portada del disco Cançons Tradicionals

El segundo álbum de Joan Manuel Serrat, “Cançons Tradicionals” (Edigsa, 1968), fue un disco reivindicativo. Pero no hablamos en términos políticos, sino reivindicativo del cancionero popular, ese que ha perdurado pasando de padres a hijos por el boca a boca. Serrat toma canciones del folclore tradicional que han arraigado en Catalunya para volver a darlas a conocer. En su elección se aleja de elecciones difíciles ya que escoge temas bastante reconocibles.

Curiosamente a la vez que el Nano graba este sentido homenaje al folclore catalán, sale una campaña de críticas desde la misma Catalunya por su decisión a cantar en castellano y representar a España en el festival de Eurovisión. Por culpa de esto el sello Edigsa decide retrasar un año la salida del disco. Pasado ese tiempo y después del affaire eurovisivo, a la salida del álbum, los que antes le criticaban ahora le reivindican como ejemplo para un pueblo; mientras que en el resto del país se le abuchea en los conciertos y se queman sus discos.

Nos encontramos con la primera vez que Serrat se enfrenta a un cancionero que no ha sido escrito por él mismo. Con el tiempo llegarán los de Antonio Machado, Miguel Hernández o Mario Benedetti. Pero lejos de darles una visión serratiana como sí ocurrirá con estos últimos, el barcelonés los conserva casi como fueron grabados como si quisiera no desvirtuarlos.

Las canciones podemos dividirlas en tres bloques dependiendo de su temática. La primera está dedicada a los romances históricos. La delicada “El testament d’Amèlia” abre el disco en la que nos cuenta la historia de una princesa con mal de amores porque su marido le es infiel con su madre. La leyenda dice que es Mafalda de Barcelona, hija de Dulce de Provenza y Ramón Berenguer III. Después con paso marcial avanza “La presó del rei de França”, donde se recoge la detención de Francisco I de Francia a manos de Carlos I de España tras la batalla de Pavía, poniéndonos en la posición del rey preso y su desesperación al verse retenido.

Los otros dos romances históricos son “La dama d’Aragó” que trata de una preciosa princesa y del destino fatal de los que caigan enamorados de ella; y “El comte Arnau”, personaje legendario y mítico catalán que debido a su pecaminosa vida es condenado a cabalgar durante toda la eternidad como alma en pena sobre un caballo negro al que le salen llamas por la boca y los ojos.

La segunda parte son para las tonadas populares con moraleja incluida. Así tenemos a ese “L’estudiant de Vic” que se enamora de una viuda a la vez que ejerce el sacerdocio. Finalmente se da a la fuga al dejar embarazada a la viuda y es que como dicen “Nines que veniu al món, no us fieu de gent de llibres”. Las otras son “La cançó del lladre”, la canción de bandidos más cantada y con una melodía bastante harmoniosa. En ella muestra el arrepentimiento del ladrón a punto de acabar en la horca. Un arrepentimiento que también veremos en “La presó de Lleida”, emotivo tema cantado por dichos presos que intentan conmover a la hija del barón para liberarles. Al final encontrarán dicha liberación, pero en la horca.

El último bloque son los dedicados a la gente del campo. Al contrario que el resto de temas incluidos, tienen un ritmo más alegre y vivaz. Así nos encontramos con “Cançó de batre”, donde Serrat canta a capela, y “El ball de la civada”. Como curiosidad decir que este último tema fue con el que fue recibido del exilio Joan Manuel Serrat.

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