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LaFonoteca, Disco: Álvaro Urquijo
portada del disco Álvaro Urquijo

Álvaro Urquijo tuvo ocasión de acariciar un proyecto anhelado, que fue la grabación y publicación de su primer álbum en solitario, titulado sencillamente "Álvaro Urquijo" (Columbia / Sony, 1998). El álbum tuvo un éxito discreto y tras el fallecimiento de Enrique, Álvaro acaba convirtiéndose en la piedra angular de Los Secretos, y no ha publicado más trabajos en solitario.

El álbum reúne todas las características que tendrán los discos de estudio de Los Secretos tras el fallecimiento de Enrique, es decir, cuidadísima producción, un sonido muy nítido e interpretaciones musicales de primera, con un sonido muy uniforme y equilibrado. La responsabilidad del proyecto la llevaron principalmente tres músicos: el propio Álvaro (guitarras y voz), Juanjo Ramos (bajo) y Eric Franklin (bateria). A estos se unen como colaboradores en momentos puntuales del álbum Ramón Arroyo (guitarras y mandolina), Jesús Redondo (teclados) y Pedro y Enrique Gil (coros). Nigel Walker se ocupa del sonido y producción artística -había colaborado antes como técnico de sonido con Los Secretos en "Directo" (Twins, 1988) y colaboraría de nuevo a partir de "Grandes Éxitos v.2" (DRO, 1999). Un equipo como vemos reducido.

Casi todos los temas van firmados por Álvaro en solitario, las excepciones son "Fruto del corazón", compuesta con José María Granados, "Solo para jugar" de Ian Gomm y el tema más conocido de este álbum: "Por el bulevar de los sueños rotos", compuesta a medias con Joaquín Sabina, pero de una manera espontánea y a la vez desorganizada, ya que Álvaro es el que acaba de darle forma al tema sobre un texto de Sabina dedicado a Chavela Vargas.

La mayor parte de los textos tienen esa melancolía inherente de Los Secretos, solo que en las letras de Álvaro brilla la esperanza: "Promesas" o "Dame esa oportunidad" son buena muestra de ello. Pero también las hay que se recrean en el dolor de la pérdida, como "Cada minuto" o "Prisionero". No obstante, y por encima de los textos, está en este caso la música, de un más que aceptable nivel, y la guitarra de Álvaro (en algunas ocasiones su Rickenbacker de doce cuerdas, su guitarra más emblemática) y por supuesto su voz, que son los protagonistas de un álbum de música pop y rock de primera clase.

El disco no tuvo la repercusión esperada y solo unos cuantos aficionados lo compraron en su momento, pero con el tiempo se ha convertido en un pieza de colección ya que se descatalogó muy rápido y no hay manera de encontrarlo. El disco de Álvaro está en una discográfica diferente al del resto de la producción de Los Secretos, que pertenece a DRO (los primeros discos a Polydor, ahora en Universal), con lo cual se hace complicada una posible y deseada reedición.

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