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LaFonoteca, Disco: All the Same Dream
portada del disco All the Same Dream

Midnight Sequencer es un proyecto del coruñés CG Santos centrado en la electrónica clásica. Su sonido remite a clásicos como Brian Eno o Tangerine Dream y a otros artistas como Ralf Hütter, Vangelis o Tomita. Para definirlo podemos recurrir a etiquetas como synthwave o cyberpunk, pero él prefiere hablar de electrónica. “Aunque entiendo que se relacione a Midnight Sequencer con ello, no me identifico con los valores y conceptos que desarrolla el synthwave o la cultura cyberpunk. Quizá la mejor etiqueta sea simplemente ‘electrónica’. Sé que es un tanto inespecífico desde una perspectiva actual, donde todo tiene que ir perfectamente clasificado, envasado al vacío, con código de barras y un hashtag para enfocarlo a su nicho de potenciales consumidores, pero la cantidad de etiquetas y subgéneros que existen implican sutilezas irrelevantes para mí. No escucho prácticamente nada de electrónica, no tengo contactos en el mundillo, ni soy consciente de las idiosincrasias de los diferentes sub-sub-géneros. En los 90 hice electrónica, y todo era sencillo, house y techno, punto; pero el mundo ha cambiado mucho desde entonces, se ha diversificado, saturado, y aun así todo el mundo quiere ser ese copo de nieve único y perfecto; buscar y mostrar su singularidad a base de crear artificialmente su pequeño lugar en el mundo...  El que escuche Midnight Sequencer, lo clasificará según su criterio y sus propias experiencias. Pero al final solo hay dos categorías, me gusta o no me gusta”.

“All the Same Dream” (Civitas Mortis, 2019) es su primer trabajo. “A groso modo, el disco ronda la idea del estancamiento evolutivo que implica nuestra relación con la tecnología. Públicamente prefiero no profundizar demasiado en ello porque realmente, ni en este, ni en la mayoría de mis acercamientos musicales, pretendo transmitir ninguna idea concreta. No soy un gurú que deba esparcir sus ideas para iluminar la triste existencia del pueblo ignorante de la verdad suprema; simplemente hago música porque es lo único que sé hacer, sin más.

Obviamente hay ideas y conceptos que me influencian y sobre los que baso mis trabajos, pero eso no quiere decir que deban ser interiorizados por terceros. Puede sonar incongruente, lo sé, la música es un lenguaje y como todo lenguaje debe decir cosas, pero las ideas en las que me baso y lo que el oyente interprete, no tiene por qué coincidir; de hecho, no debería coincidir. Me parece más interesante el análisis introspectivo o las sensaciones que pueda tener alguien ajeno al proyecto, que lo que yo teóricamente quiera expresar; no me gusta adornar mis trabajos con discursos más allá de lo imprescindible, todo está implícito en la música y en los libretos. La música es el mensaje”.

Con respecto a la grabación afirma que “el proceso de grabación no tiene mucho secreto. Fue el típico proceso tedioso de grabación multipista. El mismo sistema que para grabar cualquier otra cosa. La mayoría lo grabé en un multipistas digital y algunos elementos en un cuanto pistas de cinta. 

Todo el proceso de grabación estuvo enfocado a conservar la dinámica y las texturas, con una mezcla que favoreciera la interacción entre el sonido de las diferentes máquinas. Para esto prescindí de elementos de post-producción, limitándome a ajustar niveles para el master final”.

El disco comienza con la cadencia espacial de “Carbon relic”, remitiendo a Tangerine Dream y Vangelis. “Black & chrome” y “Chemical flashback” despegan, aceleran el tempo y las pulsaciones aumentan.

Paraphilic love map” suena más hipnótica y maquinal. El sol se pone y el cielo se oscurece, y entonces llega “Who killed me?”, un corte punzante plagado de aristas. Una pequeña joya que rezuma fragilidad, como la llama de una vela azotada por el viento.

El corte homónimo “All the same dream” es synthpop con alma de banda sonora anfetamínica de un juego de recreativas de los 90. “Downtown macabre” mantiene esa esencia synthpop pero oscurecida.

Electric Pazuzu” vuelve al redil clásico de Vangelis, Tangerine Dream o Tomita, mientras que “Deliberately buried” son casi veinte minutos de viaje cósmico de no retorno.

Un disco altamente recomendable para cualquier amante de la electrónica clásica.

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