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LaFonoteca, Disco: A las Cinco en el Astoria
portada del disco A las Cinco en el Astoria

Disco especial sin duda en la carrera de La Oreja de Van Gogh. Tras meses de incertidumbre y rumores (alguno tan absurdo pero aceptado por toda la prensa nacional como que la sustituta de Amaia era Paulina Rubio) al fin se despejan los rumores y tenemos a Leire en la difícil misión de ser la sustituta no de un elemento más de la banda sino de la voz, la imagen y uno de los bastiones en la composición.

Todo ello contribuye a una gran expectación y genera hoja y hojas en la prensa antes de que el disco salga, del que poco a poco se van conociendo detalles. Que si seguirán grabando en el estudio que su productor habitual Nigel Walker tiene en las Landas, que si el disco va a ser una sorpresa para los fans, que si el material va a sorprender... Nada no habitual en estos casos.

Si en el disco anterior el disco parecía parte de una obscena campaña de publicidad de un coche en la que la publicidad del disco y del automóvil se confundía en este caso optan por la misma pueril y pobre iniciativa con una marca de champú que nos desvela un pequeño trozo de lo que será el primer single “El último vals”, a la vez que respondía al enigma de la identidad de la cantante que resultó ser una concursante sin suerte en un programa de talentos.

El primer single muestra al fin todas las cartas: habrán cambiado algunas cosas, incluso cosas básicas pero el sonido del grupo es el mismo sin signo alguno de evolución. Además esto servirá para el resto del contenido del álbum. Cobarde, conservador y condescendiente con sus seguidores, ofrecen más de lo mismo y esto empieza a ser preocupante porque desde su mejor disco, “El Viaje de Copperpot” (Sony, 2000), se han dedicado a incidir en unas formas que, si bien allí funcionaron a las mil maravillas, las siguientes entregas han ido siendo fotocopias descoloridas de aquello. La gran oportunidad que tenían con el cambio de vocalista es desaprovechada para tratar de mantener la máxima lampedusiana de “cambiar todo para que todo siga igual”. El título hace referencia a un lugar de Donosti donde quedaban para ir a ensayar. ¡Ay, las raíces!

Y tan igual que la voz de Leire parece pasada por un filtro para convertirla en un impersonator de la de Amaia. A veces se hace indistinguible la voz de ambas en una imitación casi perfecta. Y como las composiciones no se mueven un milímetro de lo establecido el resultado es una paradoja tal que resulta el mismo disco que el anterior con una cantante diferente pero en el que este “pequeño detalle” puede pasar desapercibido a un oyente desinformado de todo el lío.

¿Y el disco? Pues lo dicho: más de lo mismo que se convierte en menos de lo mismo. Aparte de detalles cómicos como que “Inmortal” comienza de la misma manera que “So payaso” de Extremoduro y que quiere ser un remedo de canción de guitarras algo afiladas y con garra, al que unen el puente con aire reggae que han usado trescientas veces ya, para caer en una de sus canciones más típicas y olvidables. La épica de juguete en “Más” funciona como funcionaba la música pop-rock comercial en los 80 a la que recuerda sin pudor alguno. Aún así, y a pesar de unos coros mediocres, es de lo más disfrutable.

Horrores cercanos al surrealismo como “Cumplir un año menos”, que trata sobre el tema de la soledad de la esposa de un asesinado por E.T.A., o la parábola buenrollista de “Europa VII” (que sería la aportación “a lo Mecano pero en mal” de todos sus discos) no sirven más que para restar. Y su habitual dosis de morbidez y fascinación hacia el tema de la muerte, “La visita” (digno de estudio esto, varias canciones dedicadas al asunto, en este disco tres).

Siguen para bingo con la cuota electrónica deesamanera que es “Sola”; aún así de lo mejor del disco, pero cobarde en su desarrollo porque cuando la canción se lanza van y se ponen a hacer un estribillo de pop tradicional. Curiosa forma de destrozar una canción con posibilidades a pesar de que el vocoder y los efectos de producción a  veces quedan un poco risibles y pobres, como de una Marta Sánchez con ganas de parecer moderna. Es evidente que podrían profundizar en su inmersión electrónica que siempre les ha dado unos resultados más que estimables (entre lo mejor de su carrera está el corte “Bonus track”). Como una broma privada la canción termina con una autocita a su canción “París” de “El Viaje de Copperpot”.

La balada dedicada a la hija recién nacida de Pablo Venegas, “Palabras para Paula”, que comienza como una canción de misa para curas enrollados y luego resulta que es una nana,o la insoportable “Flores en la orilla”, con un extraño aire de ranchera, siguen la tónica mediocre del grueso del disco.

Es curioso cómo las dos últimas canciones dejan un sabor de boca mucho mejor que el conjunto, puesto que ahí están casi los mejores momentos del disco. La estupenda “Un cuento sobre el agua”, digna de los mejores momentos de unas Pauline en la Playa, y la emotiva en crescendo “La primera versión” son lo mejor de este trabajo junto a la en parte desaprovechada “Jueves”. Muy publicitada por ser una canción sobre el 11M (y otra vez el tema de la muerte presente), se abre con un horrible coro que, supongo, se presume solemne pero que no casa de manera alguna con una canción de corte acústico, preciosa en su sencillez aunque con una letra que se acerca al bochorno por cursi pero que, milagros de la música, lo esquiva a base de emoción. Lo del atentado viene por el contexto porque por la letra puede ser un atentado o un frenazo del tren que tira a los protagonistas al suelo y ella se rompe la crisma. Si horrible era ese coro inicial que afea la canción mucho peor es la repetición de ese coro como coda final que te saca de un bofetón de la ensoñación que produce hasta ese momento. Una torpeza que cuesta creer que nadie la advirtiese. Una pena. Y aún así muy por encima de la media del disco.

Como es habitual desde su segundo trabajo incluyen una canción oculta bastante intrascendente. Además la versión para iTunes viene con una canción extra, “Pequeños momentos” que, como casi siempre con estos regalos, no es más que un descarte que no valía para el disco (y aún así es mejor que varias de este).

Una pena, un paso atrás, un error de un grupo que parece siempre que va a dar más, mucho más de sí.

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