portada del disco Chicos Pálidos Para la Máquina

El tiempo transcurrido entre el anterior disco de estudio, y este "Chicos Pálidos Para la Máquina" (Hispavox, 1988) ha servido para que Jorge Martínez madure las ideas que tiene sobre un cambio de sonido de Ilegales. El plan consiste en abrirse a un mayor número de estilos e influencias, y para ello introduce en el grupo a un teclista y a un saxofonista. Con esta banda, efectivamente, el sonido gana en matices y es, en general, más rico, pero lo cierto es que las canciones no están al nivel de sus anteriores entregas.

Así, Ilegales realizan incursiones en el jazz ("Mala suerte", canción llena de humor negro) y en el blues ("Lavadora blues", de un humor parecido al anterior, y una de las primeras composiciones de Jorge Martínez, presente ya en sus primeras maquetas con Madson); en el surf , con la historia de "El fantasma de la autopista" y el pop de los dos singles de éxito, "Al borde" y la excelente historia pacifista "Ángel exterminador"; y el rock rabioso y  garajero de la canción que da título al disco, "Chicos pálidos para la máquina".

Más prescindibles son las canciones surrealistas y de letra más intrascendente, como "Un marciano" o "Tengo una rana metida en una lata", el medio tiempo más elaborado "En el pasado", o la incursión en el terreno de Chris Isaak, "Cara al peligro".

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