portada del disco Buenas Noches Rose

El álbum debut de Buenas Noches Rose es también conocido como "Lisergia" por el comic que llevaba en el interior. Se trata de un disco de rock de corte clásico, stoniano, de temática directa, adolescente, rebelde, sincera y hormonal, del que se vendieron unas 7000 copias. Fue grabado en Le Dune (Rávena) por Ludovicus Cerone, un tipo que estaba acostumbrado a grabar discos de canción melódica mediterránea y que, cuando vio aparecer a los cinco melenudos con su sonido rocanrrolero, pensaría qué hacer con ellos. La extraña mezcla no salió mal del todo, sin embargo. Son doce canciones y un bonus que reflejan cuál era el sonido del grupo en aquel momento, sin trampa ni cartón, sin demasiados artificios ni producción. Un disco directo y crudo, como la letra de sus canciones.

De "Buenas Noches Rose" (Madison, 1995) se extrajeron dos singles. El primero de ellos, titulado también "Buenas Noches Rose", fue el escaparate de la banda. La introducción del tema, cantada por una párbula Elisa Pinilla -Tess- hizo que cayese en gracia entre muchos radioyentes. Se grabó un videoclip tanto de este como de "Sentado en el barro", que se distribuyeron por distintas televisiones, y la fama de la banda empezó a aumentar, haciendo una gira con Los 40 Principales y apareciendo en un disco recopilatorio de Coca-Cola. Además, "La leyenda del lobo cantor" apareció en la BSO de la película "Territorio Comanche" (1997), con guión de Pérez Reverte y dirección de Gerardo Herrero. Pero eso ya son otras historias.

En lo estrictamente musical podemos destacar el tema que lo abre, inspirado en la novela del mismo nombre de George Stone, hablando de la libertad de los animales, temática que se repite en "La granja". Su posición anárquica y macarra ante la vida se refleja en "Buenas Noches Rose", "Los chicos del coro", "Sentado en el barro". La parte sentimental también tiene cabida en la poética "Del mismo modo", al igual que el desamor en "Diez palabras de amor". Su vertiente fumeta también tiene un papel destacado en este trabajo, en "Flor de espinas", "El duende del fuego" o "Hablando con las plantas".

En definitiva, un disco de adolescencia que sirvió, principalmente, para dar un poco de aire fresco en el aburrido panorama musical comercial de mediados de los 90, dominado por el baladismo y las canciones vacías. A nivel sonoro, es un disco en el que, a pesar de las limitaciones en la grabación anteriormente comentadas, consigue tener medianamente conseguido el sonido crudo de la distorsión de las guitarras, que se entremezclan en estupendas melodías. La parte rítmica es contundente, uno de los sellos de la banda fue la solidez que demostraban bajo y batería (Juampa Otero y Rober Aracil respectivamente), que rellenaban todos los huecos que las juguetonas guitarras de Alfa Fernández y Rubén Pozo dejaban. La guinda a todo aquello la ponía la desgarrada voz de Jordi Skywalker, quien sin duda, impartía lecciones en la forma de interpretar y cantar en lo alto de un escenario. "Buenas Noches Rose", un buen álbum debut, del que no debemos esperar virtuosismo, pero si frescura y visceralidad.

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