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LaFonoteca, Disco: Azahar
portada del disco Azahar

La incorporación del batería Willy Rodríguez de Trujillo, que procedía del grupo sevillano Manantial y del teclista Manolo Manrique, muy influenciado por grupos como Triana, configuran el sonido de este segundo álbum de Azahar dentro de lo que se llamó rock sinfónico andaluz.

Vuelven temas recurrentes a las sustancias volátiles en la letra de “El mago Acidote” y el cantante Dick Zappala se empeña de nuevo en imitar el acento andaluz sin ser hablante de esta procedencia, con consecuencias lamentables para su dicción y para nuestro oído, que apenas puede entender el contenido de las letras de las canciones.

El disco se estructura como un viaje de ida y vuelta a Ketama. La primera y la última pista del LP enmarcan dicho viaje en dos discursos instrumentales. El primero es un tema cortado por el patrón del duro rock progresivo, mientras que el último se remansa en efectistas teclados que especulan con una amplia gama de sonidos sobre un monótono ritmo automático e invariable.

En ese imaginario viaje a Ketama, el oyente-viajero va a vivir una serie de experiencias en las distintas estaciones por las que va a transitar. Va a encontrarse primero entre campos de frutales llenos de vivos colores y ritmos. Melodía tópicamente andaluza para “La naranja y el limón”. En la segunda parada, sin abandonar los sones andaluces, se nos va a hacer de noche. Misterio de surtidores en el piano, arabescos de guitarra eléctrica y un cantante gritón que no nos convence demasiado, a pesar de lucir una voz plena de facultades.

En “Zahira” la guitarra flamenca se funde con un teclado arábigo en este particular cruce del estrecho. Un solo de guitarra eléctrica preludia el amanecer, luchando por desbancar al rasgueo de flamenco y las castañuelas de la zambra nocturna. Un tema instrumental alegre y bien construido.

Las “Bulerías de lujo” no son otra cosa que un solo de batería y percusión de más de dos minutos que, a pesar de estar muy bien interpretado, encontramos absolutamente fuera de lugar respecto al resto del contenido del disco. “El mago Acidote”, por su parte, nos plantea otra clase de viaje con numerosos cambios de ritmo y ambientes sonoros. Es un interesante tema con momentos bien logrados, aunque tal vez demasiado largo y confuso para quien lo escucha por primera vez.

Cargado de referencias arábigas dentro de un esquema de rock progresivo se presenta “Aire y fuego” que nos muestra un Azahar seguidor a pies juntillas de los postulados estilísticos del rock andaluz.

El disco fue grabado también en los estudios Sonoland, de Madrid con el mismo equipo técnico, dirigido por el ingeniero Ángel Gil.

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