más intensidad que en ninguno de sus otros trabajos: la lucha del artista frente al medio hostil para su creación. Y es que los momentos críticos que pasaba el grupo frente a su discográfica son muy notables (muchas de las fotos de promoción de este disco se las hicieron con J enfundado con la camiseta de Sinnamon, lo que propició no pocas especulaciones de la salida de la banda hacia el sello y promotor barcelonés), y apenas existió una gira, sólo algunos conciertos desperdigados que no quedan para el recuerdo de los aficionados.

Es el disco en el que muchos de sus antiguos fans abandonan a la banda de forma definitiva, incapaces de asimilar que “Una Semana en el Motor de un Autobús” era sólo un paso necesario para alcanzar su plenitud, y no una fórmula exitosa para repetir hasta el desgaste. Es el disco, en definitiva por el que muchos, incluidos gran parte de los medios, dieron por acabado al grupo.

¿Qué ofrece esta culminación de la segunda etapa?. Un sonido nada homogéneo, canciones diversas, una boutade electrónica y un par de temas ya conocidos -“Podría volver”, versión de Bambino que había salido en el homenaje al cantante, y una nueva versión de “Experimentos con gaseosa” que ya había sido editada en el pobre EP “Los Planetas se Disuelven” (RCA / Cañamo, 2003)-.

Si a los grupos, a los artistas, se les conoce en sus triunfos, mucho mejor se les conoce en sus fracasos. Canciones vulgares y cansinas, como la wilsoniana “Deberes y privilegios”, o “Sale el sol”, se entremezclan con algunos de sus típicos himnos como “No ardieras” o “Canción del fin del mundo”.

Culminación de un sonido y una forma de hacer, y guía para lo que podría llegar más adelante, la instrumental “124” daba una pista falsa de su querencia por la música popular de su tierra, que desarrollarían con resultados asombrosos, magistrales en su siguiente disco “La Leyenda del Espacio” (RCA, 2007).

Producto de la propia ceguera de prensa y público, se aparta este trabajo como si careciese de valor, cuando contiene un trío de las mejores y más emocionantes canciones que jamás han compuesto los de Granada, quizá como testamento de una forma de épica emocional de esta segunda etapa, ampliación y mejora de todo cuanto comenzó en el EP “¡Dios Existe!. El Rollo Mesiánico de Los Planetas” (RCA, 1999). Me refiero a las inolvidables “El golpe de gracia”, “Nunca me entero de nada” y la remozada “Experimentos con gaseosa”. Incluso en las derrotas más amargas se consiguen las victorias más dulces.

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Comentarios

foto del usuario Luis
Luis
6 abril, 2011 at 04:51

su peor disco , ya se que cada uno tiene su opinión , pero ver a este disco con las mismas estrellas que el Pop y media estrella menos que Super 8 duele a la vista jeje , es solo mi opinión.

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