portada del disco Bulldog

Para este LP Bulldog grabó nueve  temas propios, dos versiones: una del célebre "Yakety Yak" de The Coasters, que ellos rebautizaron “Déjame en paz” y otra del menos conocido "Teenage Boogie", de Webb Pierce, único número cantado en inglés. Completaron la docena de canciones con la imprescindible “Manolita Gómez”, que tan bien se había comportado en meses anteriores. La grabación se realizó en los estudios Doublewtronics, de Madrid, con el ingeniero Jesús Gómez.

Las letras podían haber hablado de Cadillacs, Harleys, bronceadas chicas de playa californiana y musculosos surfers; pero, a diferencia de otros grupos del estilo, Bulldog nos contó historias de Seat 600, vendedoras del mercado de su barrio, teléfonos averiados y hospitales tan inequívocamente madrileños como el Piramidón. Esos paisajes cotidianos conforman un rockabilly castizo, estilo que nació y murió con estos irrepetibles Bulldog.

La canción más conocida de este álbum es la que abre su cara A. El “Rock del 600” construida sobre un ritmo tópico destaca por la muy buena interpretación del cantante Josele Marín y el largo discurso de la guitarra de Tony. El secreto de este tema radica en la excelente adecuación de la letra en castellano a un ritmo genuinamente norteamericano, que logra una cercanía casi cotidiana al oyente. Un tema bien sencillo ¿Quién dijo que para hacer una buena canción había que meterse en complicaciones?

La mayor parte de las letras tratan de amores escasamente correspondidos por la chica de turno y las tribulaciones que ese desprecio causa en el compungido cantante, en bastantes ocasiones consolado por su coro de amigos. Buenos ejemplos de esto son canciones como el resignado “Comunicando” o el más amenazador “Si te vas con él, habrá follón”.

Musicalmente, corresponden al 4/4 clásico de cualquier rock con punteos de guitarra que rompen la monotonía del ritmo. Resumiendo, rock and roll sin sofisticaciones. Tal vez la única excepción podamos encontrarla en el ritmo de blues de “Cicuta, hielo y ron”.

En “Escucha, nena” el grupo, y especialmente su batería y percusionista Jorge Ortuño, recrean el clima tan especial de un pionero como Bo Didley y “Látigo” cierra el LP con un instrumental bien logrado en el que la guitarra de Tony Luz nos acerca aromas de clásicos del instrumento como Duanne Eddy.

Un álbum de escucha obligada para los aficionados y curiosos del rock en español y que un cuarto de siglo después de su grabación conserva el mismo sabor que si acabase de salir del horno.

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