portada del disco Califas del Rock

Decepcionante trabajo de Mezquita, que sucumbió a ese síndrome del segundo disco, enfermedad habitual en numerosos grupos de todas las épocas. Entendámonos, no es un trabajo mal interpretado; simplemente no está a la altura de su magnífico y creativo “Recuerdos de mi Tierra” (Chapa, 1979). Esta circunstancia, unida a la eclosión de La Movida, dio al traste con las planes de continuidad de una banda a la que sus seguidores comenzaban a volverle la espalda.

“Califas del Rock” (Chapa, 1981) nos plantea un hard rock en el que cada vez hay menos referencias a la música arábiga o andaluza, omnipresentes en su famoso disco anterior. Los temas suenan, en general, excesivamente parecidos unos a otros y no contiene elementos originales ni en las composiciones, ni en la instrumentación.

“Cuentos árabes” es un rock directo y machacón sobre el que canta la voz rota de Randy López. Marca la línea del resto del album con acompañamientos pesados, a veces barrocos, y esa voz aflamencada del cantante. En la misma línea, encontramos el segundo corte: “Así soy yo” que incluye una intervención de saxo, contestando a solos anteriores de teclados y guitarra. Fue el tema más conocido de este LP al formar parte de los dos singles que se extrajeron de él.

Los teclados hacen fluir las “Aguas del Guadalquivir”, un tema muy bien interpretado por el cantante, un solo de guitarra muy de la época progresiva y una percusión bien trabajada. Lo considero personalmente el mejor tema del album con diferencia.

Un pregón lúdico arranca “La juerga final”, un buen tema de curiosa letra que nos conmina a corrernos una postrera juerga, igual a la del protagonista de la canción. Al final happy end que nos muestra las propiedades salutíferas y curativas de las jaranas nocturnas.

Poco que destacar en las cuatro canciones que ocupan la cara B del vinilo. Hard rock con tintes vulgares, ritmos machacones y la voz de Randy y los solos de Roscka y José Rafa intentando salvar lo insalvable de unas composiciones parecidas entre ellas y huérfanas de inspiración. Si tengo que quedarme con alguna de estas canciones, escojo “La resaca del amanecer”, un tema que bien podría entrar dentro de los parámetros pop rock con unos arreglos instrumentales bien currados y que nos enseña una cara poco conocida de la banda, que aquí se aleja de sus habituales caminos sonoros.

En la contraportada del disco aparece este comentario escrito por los propios miembros de la banda: “Cuando el califa canta es que arde su corazón y su garganta. Cuando el califa toca, es su sangre al rojo vivo que quiere desbocarse en sus venas”.

Poco después de la grabación de este LP, Randy López abandonará el grupo para ocuparse del bajo en Medina Azahara. Esto supondría el tiro de gracia para las aspiraciones de Mezquita, una banda hoy poco recordada, pero dueños de uno de los mejores momentos de la música de finales de los 70 en España.

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