foto del grupo Bilboko Gaztetxean

Verdadero debut de M.C.D., a pesar de que un año antes la banda compartió con otros cinco grupos (Danba, BAP!!, Ultimatum, Porkeria T y Zer Bizio?) el larga duración “Condenados a Luchar” (Discos Suicidas, 1986). Puede resultar por ello curioso que el formato elegido para ello sea precisamente un directo, aunque se tratase, ni más ni menos, del gaztetxe de su querido Bilbao. El grupo encaró la grabación de este trabajo con cierta urgencia, movidos por la necesidad de editar de una vez temas compuestos varios años antes. “Puta cerda” y “Bilbao, Mierda y Rock & Roll” eran de 1979, y “No hay libertad de expresión” y “M.C.D.” de 1980.

A pesar de que acababan de salir de una polémica con Discos Suicidas, la compañía discográfica que les editó el mencionado disco compartido, por haberles acelerado los temas grabados (mantenían que el grupo tocaba demasiado lento para lo que se espera de una banda punk), Bernardo, hermano de Niko y batería que les ayudó hasta la llegada de Jimi, impuso en los ensayos preparatorios la utilización de un metrónomo para evitar que el grupo se acelerase al tocar en este directo. De hecho, a toro pasado, en el entorno de la banda existe la sensación de que finalmente parecen tocar con el freno de mano puesto. Además, una inundación en el estudio de grabación (Pan Pot) malogró parte del material registrado, con lo que hubo que prescindir de varios temas, o arreglar con nuevas grabaciones algunos otros. Pero a pesar de todo ello, el disco pasa por ser un clásico del género de aquellos años. Los doce temas que contiene pueden estar, casi con toda seguridad, entre los favoritos de los seguidores de la banda.

Portada con caricatura (sonrisa macabra incluida) de la estatua situada en la bilbaína Plaza Circular de Don Diego López de Haro, señor de Vizcaya con la carta fundacional de la villa en la mano. La contraportada, presidida a su vez por fotografía impagable del grupo en directo, con Rockan aferrado al micro y piernas abiertas en compás, ante un público en el que destacan crestas mohicanas de los punkies de primera fila. Documento gráfico de primera de cualquier guía sobre el rock de la época en el País Vasco. Aunque el diseño de la portada y contraportada se asigna en la información de la carpeta del vinilo al grupo, en la hoja con las letras de las canciones aparece el nombre de Niko como responsable de los dibujos que acompañan a cada una de ellas. Su habilidad en lo que se refiere a estas cuestiones gráficas le convertirá, años después, en responsable de los diseños de trabajos de otras bandas, como La Polla Records.

El disco empieza con uno de los temas más representativos de M.C.D.: “No más punkies muertos”. Con un riff remolón de comienzo que avanza amenazador, y el público entregado de entrada coreando el estribillo, la canción consigue pronto un ritmo arrebatador. Difícil no rendirse a ella, a la nostalgia por tiempos mejores para las bandas de punks. Como ya se preguntaban los Slaughter and the Dogs en el 1979, “Where have all the bootboys gone”.

Puta cerda” le da duro a lo camaleónico de los que tratan de adaptarse a la moda imperante. A imposturas de este tipo ya habían cantado La Polla Records, cuando se metían con los “punkies de postal” (“Muy punk”) o Altos Hornos de Vizcaya cuando compusieron “La danza del camaleón”. A M.C.D. sin embargo, el hacer tan explícitos sus insultos al sector femenino de la fauna que se disfraza, les valió la protesta de un grupo de chicas de la Asamblea Feminista, que acusándoles de machistas, amenazaron con reventarles un concierto en el gaztetxe de Bilbao, si tocaban ese tema. En lo que parecía un gesto de cesión el grupo la tocó cambiando el estribillo por “Puto cerdo”. Eso sí, una vez terminada, volvieron a la carga con la versión original.  

Es un disco cargado de crítica social, contestataria y de revuelta contra nuestro día a día. Quizás sea el disco de M.C.D. en el que el grupo se centra en este tipo de cuestiones, dejando a un lado la vertiente más festiva, callejera y de canto al cerveceo de bares presente en otros trabajos. Así “Ruido de sables”, “Pánico en las calles” (que termina raspando por sus guitarras chirriantes) y “Terrorista”, constituyen una auténtica batería en contra de militares, guardia civil y policías nacionales. La última, de las más directas y logradas, se encarga precisamente de abrir la segunda cara del disco.

Violencia macarra”, “35 millones de borregos” y “Squatters”, el himno a favor de la ocupación, se encargan de la parte más social, la de la calle; “M.C.D.” no es una autodedicatoria como se hiciera por ejemplo Cicatriz, sino una excusa para dar rienda suelta al anticlericalismo de la banda a ritmo de guitarras sucias. “Bilbao, mierda, Rock and Roll” es el canto bastardo, punk a mil por hora a su ciudad del alma. El único tema en euskera, “Popatik Hartzera”, es el punto de política exterior, para mandar, en castellano y hablando en plata, “a tomar por culo” a los dos bloques internacionales de la época de la guerra fría.

Finalmente “No hay libertad de expresión” es una versión del “Stepping stone”, no de Sex Pistols, como anuncia Rockan en la grabación, sino de The Monkees como se especifica en la información del interior del disco. Aunque está claro que lo que realmente inspiró a M.C.D. fue el cómo la tocaba la mítica banda punk inglesa.

Aunque Joakin aparece como autor de la música de “Pánico en las calles”, Rokan y Niko se reparten la composición de letras y/o música del resto de composiciones. Finalmente, en el capítulo de agradecimientos, recuerdo para los hermanos Karmelo Maclaren, Loles (por su tarea de afina guitarras) e incluso Bernardo, que aunque aparece como batería, se le reconoce la ayuda con dicho instrumento. De hecho, hay mención al que era entonces, nuevo en ese puesto, Jimmy. Otro colega que había ayudado, Virgi, también aparece. Y como grupos amigos, RIP y Cicatriz, casi nada.

Un disco enorme. Clave para hacerse una idea de aquellos maravillosos años.

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