portada del disco Agotados de Esperar el Fin

Sobre este disco, el bajista de la banda en ese momento, Willy Vijande, comentó recientemente en una entrevista concedida a la página web oficial del grupo: "Rápidamente aprendí que no existen milagros: si no tocas bien, no suena bien, si no produces bien, no suena bien. El estudio no es Lourdes (por lo menos en el rock)".

En ese sentido, podíamos considerar "Agotados de Esperar el Fin" (Epic, 1984) como un disco fallido. La producción es pésima, la línea de bajo, con ese sonido enlatado, típicamente ochentero, y la batería poco contundente restan pegada al sonido. Por si ello fuera poco las guitarras resultan demasiado bajas, lo que unido a un sonido ya de sí poco nítido, no pone demasiado difícil hacerse a la idea de por qué el grupo estaba tan descontento con el resultado. Sin embargo, las canciones, por regla general, son mejores, tanto musicalmente como en los textos, y eso hace que el disco todavía se mantenga en pie, incluso escuchado a día de hoy.

Las primeras canciones del disco adquieren un tono épico, protagonizadas por tipos duros en escenarios bélicos ("Africa paga" o "El último hombre"). Les sigue la canción que da título al disco, una gran canción sobre la desesperación de aquellos que "no viven, sólo esperan". También abundan los temas sobre violencia como en "Stick de hockey" o "Destruye" (que da la sensación de poder haber sido tremenda, de estar bien producida, como lo es en directo). No podía faltar el clásico "Soy un macarra" y la dosis habitual de acidez y humor negro en "Quiero ser millonario" o "Para siempre", y la crítica social en "La chica del club de golf".

Incluso las canciones de perfil intrascendente o provocativo, como "Hombre blanco" y "Odio los pasodobles" (con un gran riff de guitarra), son mejores que las de la anterior entrega. Destaca sobre todas "El piloto", particular homenaje a Charles Lindbergh quien, pilotando el Spirit of Sant Louis, realizó el primer vuelo que cruzaba el Atlántico sin escalas, entre New York y Paris.

Un disco con el que los Ilegales podían haber superado el listón de su disco debut, pero que, por desgracia, se queda a medio camino. Sin embargo, las canciones se sobreponen a las deficiencias del sonido y conforman un trabajo notable que, pese a todo, no deja de ser recomendable.

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