portada del disco A Veces el Dolor

El primer álbum de 713avo Amor es una altisonante y abrupta carta de presentación escrita a través de los duros y punzantes contrastes de las estructuras que alberga. Brillantes y melancólicas melodías son golpeadas súbitamente por furiosas guitarras; una exaltación sonora que emociona por lo directo del amargor que desprenden. Sumado a esto, unas letras entre lo onírico y lo grosero, que en ningún momento pasan por lugares comunes y que dibujan escenas en su mayor parte desesperantes, mostrando lo más abyecto de la naturaleza humana. Lo cierto es que puede resultar excesiva tanta negritud, siendo este un disco que, a pesar de su claridad formal, se hace difícil de digerir. Sin olvidar, claro, los momentos puramente ruidistas, que fuerzan el límite de algunas canciones llevándolas a su último extremo.

Pero que no se engañe nadie; que "A Veces el Dolor" (Experience, 1993), entre lo crudo y lo cocido, elija lo primero, no le obliga a renunciar a la belleza. Y este disco es tremendamente bello y, probablemente, el más disfrutable de los dos que el grupo editó. Véase -mejor dicho, escúchese- para ello lo que, tras un inicio -y un título- que asusta, lo que en su interior esconde, tanto en música como en letras, "El mar es la manera más fea y arrugada de todos los millones de maneras de corazones". Más evidente resultará tal vez en la titular, "A veces el dolor" y, sin lugar a dudas, en "(Te escribo desta) botellita de cielo". En la otra punta, las canciones más agitadas, que no aspiran al descanso ni al conformismo. "¿Por qué una niña de seis años bebe más que yo?", grita hasta la extenuación Carlos Desastre en "Cielo bajo tierra", sin duda la más desencantadora y esperpénticas de sus letras, donde combinan inocencia y repugnancia -"Desde mi ventana veo a Luisa esbozar una sonrisa; su padre la hizo mujer con tres años [...]"-, y tornándose morbosamente adictiva. "Limosna para morir", cegadora, excitante, intratable, es solo otro ejemplo más de los tantos que contiene este disco.

Es, en fin, un disco que recoge el ideario programático de 713avo Amor y nos lo arroja a la puta cara con pasión e intención. Aunque para nada se podría usar el término "dócil" para definir grupo u obra, es en "Horrores Varios de la Estupidez Actual" (Triquinoise, 1994), donde encontraremos realmente las canciones, salvajes y experimentales a la vez, que buscaban 713avo Amor para exorcizar nuestros corazones. Este aún echa mano a ciertos efectismos que, de todos modos, no le restan ni un ápice de calidad.

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