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Aquellos animados años

Publicado el 6 marzo 2012 por Blanca Lacasa

Este post nació con la didáctica misión de revisar las bandas sonoras de las series de dibujos animados que ilustraron nuestra infancia (por nuestra me refiero a esa puretil franja de edad de los que hemos sobrepasado ampliamente los treinta). Pero ya sabemos como son las cosas, uno empieza queriendo y buscando algo y termina cogiendo y agarrando lo que se encuentra a su paso y perdiéndose por los intrincados e inescrutables caminos de Internet -y sus inseparables amiguitos: el gozoso Youtube, la sacrosanta Wikipedia y el amable Google-…

Así que como hoja de ruta o aviso a navegantes (según seáis de secano o de mar), ahí van unas declaraciones de intenciones a posteriori (que son las únicas que, en realidad, son de fiar):

1. La inutilidad absoluta es la intención última que se esconde tras este post. Soy fan a ultranza y sin complejos de las cosas que no sirven para estrictamente nada. Lo gratis. Como motor vital, como filosofía cotidiana.

2. No pretende haber aquí más nostalgia de la estrictamente necesaria. Tampoco trato de decir que los dibujos animados de antes y sus sintonías fueran mejores. Llevo más de una década sin televisión y no sé qué se cuece ahora en los seriales infantiles. Es sólo esa extraña idea de que muchas canciones de aquellos dibujos animados eran hitazos y que, quizá por su formato y audiencia, no fueron tratadas como las auténticas obras maestras que eran.

3. El criterio de selección, como ya he apuntado antes, tiene poco de científico, nada de objetivo y muy poco de historicista. Se trata más bien de un flaneo sin rumbo por mis recuerdos televisivos de niña; un recorrido vago -en ambas acepciones del término- por esa cosa tan caprichosa, imprecisa y maleducada que es la memoria. Así pues no se me rasguen las vestiduras en caso de olvidos atroces (la selección es tan subjetiva como difícilmente discutible) y errores palmarios, que los habrá (contrarrestar fuentes es una práctica en desuso; y ante la duda, siempre lo más delirante).

4. Con este post se refuerza una de mis más absurdas teorías y un personal plan educacional largamente acariciado en silencio. A saber: si es escuchar un trozo de una de estas sintonías y salirnos la letra completa de la canción treinta años después, ¿no sería un método de aprendizaje brutalmente efectivo, atrozmente mecánico, memorizar todos esos datos que te obligan a retener de pequeño y a recitar cual loro -nombres de ríos y cordilleras, tablas periódicas de elementos, capitales del mundo mundial…- en formato cancionero? Pasarían los años y los datosdatosdatos permanecerían incorruptos como los brazos -eso dicen- de algunos santos?

Realizadas estas advertencias, vamos al lío (lío que se resume en ‘cosas de las que uno se entera surfeando en el proceloso mar de la red de redes’):

1. La cancioncica de inicio de la almibarada serie “La Aldea del Arce” (esa pegadiza “Shamalele Shamala, nuestra aldea es genial”) es obra del reblandecerebros Emilio Aragón. Sobre la interpretación de dicho hit hay cierta confusión: hay quienes aseguran que era Rita Irasema, mientras otros hablan de unos tal Monono y su Banda. La letra era sobre pasarlo bien (“y disfrutaremos de muchas aventuras”), desparramar (“jugaremos de noche, jugaremos de día”) y sobre lo guay que es el terruño (“nuestra aldea es genial”).

2. Los temas que abrían y cerraban esa entrañable serie española llamada “David el Gnomo” eran de Rosario María Ovelar (letra) y de Javier Losada e Hilario Camacho (música), persona -esta última- responsable de aquella proustiana tonadilla que servía de inicio a “Tristeza de Amor”, serie de la que soy incapaz de recordar nada salvo la canción (“un juego crueeeel”) y que salía Alfredo Landa. Hilario Camacho, por cierto, está muerto y era madrileño. Yo habría jurado que venía del otro lado del charco y que seguía siendo el hermano pobre y digno (suele ser lo mismo) de Joaquín Sabina.

3. La mítica y animosa opening song de “La Vuelta al Mundo” de Willy Fog la cantaba Mocedades, ese excelso grupo nunca bien ponderado, al que los dioses Martes y 13 hundieron en la miseria convirtiendo el incontestable himno “Eres tú” en una canción inducida por un feliz cunilungus.

4. La famosísima canción de la serie de la Marvel Comics, “Dragones y Mazmorras”, fue interpretada en su adaptación al castellano no por Parchís, como muchas veces se ha dicho, sino por unos tal Dulce, grupo que pasó sin pena, ni gloria y que desapareció en un pestañeo. Probablemente el tema de “Dragones y Mazmorras” sea uno de los más inolvidables de nuestra infancia animada. Épica infantil de la buena.

5. Otra que gozó de gran popularidad y que ocupa un puesto de honor en mi memoria musical es la sintonía de “D’Artacan y Los Tres Mosqueperros” (reflexiónese unos instantes sobre la magada del humor encerrada en el título de la serie y en el hecho de convertir a los estirados mosqueteros franceses en canes). La cantaban unos tal Popitos (hermana y hermano, por lo que se ve; la chica luego fue azafata televisiva en programas de distinta índole). El gran hallazgo de esta composición era ese estribillo trotón en el que se repetía D’Artacan por dos veces. Sensación de velocidad inmediata.

6. La adaptación (por no decir calco, hasta las voces suenan igual) de la canción que abría la serie germanonipona “Vickie el Vikingo” también fue interpretada en su momento por Mocedades. Un temazo de esos que lo escuchas ahora y no te crees lo bueno que era. Muy acorde con la serie que era buen rollo y diversión total, y tan alejada del melodrama torturante y torturado de otros productos como “Heidi” y “Marco” que competían en lagrimeo y orfandad (trending topic de la época, por lo que se ve). Recientemente y por obra de Dani Martín y su Canto del Loco -hicieron una versión para la peli del niño vikingo- el bueno de Vickie pasó de ser el chavalito listo pelirrojo deshacentuertos a sonar como un calimochero broncas.

7. La serie de todas las princesitas del mundo, aka “Candy Candy”, se emitió aquí con su sintonía en japonés. Tal cual. Estos dibujos son los responsables de que las niñas pronunciáramos como si tal cosa watashiba (o algo parecido) y de que dibujáramos los ojos de todo ser humano en forma de rectángulos con burbujas chispeantes dentro.

8. El pepinazo con el que empezaba “Mazinger Z” nunca jamás lo cantó Raphael, como se puede leer por ahí (aunque, todo sea dicho: no le podía pegar más). El tema fue interpretado por quien adaptó la canción original al castellano: Alfredo Garrido García, responsable de otras adaptaciones a nuestro idioma como la de “La Abeja Maya”, la mencionada “Vickie” o “Pippi Calzaslargas”; y autor de esa cabronada imperdonable de “No te vayas mamá, no te alejes de mí, adiós mamá, pensaré mucho en ti” (los que crecisteis con el miedo permanente a quedaros sin madre y a tener que buscarla por medio mundo con un mono albino colgando del hombro, sabéis de lo que hablo…)

9. El superhit que abría la serie “Ulises 31″ (esa en la que Ulises era un buenorro a lo Kris Kristoferson en sus años mozos) fue trasladada a nuestro idioma ni más ni menos que por José María Cano y Miguel Bosé. No sé quien la cantó, pero la tenía que haber ‘aullado’ Tino Casal.

10. Para terminar he dejado una serie que ya no forma parte de mi infancia, pero que me parece lo suficientemente delirante como para no ser olvidada: “Los Fruittis”. En el año 91, cuando ya llevábamos más de diez años viendo anime bastante decente para la época, van y se despachan con una serie de ¡frutas!, hecha con una técnica de animación de cuando no existía la animación, y que encima duraba más que cualquiera de las anteriormente mencionadas (91 capítulos). Alcachofo, Nabo (el fruiti americano), Gazpacho (la piña andaluza), Pincho (el higo chumbo), Mochilo (el plátano canario con mochila) eran algunos de los protagonistas. En su momento fue considerada mierdosa total, pero con el tiempo -sabio e implacable juez- hemos podido comprobar que, en realidad, se trataba de una gozosa muestra de lisergia en estado puro. El tema de apertura, compuesto, por Josep Roig, era un adelantado himno a la tolerancia y a la multiculturalidad (“Somos blancos, somos verdes/ somos negros y amarillos/ somos todos diferentes/ y estamos muy unidos”). Los Fruitis llegaron a salir en los dibujos de las galletas de Tosta Rica (ahí es nada).

Ahora vuestras cabezas están llenas de sintonías y de datos inútiles. Objetivo conseguido.

Blanca Lacasa es periodista de profesión y diletante de vocación. Lo primero pasa escribir en diferentes medios nacionales, básicamente en secciones de cultura y aledaños. Lo segundo, por ser la letrista y cantante de Plastic d’Amour, por escribir cuentos y por embarcarse en proyectos tan osados como el disco libro ‘Casi un Musical’ (junto a Alberto Mate y a Puño) que, por cierto, verá la luz en unos meses.

El garitazo en Madrid

Publicado el 23 febrero 2012 por Raúl Alonso

Tras unos cuantos años saliendo por Madrid, si de algo me he dado cuenta en todo este tiempo es de lo difícil que es encontrar un sitio donde pongan buena música. Mi amigo Luismi siempre recuerda la anécdota de cuando vino a visitarme a Londres y en una cafetería de Dalston, el Jaguar Shoes, pusieron de principio a fin un disco de la Creedence, como si aquello fuera lo más normal del mundo. En Madrid están proliferando este tipo de espacios, pero a lo máximo que pueden (y podemos) aspirar, supongo que debido a las limitaciones de licencias, es a barruntar una cierta melodía proveniente de unos diminutos altavoces de PC. Si ya nos ponemos exquisitos y lo que pretendemos es escuchar, ya no digo las últimas novedades, pero si una buena selección confeccionada con cierto criterio en la que se intercalen un buen número de grupos españoles, la cosa se pone realmente complicada. Sí que es cierto que hay personas o entornos que se esfuerzan en reivindicar un poco nuestra cosecha, pero no hay un lugar referente y en la mayoría de casos escuchar una canción de un grupo patrio implica la nostalgia, el codazo, el guiño de ojo o, en el peor de los casos, la risión; como si al pinchar una buena muestra española se quisiera provocar una reacción: “Qué pícaro soy, fíjate con lo que he salido.”

Sin embargo, casi de casualidad, como suelen suceder estas cosas, en una tarde de puro aburrimiento iba con mis amigas Marta y Patri y descubrimos un lugar maravilloso. Un espacio limpio, con buen olor, divertido, con bebida barata (ni que decir tiene que ni rastro de garrafón) y aperitivos más que decentes, desde frutos secos a pequeños canapés. Un lugar que siempre había estado ahí, entre la sala Arena de toda la vida y los cines Renoir y cuya selección musical estaba elaborada sin prejuicios y, para más inri, con un porcentaje equitativo de números foráneos y locales. No se trataba del paraíso, sino del Bingo de Princesa.

“Chas!” de Álex y Christina, “Perlas ensangrentadas” y “Ni tú, ni nadie” de Dinarama; “Hoy no me puedo levantar” de Mecano. No daba crédito. “Devuélveme a mi chica” de Hombres G, “Un rayo de sol” de Los Diablos. El desenfreno había llegado y “Eres tú” de Mocedades venía a poner cartas en el asunto para luego dar paso a Rubi (aquí llegaba el guiño), los Casinos, y su novio que tocaba en un conjunto beat. Por supuesto no podía faltar el “Amante bandido” de Miguel Bosé. Y diréis: Pues un poquito de lo de siempre. Y yo os diré: Pues dado que el público al cual iba dirigido estaba conformado, en su amplia mayoría, por viudas septuagenarias, a mi, qué quieren que les diga, me parece una selección de lo más transgresora. Arriesgada como poco. Por supuesto el sitio no es perfecto; la gente se toma demasiado en serio y no tiene el más mínimo interés en relacionarse, rezuman hostilidad por los cuatro costados -de hecho tuvimos algún que otro desencuentro, pero eso es otra historia. Aún así, yo estoy deseando volver.

Os dejo una sentida versión de la canción folk estadounidense “The house of the rising sun”, popularizada por The Animals entre mil y una bandas más, de Sandro y Los de Fuego, una de las formaciones primigenias de rock argentino que pudimos disfrutar en El Bingo de Princesa.

Y aquí el playlist de Spotify (las diez canciones citadas)

Raúl Alonso es cofundador y director de LaFonoteca.

Los Autócratas: Historia de una amistad

Publicado el 24 enero 2012 por Raúl Alonso


Es complicado poner fecha al nacimiento de Los Autócratas, pero este podría ser el cumpleaños de María en noviembre de 2008, cuando sus amigos le regalaron un bajo. Ese mes Miguel A. se había comprado también una guitarra eléctrica, y Frankie andaba cacharreando con un rudimentario programa de ordenador. Para la batería se piensa en Kototo, quien ya en el primer ensayo demostraría estar técnicamente a años luz del resto, cosa que a él no pareció importarle demasiado.

Tras las primeras versiones de rigor llega Frankie con la primera canción, “La plaga de Benioff”, que no se llegó a grabar ni tocar nunca en directo, pero que daba mucho juego en los ensayos para desarrollar un medley en el que cabía desde Spiritualized y Elvis hasta Family o Mocedades. Las canciones siguen surgiendo y así aparece “Plutón no es un planeta”, con la que María se lanza definitivamente a cantar; un pequeño hit de MySpace que recibe comentarios muy positivos de gente como Papá Topo, Zipper, Linda Guilala, Mano de Santo o Raúl Querido, con quien precisamente tocarían en el local de ensayo que ocupaban en el ático de La Matilda en Carabanchel, como fiesta de despedida a Kototo, que parte a Irlanda.

Su debut oficial se produce el 30 de julio de 2010 vía el colectivo Aplasta Tus Gafas de Pasta, en un concierto organizado en la Wurlitzer junto a Alborotador Gomasio y Hazte Lapón. Los Autócratas fueron la gran sorpresa de una noche exitosa en la cual destacan la presencia de Pili al violín y el primero de una larga lista de disfraces de Frankie: camisa hawaiana, alas de angelito y orejas de orco. Pronto llega una segunda cita, esta vez en el Ocho y Medio con Ed Wood Lovers y Raúl Querido. Para sustituir a Kototo, se elige a Miguel S., guitarrista de Capitán Sunrise, y tras la marcha de Miguel A. a Barcelona, entra Enrique en la formación. Con esta formación tocan junto a Los Lagos de Hinault, Regiones Devastadas, telonean a las Aias en el Ocho y Medio y tienen la oportunidad de participar en la primera edición del Madrid Popfest.

“El Período Demo-Crático” (2012), cuatro canciones grabadas de la mano de Ricardo Alonso, miembro de Mata a tus Ídolos, a comienzos del 2011, ve ahora por fin la luz. De ellas, ya conocíamos la aquí rebautizada como “La república independiente de tu casa”, que había formado parte del recopilatorio que editamos de grupos maqueteros de la escena independiente madrileña -“No te apures mamá, es sólo música pop” (LaFonoteca, 2011)-, en el que comparten surco con muchos compañeros de escenario.

La edición -y presentación- de estas canciones coincide con el momento en que Frankie, obligado por la situación actual, decide marchar a Chile a ganarse la vida, por lo que el futuro del grupo es incierto. Enrique está volcado en Gato Persa, Miguel S. sigue con Capitán Sunrise y Pili toca habitualmente con un proyecto en Talavera llamado El Leopardo Más Lento, además de ser violinista de estudio y de directo de Klaus & Kinski. Lo que está claro es que la amistad seguirá incólume.

Capitán Sunrise es un proyecto de pop que nace de las canciones que Santi, también en Lois Casino y El Mago Howl, tenía guardadas en el cajón y que, junto a Miguel (Autócratas), Alberto (Ultranol), Javi y Coral (Band à Part) y Guille a la batería dan forma a la demo “Corazón de Superhéroe” (2010). Más adelante entró Noelia como corista.

Tras quedar terceros clasificados en el concurso Grupo Revelación Nacional 2010 del Festival Contempopránea y formar parte del cartel de la 15ª edición, Elefant edita en enero de este año el 7″ “El Chico Más Guapo de La Galaxia” (Elefant, 2012), compuesto por cuatro canciones grabadas en el estudio de Barcelona From The Backyard bajo la producción de Manel Ibañez (Cola Jet Set) y Gerard Civat (Megaafonía).

No sólo una gran afinidad, personal y estilística, une a los dos grupos, sino que Miguel toca en ambos y Santi ha colaborado prestando su voz en alguna de las canciones, por lo que para esta presentación tardía Capitán Sunrise parecían los más indicados para hacer los honores de abrir esta velada en la que esperamos que se pueda despedir por todo lo alto a Frankie.

Cartel Diseñado por Juanita Calamidad

Detalles del evento:
viernes 3 de febrero@El Juglar
6€ sin disco / 8 con él
Apertura de puertas: 22h
Evento en Facebook