portada del disco 1999

Tras el vuelco que se produjo en su música (y en su proyección) en el año 2005 con el disco “Maniobras de Escapismo” (Naive, 2005) y su cambio de idioma de inglés a español, Love of Lesbian se convierten en un grupo de referencia dentro del pop-rock independiente. Conciertos llenos, miles de seguidores, ventas estimables. Todo esto hace que una multinacional como Warner se fije en ellos y los fiche a través de su subsidiaria Music Bus. Y así, en 2009 publican su disco más ambicioso “1999” (Music Bus, 2009). El disco lleva el subtítulo de "1999 (o cómo generar incendios en la nieve con una lupa enfocando a la luna)".

Siguiendo una estela poco rompedora de sus dos trabajos en lo musical, un pop de guitarras de raíz británica, sin muchas vueltas, robusto, muy bien interpretado y cantado en la particular voz de Santi Balmes que dota a todas las canciones de un verismo a prueba de balas, el disco pretende ser una historia conceptual sobre una relación muy intensa que Balmes tuvo diez años antes, el 1999 del título. Un trabajo de exorcismo de fantasmas emocionales, un tema clásico en la historia de la música.

Si bien el punto de partida es muy atractivo el desarrollo se torna irregular y un tanto desigual. En el disco conviven las dos caras de la banda: unas melodías introspectivas y letras de absoluta belleza tocantes a la temática amorosa, y luego sus típicos temas de humor bufo con canciones mucho más orientadas a poder tarareadas o bailadas en sus conciertos (que suelen terminar en unas verbenas insufribles para el que esto escribe). Y es una pena que haya estos altibajos porque, sin duda, el disco contiene gran parte de las mejores canciones de su carrera. Imposible elegir entre la multitud de joyas que pueblan el disco: “Allí donde solíamos gritar”, “Las malas lenguas”, “Cuestiones de familia”, “Segundo asalto” o la épica incontrolable de “Incendios en la nieve”. Será difícil que en 2009 muchos discos nacionales contengan tal cantidad de canciones tan bien construidas, cantadas y tocadas con tanta emoción y sentimiento.

Pero, ¡ay!, les puede la necesidad de incluir su marca de fábrica y recurrir a horribles canciones de letras bastante ridículas como las insufribles “Algunas plantas” o “El ectoplasta”, auténticos parches que rompen la cadencia conceptual incluso a nivel de sonido que tiene gran parte del disco. Me parece muy bien que tuviese problemas en ese 1999 con un "perroflauta" como el que describe en “Algunas plantas”, pero alguien debería haber tenido la certeza de que una canción así sobraba por mucha gracia que les hiciese. Al menos en este disco.

Otra pega es una duración excesiva. El disco se acaba por hacer pesado y además cuando va adquiriendo una cadencia propia es interrumpido por esas canciones que rompen el tono como “Miau” o “Cuando diga ya” que parecen de otro álbum. Una pena porque tenían entre sus manos una obra maestra del pop español y se queda en un irregular muestrario de potencialidades, de todo lo mucho (muchísimo) que pueden ofrecer y no han sabido rematar.

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