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LaFonoteca, Disco: Andrés do Barro
portada del disco Andrés do Barro

Tres años pasaron desde ¡Pum! (RCA, 1971) hasta este “Andrés do Barro” (Belter, 1974). Tres años que no pasaron en balde, ni para Andrés ni para su música, ya que perdió la frescura que le acompañaba. Muchos lo achacan al cambio de compañía discográfica, otros a una vida cada vez más agitada, pero lo cierto es que todo ello repercutió negativamente en su música. Se acercó a parajes peligrosos, canciones ligeras carentes de la emoción que transmitían temas como “Teño saudade”, caminando por el lado más salvaje de la vida hacia su conversión en una especie de crooner baladista, más cerca de la música comercial de la época que del pop que le trajo el éxito. En la contraportada del disco aparece un escrito de Alfonso Eduardo, en el que afirma que a la luz de la cabeza de Andrés había que “darla a luz”. Creo que ahí es donde radica el que este disco se quedase a medias, en una producción no muy coherente con las ideas proyectadas en la mente de Andrés.

“Amor, amor”, por ejemplo, está muy mal producida. La voz de Andrés está demasiado tratada, incluso cuesta reconocerla, y los arreglos suenan demasiado limpios. Todo ello hace que se pierda la inmediatez y sencillez características. “Para eso somos dos” es un vals peruano con el que Andrés abre una nueva vía en su carrera, la de la canción ligera con tintes románticos y cadencia folk sudaméricana. Armada con cuerdas intensas y un estribillo que gana fuerza con el refuerzo de coros femeninos… “Y es por ti, que quiero yo vivir mi amor / tener tu voz y tu canción cerca de mí”. Belter lanza el corte como single, con “Yo no sé” como cara B.

Mi pequeño pueblo” la grabaría en castellano y gallego, aunque en el LP se incluye en castellano. Se trata de uno de esos temas tan característicos en Andrés, en el que con la vista puesta en Galicia y con la emigración en mente, realiza un retrato de la vuelta a casa tras años fuera. Encontrándose ruinas y ausencias, personas marcadas por el estigma de la emigración que leen las cartas de sus hijos que llegan de América. Considero un acierto los elementos orgánicos que se incluyen, como ese fluir del agua que aparece en varias ocasiones, que consiguen una gran ambientación. Los desarrollos rítmicos electrificados del tema no son tan adecuados, aunque en su momento se consideraban un signo de modernidad, hacen que el corte pierda intensidad. Y es que el gran lastre del disco, es una producción poco acertada.

Yo no sé” comienza con ecos y voces de fondo, recogidas durante el proceso de grabación. Alguien dice “procurad no seguir el ritmo con los pies, porque se escucha luego. Estad atentos y hasta que no quitemos la luz roja, no hagáis ruido”. A continuación las guitarras se electrifican, escondiendo en muchos momentos la voz de Andrés. Claramente la producción de Belter estaba enfocada en la modernización de su música, algo que presenta en este caso, un importante hándicap, y es una grandilocuencia excesiva en los desarrollos rítmicos. Las canciones de Andrés que mejor funcionaron fueron siempre las más sencillas y directas. En “A rapaciña chora”, sin embargo, los arreglos psicodélicos funcionan, añadiendo nuevos matices evocadores a una buena interpretación de Andrés. Pero, en “Llegaba la primavera”, vuelve la sobreexposición de las guitarras y unos riffs inadecuados.

Manuela” es una de las cimas del disco y una de sus mejores composiciones. La muestra de que aunque lloviese, Andrés era capaz de mostrar su mejor sonrisa, de mostrar su gran sensibilidad: “Miraste alguna vez las estrellas Manuela / yo te vi tantas noches seguidas en ellas”, y de hacerlo sin ocultar su verdadero estado de ánimo: “Ves aquella pequeña en la que yo quiero esconder mi llanto / por eso me levanto así de la tierra”.

A“Si vienes a San Simón” parece que le falte fuelle, los sintetizadores hacen de gaitas y la voz de Andrés vuelve a sonar sin fuerza. Es suficiente escuchar “San Antón” de"Me Llamo Andrés Lapique do Barro" (RCA, 1970), para darse cuenta de lo que hablo. Para compensar, cierra el disco “Me estoy volviendo loco”, una de las mejores canciones del mismo, aunque se vuelve a tener la sensación de que falta algo, ya que la atmósfera que genera es demasiado tenue.

Este trabajo fue la despedida de Andrés de los escenarios, tras apenas cinco años en ellos, poniendo fin a una carrera corta e intensa de la que siempre nos quedarán sus canciones.

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