portada del disco Brossa d'Ahir

En la primavera de 1977, el grupo entra el Banana Moon Observatory, el estudio de cuatro pistas que tenía en la azotea de su casa de Deia, en la isla de Mallorca, el músico Daevid Allen, ex-componente de Soft Machine y líder de Gong, quien les produciría el disco, colaborando al bajo en un par de temas del mismo. Contaban también con otros invitados de lujo, como Pau Riba, que se encargaría, junto a Pep Laguarda, de la dirección artística del disco, Xavier Riba, Milan & Bibiloni o Tico Balanza.

El resultado es “Brossa d’Ahir” (Ocre- Belter, 1977), un disco único considerado la obra maestra del folk hippie melódico mediterráneo en el que, a pesar de que se trata de transmitir una atmósfera de felicidad, paz e improvisación -y se consigue-, sus composiciones están muy trabajadas, y la combinación de instrumentos acústicos, muy folk, y eléctricos, más progresivos, es tan excelente como creativa, perfectamente adaptada a las voces y a la incorporación de sonidos de la Naturaleza (pájaros, grillos, el viento, el mar).

Se trata, por tanto, de un disco muy fresco, como si hubiera sido grabado hoy mismo, cálido, que transmite calma, armonía y serenidad en sus seis composiciones, en las que la variada instrumentación, sobre todo guitarras, violín, harmónica y percusión, las voces y los sonidos de la Naturaleza, nos trasladan en cada momento a la orilla del mar, al campo, al pueblo a orillas del Mediterráneo, con toda naturalidad, sin caer en la cursilería o la autocomplacencia. Un disco folk, con sabor mediterráneo en ritmos, voces y hasta en melodías, incorporando incluso canciones tradicionales como en “La balada de l’àngel bru”, cuya música está inspirada en un viejo cántico típico de los siete domingos de San José en la vieja Iglesia de Rafelbunyol.

Folk, pero sin sonar antiguo, la música parte de la tradición, pero hay también ecos de cantautores como Nick Drake, Donovan, Vashti Bunyan o el mismo Bob Dylan; psicodelia, blues, rock progresivo y sinfónico; influencias de la música laietana, Iceberg, Música Dispersa; Sisa, Pau Riba, o cantautores mediterráneos como Lluis Llach.

Destaca el disco desde su comienzo, con “Alceu-vos, xe, que ja és de dia/sent”, que empieza con un silencio, en el que, poco a poco, va apareciendo el cántico de pájaros, una guitarra acústica, los coros, el ritmo de los bongos, y la voz suave de Pep Laguarda acompañada de una bonita melodía. Amanece en el Mediterráneo, y casi podemos sentir la brisa del mar en la cara mientras la escuchamos.

Un gran disco, romántico, cálido y mágico, en el que todo es armonía y uno de los más cotizados en el mercado coleccionista, dada las pocas copias que de él se hicieron, totalmente al margen de la industria comercial musical.

Si Devendra Banhart lo escuchase, tal vez descubriría, por fin, ese sonido que lleva tanto tiempo buscando.

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