portada del disco Alas y Balas

Desde que en 1998 se publicara “Aire-Invisible” (Virgin), que alcanzó la resonancia deseada, habían pasado muchas cosas. Aute se había sumergido en el proyecto personal de cine de animación: “Un Perro Llamado Dolor”, había publicado el libro “Cuerpo del Delito” (Celeste, 1999) con la mayor parte de sus letras y la antología poética “Volver al Agua” (Contrapunto, 2002) que recogía la práctica totalidad de sus poemas publicados. Por otro lado, BMG Ariola preparaba con ayuda del cantante un CD antológico con sus mejores canciones, que luego acabaría siendo “Auterretratos” (BMG Ariola, 2003). También los compañeros de profesión le habían rendido homenaje con la publicación de “Mira que Eres Canalla” (Virgin, 2000) en el que Serrat, Ana Belén, Ismael Serrano, Pablo Milanés, Rosendo, Jorge Drexler, Ella Baila Sola, etc. cantaban sus canciones más representativas. Es decir, parecía que la carrera discográfica e incluso artística de Luis Edurado Aute había concluido.

Pero sin previo aviso en agosto de 2002 se pone a componer nuevas canciones como descanso a su obsesivo trabajo cinematográfico y en noviembre estaba de nuevo en el estudio de grabación para hacer un nuevo CD con temas originales que vería la luz de las tiendas en marzo de 2003.

Aute vuelve a ser sí mismo, a las canciones narrativas, a las canciones de desengaño amoroso, a su escepticismo, a su ironía, al antibelicismo, a su sentido del humor muy presente en esta obra. En lo musical incorpora al guitarrista Freddy Marugán, que estaba dirigiendo la carrera de Ismael Serrano entre otros.

Las canciones más conocidas de este trabajo son precisamente las dos primeras del CD. La primera de ellas es una preciosa canción intimista donde la isntrumentación subraya sin estorbar y la voz casi pide perdón por romper la íntima reflexión poética del autor. En la segunda vuelve el Aute mordaz que nos avisa de los graves problemas de la introspección, aconsejando que nos enredemos en las redes del exterior porque es peligroso siempre asomarse al interior de cada uno. Ironiza también sobre el paso de la edad, que siempre va a notarse más en el interior que en el exterior. Todos estos pensamientos aliñados con un ritmo vacilón que viene muy bien al tema.

Otra canción que tiene su historia es “La vida al pasar”, que había compuesto muchos años antes para Marisol y que ahora recupera para convertirla en una insinuante balada amorosa. En “Luz contra luz” es el amor que se esfuma sin lógica y sin razón, “Más de lo mismo” el hastío vital. Finalmente “Abrázame” y “Alas y balas” desgranan el miedo a la guerra. En ella solo el amor redime el miedo, mientras que en la excelente segunda convertida en juego de palabras entre guitarras de rock es un alegato al absurdo del enfrentamiento.

El álbum la cierra una revisión de uno de sus temas emblemáticos: “Albanta”, que en 1974 había encabezado uno de los mejores LP de este cantautor.

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