portada del disco A-B

La segunda entrega de Vietcong 68 llega después de un trabajo más serio y concienzudo que el desarrollado para el que fue su debut, "Como Debe Ser" (Tough Ain't Enough, 2016). Para empezar a hablar, en este caso, la grabación se realiza a conciencia, con intención de editar un disco, y además, se decide no trabajar en los Necrosound Studios, el estudio del guitarrista Karlote, sino externalizar las cuestiones técnicas. Se van a Silver Recording en Bilbao, el estudio de Martín (Cápsula), asistido por Ainara Junguitu. Con ellos dejaron listo los temas para el disco en una sesión de unos cuatro días.

Reconocida la aportación del ingeniero de sonido en detalles que enriquecieron unas canciones suficientemente preparadas a priori por la banda, Vietcong 68 logran presentar una colección de temas más sólidas y robustas que se adentran sin mayor problema en terrenos más pop e incluso oscuros. Mecionaron en ocasión el postpunk como posible ingrediente extra de su música, y ciertamente la portada del disco pudiera retrotraer a las de Magazine o Gang of Four.

Pero más allá de la analogía en el diseño, en donde se perciben las mejoras del sonido de Vietcong 68 es en la textura de canciones como "Yo soy el niño" o en "Generosa II" que tiene un punto intimista inédito hasta entonces. Pepino suaviza su voz de tigre como nunca antes había hecho logrando una suavidad por encima de la aspereza de fondo propia de la banda. Coros cuidados e interesante momento en primer plano de la guitarra. Además la letra tiene una historia de suicidios a disparo de Colt en la mesilla.

Aunque justifican la cuestión vietnamita con dos temas dedicados al respecto, "La ofensiva del Tet" y "En el delta del Mekong", no se resisten a abordar cuestiones de tinte político. Así en "No a la democracia" se ceban con eso de poner el derecho universal en manos de quienes no saben conducir solos sus vidas o que necesitan del Diario Vasco para formarse una opinión: ¡Al gulag con ellos! gritan.

Hacen dedicatoria a los argentinos Tango 14, banda de la que se confiesan seguidores, pero donde quizás logran uno de los momentos más destacados de todo el disco es cuando acometen la versión del tema de Ilegales "Yo soy el que espía el juego de los niños". La valentía de los vascos al elegir uno de los que probablemente sea un tema mítico del repertorio de los asturianos se salda con una muy buena nota. Respetan el espíritu del original pero logran llevarlo a su terreno, donde el especial tono de voz de Pepino supone un punto extra.

Sin duda, el mejor de los discos que lleva Vietcong 68, demostrando las verdaderas capacidades de una banda que no tiene reparo alguno en explorar vericuetos inusitados para ellos en sus otros proyectos.

 

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