portada del disco Animalitos

Para celebrar sus diez años de historia compartida, y tras cinco de ostracismo, Carlos y Genís nos llegan con su segundo largo titulado “Animalitos” (Austrohúngaro, 2007), disco conceptual basado en una atmósfera donde reinan las mascotas y con el que logran, finalmente, el tan merecido reconocimiento de la crítica especializada. ¿Nos encontramos pues, en el que sin duda es el disco más perfeccionado y rico musicalmente del dúo hasta el momento? Todo un menú de temazos cocinados a partir del libro secreto de recetas de Gary Glitter y Sparks, sazonados con sabroso krautrock cercano a La Düsseldorf y Neu! -destacando la colaboración del bateria Alfonso Melero de Hello Cuca- nos pueden hacer pensar incluso en algunos de los clásicos del pop barroco de los 60. En definitiva, un exquisito manjar para nuestros oídos.

Himnos y más himnos junto con una ornamentación instrumental que bebe de diversas fuentes van cogidos de la mano con la misma naturalidad que un grupo de ocas sigue el vuelo de un ultraligero en “Caballos y Ponis”, canción con la que se abre el disco. De temas como “El poder de mis tejanos”, en los que volvemos a encontrarnos con letras que ironizan y desdramatizan nuestras historias cotidianas a ritmo de una especie “post-punk sintético”, pasamos otras más instrumentales como “Pajaritos y pajarracos”, donde las máquinas se abren paso imitando el cantar de las aves.

A mitad del disco, “Disfraz de tigre”, seguramente la canción más conocida y recordada de todo álbum, un temazo de pies a cabeza y que a nadie dejará indiferente, ya que se trata de una canción que si bien sorprenderá a la primera escucha, a partir de la segunda la amarás para siempre. Tras la experimentación acelerada de “En la litera, en el altillo, en la madriguera”, también nos encontramos en un espacio para el recuerdo con la versión pop del viejo tema popularizado durante los años 70 en la escena music-hall catalana, “En vestir d’en Pascual”, canción donde nos demuestran, una vez más, una gran facilidad para versionar composiciones prácticamente olvidadas y convertirlas en hits de lo más festivos para nuestros días.

En “Hotel Delta Italia Delta Romeo”, una especie de oda a ellos mismos, nos ofrecen la que resultará, posiblemente, una de las canciones más puramente electrónica del álbum, un buen tentempié que abre boca a los últimos tres temas del disco (“Los perezosos”, “Schloss” y “Fuig llop fuig llop fuig”), traca final de aires tecnopop disfrazada con infecciosas melodías paisajistas, al más puro estilo de la vanguardia musical electrónica propugnada en su momento por los míticos Kraftwerk.

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