portada del disco Canciones Nuevas

El futuro musical de Manolo Tena había estado sumido en oleadas de inquietud e incertidumbre desde "Juego Para Dos" (Epic, 1997). Ni los grandes éxitos, ni los escurridizos "Poeta en Nueva York" (Placer de Caños, 1998) o el misterioso y difuso "Insólito" (Kripton, 2000) acaban de aclarar su continuidad. Lo cierto es que en esta impresión errónea convergen la dificultad o mutación que sufre su música tanto en distribución, como en dirección... Tampoco el tenue "Basikamente" (Sum, 2003) sirvió para espolear las dudas de sus seguidores, ¿una despedida? ¿los últimos estertores? ¿El colofón a una carrera truncada? Tan sólo dos hechos habían contrarrestado estas suposiciones: la gira por locales pequeños con el slogan de "Mis canciones para otros", donde había colado nuevos temas -entre ellos el ya legendario "Cuando llegue Septiembre"- y la grabación en 2002 junto a la Vargas Blues Band del "No te rindas", que incluso apareció en TVE.

Total, que estamos de enhorabuena, porque le pese a quien le pese, sigue habiendo Manolo Tena más allá del 92 y con canciones sin estrenar, recién salidas del horno. El propio cantante confiesa que el título nació por las continuas demandas de sus fans que le espetaban por la calle: "Macho, ¿para cuándo canciones nuevas?". Y por fin calentitas ya las tenemos: "Canciones Nuevas" (Warner, 2008), es un álbum que contiene todos los Tenas que hemos ido conociendo a lo largo de este biopic musical: tenemos el Tena solidario, el Tena rockero alarmante, el Tena trovador de historias ingeniosas, el Tena caribeño-cubano-bolero, a veces más acertado, otras nada; el Tena experimentador que ahora lidia incluso con el flamenco, el Tena mirando de cerca su "Sangre Española" (Epic, 1992). Y esto es, precisamente, lo que mejor define este LP: "Todo Tena". Quizá falte el Tena cantante crooner, pero no hay que abusar.

Se desarrolla así una cierta bipolaridad entre lo que nos ofrece cambio y lo que sigue ralentizando erratismo, reiteración e inseguridad. Pero no preocuparse, porque acaba sobresaliendo todo aquello que sabe a nuevo, original, creativo en detrimento de los fantasmas del 97 y el 92; y, sinceramente, es gratificante y lo que es más importante, deja claro que vamos a tener Manolo Tena para un buen rato.

"Flores" abre el surco con un Manolo mirando de cerca los terribles acontecimientos del 11-S. Aun admitiendo su efectividad, su buen sabor, este tema tampoco es para echarse flores, a veces parece forzado y la música, algo parca, nos recuerda a otros entrantes como el también empático "Tierra salvaje". Simplemente un comienzo agradable y una constatación de regreso.

Mucho mejor es el ácido y potente "Cuando yo eche a volar", esta suerte de reggae funk que devuelve al autor a sus méritos. Se palpa aquí ya las buenas elecciones del productor Juan Belmonte, que al principio no inspiraba mucha confianza pero que se ha ganado con razón un puesto de renombre en el libreto. Un tema muy disfrutable, vivido, una reivindicación del do it by yourself contra todo y contra todos regado con los mejores coros y unas cuidadas programaciones.

"Jugar con fuego" es una declaración de amor nada velada a sus años rockers, de hecho parece que es un tema rescatado del año 85 con alarma programada, sin duda otro de los lúgubres temas del nunca parido tercer LP. La canción se mueve con muchísima habilidad en ese taimado territorio que divide el pop y el rock. Lo que sobra es este monotema ya tan tediosamente Tena de la superstición, las cartas y todos sus derivados que, sinceramente, el madrileño ha llevado hasta la extenuación.

Irrumpe la equilibrada "Caliente y frío", y volvemos a engancharnos, prueba viva de por qué Tena es uno de los mejores alquimistas románticos de este país es ésta deliciosa canción. Con muy poco nos lleva, nos sucumbe, nos menea, lo sentimos, lo elevamos... esa trompeta de Manuel Machado es brutal. Deliciosa, se deshace en la boca, ni frío, ni calor, la temperatura exacta.

A partir de "Detrás de ti" la cosa empieza a torcerse. Sin poner en duda la simpatía de este corte, por mucho que se esfuerce Manolo este reggae sabrosón no le pega y en su cauce resulta reiterativo, anodino y vulgar. Esto nos retrotrae ciertos episodios del malogrado "Juego Para Dos" y resta puntos al conjunto final. Con las mismas se nos muestra "Tu boca y mi sed", a pesar de su espectacular tratamiento de los vientos no llega nunca a funcionar, resulta repetitiva y la interpretación vocal está muy lejos del aprobado, antojándose como un aborto más en la linea del anterior. Ni su son cubano, ni sus hallazgos llegan a retener al oyente, que prefiere pasar rápidamente. Sólo "Tu nombre" disuade esta angustia y logra auparnos de nuevo para degustar sin prejuicios uno de los mejores descubrimientos de este LP, la guitarra española, la suavidad, la sabiduría, el tempo adecuado, la voz superviviente de Tena... más que perfecto, redondo. Un hit con todos sus requisitos.

En otras latitudes pero con la misma grandiosidad, "No te rindas" vapulea cualquier atisbo de pasados para instalarnos en la rugosidad, en la protesta, en las lindes de la hechicería. Sin duda nos alarma y nos sacude. Hay que creer, hay que persistir, hay que salir herido pero nunca claudicar... Rock profético, rock encadenado. David Montes hace los coros, y parece que Manolo se reconcilie con su pasado más incomprendido e insista en votarse a sí mismo, caiga quien caiga, y hace muy bien.

Resulta molesto que después de este subidón aparezca esta especie de "Sangre Española II" que es "Sa gitana" y lo enturbie todo. Dejando de lado la carga sentimental que se hace patente con la dedicatoria, este tema nos evoca una mueca y aún contando con sus virtudes, los conceptos están demasiado visibles como para que merezca la pena detenerse. Una travesura adolescente de prolongar los efectos hipnóticos de su hermano mayor que nos tomamos con humor.

Todo lo contrario es "Aurelio", primera colaboración conocida entre los hermanos que es genial y que recupera al Manolo contador de historias increíbles. Sin ser nada del otro mundo funciona muy bien y saca más de una sonrisa -y algún que otro bailoteo-. "Nana para Manuela" nos regala un Manolo flamenco con mucho corazón y quejío, un homenaje muy hermoso a su hija, con unos versos desnudos que no requieren ayuda de ningun tipo, ajustándose lo máximo posible a los parámetros del cante.

Nos vamos con "El vaso de tu amor", que nos confirma la capacidad de Santos, músico y colaborador de Manolo, para pincelar y vestir con muchísima belleza las inquietudes de este poeta. Una canción como deconstruida, a pedazos, en la que el desamor es el vehículo. Manolo coge bien la despedida y mata de un solo embiste; hay percusiones amontonadas, pequeños rasgueos de guitarra, una cierta épica que confirma la supervivencia de nuestro madrileño de Lavapiés que aquí sigue, como siempre en su propia guerra, en una lucha que nunca tuvo visos de comercialidad o publicidad que ha ganado y perdido varias veces sin abandonar nunca la esperanza.

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