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LaFonoteca, Disco: Alivio de Luto, página 2
portada del disco Alivio de Luto

Casi como si se tratara de una invocación, Sabina recurre en este disco a buenos amigos para sacarlo adelante. Cuando antes trabajaba solo, él se ocupaba exclusivamente de llevar la carga de la tarea sobre los hombros. Ahora se rodea de colaboradores, incluso en un territorio que parecía vedado a otros: las letras. Pero es que en este disco vemos incluso versiones, cosa rara teniendo en cuenta su trayectoria.

Fue por abril de 2005 cuando Sabina comentó en México que estaba a punto de sacar un disco que se llamaría “Números Rojos”. También dio algunas pistas, a la postre falsas. Adelantó que el disco tendría nada menos que 30 temas, y que debido a sus problemas de salud no saldría de gira. Tres meses después cambia de idea completamente. Se anima a salir de gira y cambia dos veces el nombre del álbum. Primero se llamó “Doce Más Una”, en referencia a las trece canciones que tendría finalmente el disco. Posteriormente volvió a cambiar el nombre del LP a “Alivio de Luto”, nombre que ya resultaría definitivo.

Arranca la prometedora “Pájaros de Portugal”. Sabina es ya perro viejo en esto y sabe perfectamente qué teclas debe tocar para conseguir llegar al público. La canción es hermosa. Encandila al oyente, obsesiona y crea adicción al fan acérrimo. Todo con un sonido de guitarras añejas y una cuidada letra, en la que por cierto el artista hace referencia a la historia de Abelardo y Eloísa. Sigue una versión. En “Pie de guerra” Sabina revisa a su admirado Leonard Cohen, dándole al ritmo el protagonismo absoluto. Protagonismo que retorna a las guitarras acústicas en “Ay, Rocío”. Si alguien echaba en falta los coros de Olga Román puede estar tranquilo que aquí aparecen elevando el nivel técnico del tema; y la armónica, que toca el mismo Sabina, entra justo a tiempo para anudar de cabo a rabo la pieza.

A media voz y con cierta calma tensa “Contrabando” suena algo fronteriza; y “Paisanaje” recuerda los orígenes andaluces del cantante con una rumba tocada con mucho arte. Menos angosta que otras rumbas anteriores como “Nos sobran los motivos” o “Ruido”. En una especie de metacanción, Sabina nos cuenta cosas del proceso creativo, de sus poemas pendientes y de sus letras por asignar en “Resumiendo”. La sencillez de las guitarras ya es jerárquica en el disco, estando de nuevo la guitarra eléctrica en un plano más secundario. Siguiéndole “Mater España” una versión intimista del cantautor italiano Francesco de Gregori, que dedica a los sabores y sinsabores de nuestra piel de toro: “Huérfana España / raíces y cimientos / epidemias, cicatrices / blasfemias y sacramentos” .

Medio tocada, medio hablada, “Con lo que eso duele” se destapa como privada y muy personal; y “Dos horas después” es una masterclass que imparten a medias Sabina y el poeta José Manuel Caballero Bonald en una galería de arreglos sutiles, incluyendo un violín de maneras muy zíngaras. Sigue “Me pido  primer”, rock and roll a la vieja usanza muy del estilo sabinero.

El poeta granadino Luis García Montero colabora con el cantante en “Nube negra” poniendo la letra del tema de forma íntegra. Un tema suave y con mucho estilo a la que se le pueden intuir reminiscencias rancheras. Siguen las colaboraciones, en este caso del escritor madrileño Benjamín Prado con el que Sabina escribe a medias “Números rojos”, con George Harrison en el recuerdo. La canción va a un medio tiempo muy beatleiano y arreglos de rock a las guitarras. Cierra con suavidad “Seis tequilas”, obviamente dedicada a México agitando el swing y la ranchera en la misma coctelera. Acata con sencillez instrumental los desvaríos del desamor: “Me falta un corazón,/  me sobran cinco estrellas / de hoteles de ocasión / dónde dejar mis huellas”.

Sabina en su afán de refinar al máximo sus textos declaró en una ocasión que escribía seis horas diarias. De ser cierto esto estamos ante un hombre que tiene mucho donde elegir, y es imposible negar que ha elegido bien. Trece canciones donde ha dejado su ya particular sello y donde se observan ingentes cantidades de guitarras acústicas, canciones artesanales y auténticas. Por cierto, la gira con la que finalmente se atrevió fue un rotundo éxito.

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