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LaFonoteca, Disco: Antonio González
foto del grupo Antonio González

Cerca del anterior en cuanto a calidad, un nuevo elenco de virtudes en interpretación y amor por la lírica, se echa de menos un poco más de riesgo, algo más Pescaílla que clásicos que, aunque bien matados, uno añora otros más recónditos que se abanderan mejor y existen gracias a su receta especial.

Esa "Noche de ronda" entra ya muy fuerte, con látigos de cuerda, y con mucha personalidad, tanta que uno enrojece de vergüenza escuchando la vacía interpretación del otrora superstar Luis Miguel, con contención pero con garbo y salero sabe mejor, así las palmas envuelven esos lamentos, esas preguntas añorantes con elegancia y firmeza. Así, un tema que otros han condenado a una especie de travesía por el desierto adquiere color y temperatura, justicia poética.

"Como dos esmeraldas", con mucho gustillo al otro lado del Atlántico, sube al cantante a otros tintes y cuidados, demostrando su vehemente versatilidad, tanteando e injertando esos redobles ora furiosos ora cálidos, supone sin duda un ejercicio añejo de otras latitudes pero que sólo se adscribe a una manera de hacer y querer que no le es propia, permaneciendo más en anecdótico que en satisfactorio.

La cosa se revuelve un poco con "Nunca", uno de esos murales sonoros que al estallar en el espacio decimos: ¡esa Pelaílla! No se mucho de calidades o cualidades místicas de las armonías pero este tema golpea y mucho, como una bofetada entre amigos después de beber demasiado una de esas noches plagadas de pactos. Primero ese remolino de cuerdas y esa percusión tan acertada, las palmas graznan a gran altura, la voz de Antonio mantiene muy bien el tipo con sombrero y corbata (muy apasionadamente como dice en la canción). Por supuesto que la letra puede parecer banal incluso irrisoria, pero aquí hablamos de otra cosa, hablamos de entrañas, de raíces, de sentimientos indefensos rebotando en la espiral de los días y ahí el ritmo tiene la única palabra.

Y claro viene ese in crescendo donde uno quiere forzar la rueda del volumen y que el éxtasis dure "Un momento más", donde después del desquite nos vamos a la súplica bien atemperada de este clásico bien cocinado en las manos del jefe; la intensidad vuelve a engarzarse con los humos que aquí repetimos (palmas y otros amigos), la guitarra gobierna y mantiene una tensa conversación con cajones y timbas, Antonio parece más grave y distante, le falta algo de yo y guerra, pero se lo perdonamos.

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