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LaFonoteca, Disco: Anunciado en T.V.
foto del grupo Anunciado en T.V.

La segunda entrega de Piolines vino ya editada en la escudería Munster. Preparadas en sesiones diferentes, las veinte canciones que se incluyeron en este trabajo también tuvieron salida en dos formatos diferentes. Por un lado los temas registrados en el primer paso por el estudio que llevaba Ángel Álvarez con Javier Almendral en el número 7 de la calle Génova, se editaron en dos EPs bajo el título de "Anunciado en T.V." (Munster, 1995).

Pero en una operación de dudosa eficacia comercial, las tomas que de estas mismas canciones se hicieran poco después en la maqueta que se envió a Bill Bartell, miembro de White Flag y responsable de Gasatanka Records, vieron la luz como CD como "No Quiero Pensar" (Munster, 1995).

Tan sólo un año separa este disco de su debut en "¡Viva la Quimioterapia!" (Dígaselo con Flores, 1994), y sin embargo se trata de dos mundos aparte. Superada con nota la cuestión de la calidad del sonido (gracias a una sobrecarga de guitarras por doquier), se prima la vertiente más dura a costa de las entregas con coros en apoyo melódico, se apuesta (casi) decididamente por el español, y comienzan a aparecer, como adorno y argamasa de las canciones, efectos musicales y de electrónica cacharril variados.

Lo curioso del caso es que Piolines parecen jugar al despite; son capaces de desarrollar un esfuerzo camaleónico para adoptar las opciones más diversas (rock clásico al estilo psychobilly, punk duro de corte escandinavo, grunge, punk-rock malasañero...) en aparente tono de mofa y si no fuera por la inclusión de algún detalle que les delate en el último momento, cualquiera de los tonos adoptados pasaría sin problema la evaluación del crítico especializado más exigente. Es Pústula la que no parece participar del juego. Los temas que canta ella pasan por creibles rodajas de punk sin muchas concesiones.

Abren la puesta en el nido en el primer EP con "Huevosaurio", casi un minuto de intro instrumental con gritos abriendo plaza con Pustula oficiando al micrófono. En "Patos" -reparto de "tripis" entre los ánades de Madrid (¿del Retiro quizás?)- o con los experimentos en la voz "Minimania", un auténtico torpedo de intensidad por otro lado. En una cara muy bien equilibrada es esta última la que quizás sobresalga con claridad sobre la planeadora "No todo lo que grunge es fiera", que no parece sorna para con el estilo norteamericano, aguas por las que incluso parece navegar la rocosa "Yellow fever".

La cara B de este primer disco "Atari" y la A del siguiente, "Drácula", tienen cuerpo de rock sucio, de psychobilly. Pero realmente donde despuntan es en el punk correoso de un clásico como "La hormiguita punk", la que sale a la calle con su canesú, o la de voz de vaquero de "I'm a winner". La marcianada se la cobran a costa del "When the saints go marching in", tema muy dado a las versiones, y que personalmente disfruto viendo cómo hacen papilla en "Guachisnai". Me atrevería a catalogarla como la más floja de las cuatro partes en las que dividieron el disco.

Hay algo de hilo conductor en los temas de la cara C (el comienzo del segundo EP). Algo que quizás una al "tributo" a Kike Turmix, la "necesidad" de un ranking de conciencia punk y un breve recordatorio a aquel "El Jevi no es violencia" que clavaron para siempre como un tema bandera en su primer trabajo. De alguna manera Piolines, junto a otros compañeros de viaje como Capitán Entresijos o Webelos, tuvieron algo de reacción al punk-rock rocoso, con exceso de músculo y testosterona que se desarrollaba en los 90. Probablemente Kike Turmix se contaba entre los paladines de todo aquello y por ello recibió rendido homenaje en el disco. Lo cierto es que "I wanna be Kike Turmix" es un temazo, eructos incluidos.

Otro de los zarpazos va dirigido a las huestes del indie-pop, del noise vertebrados en este caso por la figura de Julio Ruiz y su Disco Grande, el programa de Radio 3. El grupo hablaba del daño infrigido por estos compañeros de habitat musical de los 90 y aquí se despachan con un jocoso experimento planeador. Y en el fondo la acertadísima "No quiero pensar"  o "Megan" que cierran respectivamente la cara B y la D, son anfetamínicos ejemplos de cómo acelerar una canción eminentemente noise.

Cierran con una auténtica burrada de cara, abriendo con "Wonderbra" (descarga sin concesiones) e incluyendo "Salvaje" (o cómo llevar al límite el gamberrismo macarra de Ilegales) y "Fistfucking" (escatología anal full of shit que pensarías descerraja un vikingo con guitarra a modo de hacha, si no fuera por el cambio en la imposta de voz al dejar caer Danni un tono de pito final).

Gran disco, mucho mejor que su debut, pero parafraseando casi literalmente al superratón volador de los dibujos animados, No se vayan todavía porque aún habría más ... y mejor.

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