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LaFonoteca, Disco: Canciones de Temporada
portada del disco Canciones de Temporada

Un tanto tardío y ya con el grupo en trance de separación, este “Canciones de Temporada” (Elefant, 2002) llega a destiempo. Sin duda ambicioso en los planteamientos, se trata de una especie de obra conceptual en la que el paso de las estaciones en el calendario marca el paso del tiempo en el amor. Nada novedoso por otra parte. Dividido en dos secciones separadas por inofensivos y anecdóticos instrumentales, como si en Flor de Pasión estuviésemos, la primera es más festiva, una pequeña celebración del amor, y es en la que se encuentra lo más valioso del disco.

El comienzo es pletórico. “Amor cúbico” retrotrae al soul vibrante de Motown o Stax y a la vez a la música yeye con unos coros irresistibles y un guiño a “Chas y aparezco a tu lado” del excelente primer disco de Alex & Christina. La mejor canción de todo el disco. Una nueva (y empeorada) versión de “Por las tardes”, canción incluida en su anterior EP "Topolino" (Elefant, 2000), con una forzada reinterpretación de bossa de manual, evidencia una de las mayores lacras del disco: buscar esos aires brasileños como si tratase de darle un toque distintivo, consiguiendo únicamente esconder la personalidad del grupo, vulgarizando el resultado global, porque jamás encuentran en ese sonido una voz propia. Un nuevo ejemplo palmario de esto es “Tan frágil”, que parece hecha con el libro de estilo delante. Las tiernas “Parasol” e “Inés” (otro de los puntos principales del álbum) van desgranando la historia dentro de la parte más soleada.

Tras el brevísimo solsticio de verano, comienza la segunda y más floja parte del disco. Se acentúa el aire brasileño de pega, la voz de Silvia se fuerza hasta límites que a veces la vuelven un poco irritante -como en “Septiembre”-. El disco discurre sin sorpresas, plácido, pero falto de garra, y además ahogado en la pulcrísima producción de Ian Catt, responsable del sonido de Saint Ettiene o del segundo disco de Nosoträsh. Todo parece demasiado pensado, demasiado medido, sin margen a la inventiva.

Ayudados en las percusiones por Eric de Los Planetas, y por Guille de Ellos en las guitarras, el disco es a la vez debut y epílogo de una prometedora carrera truncada por asuntos personales y, quizá también, musicales, debido a otros nuevos horizontes que Roberto se dedicaría a investigar en su siguiente proyecto, Uke.

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