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Entradas de febrero 2012

Los Alcántara no tuvieron la culpa

Publicado el 27 febrero 2012 por Rafael José

No sé vosotros pero yo estoy bastante cansado de los míticos años 80, en lo musical y todo lo demás. No creo que fueran tan importantes como quieren que pensemos. Nos bombardean continuamente con artistas y grupos de aquella época, con la Constitución, la Democracia y el pretendido cambio que eso trajo en todos los ámbitos, incluido por supuesto el cultural. Claro que hay cosas que valen la pena y discos y canciones que me gustan, pero de ahí a pensar que no hubo un antes y un después hay un trecho.

Pocos artistas o grupos nacidos en ese momento son capaces de mantenerse hasta hoy a un nivel de creatividad decente. Si lo comparamos con el mundo anglosajón, el resultado es pobre. Sonic Youth, Mark E. Smith, Kim Salmon, Ian MacKaye, Robert Smith, Billy Childish o Steve Albini, entre otros muchos, también nacieron alrededor de esos años y nos han dejado un buen puñado de discos incontestables. Mientras en España, como digo, encuentras muy pocos ejemplos: Fernando Alfaro (aunque este ya tira más hacia los 90), Ilegales, Los Enemigos, Sex Museum y Javier Corcobado son ejemplos de carreras relativamente largas y fructíferas. Después hubo un poco de todo, casos con final precipitado (Parálisis Permanente, Desechables, Eskorbuto), primeros tiempos (Siniestro Total, Duncan Dhu, Gabinete Caligari, Los Ronaldos, Los Coyotes o Aviado Dro) y carreras cortas (Golpes Bajos, Pegamoides, Nikis, Dinarama, Último Resorte, Los Vegetales, Decima Víctima). Pero antes y después, hubo música tanto o más importante que la que se hizo durante los 80.

A finales de los años 70 había entre las altas esferas un temor muy grande a una vuelta a la situación anterior a la Guerra Civil tras la muerte de Franco. Había que nombrar un sucesor, para lo que se eligió al actual rey y cambiar un poco el sistema político, por lo que se montó la democracia. Era necesario también abrir un poco la mano a todos los niveles ya que la gente en la calle presionaba por un cambio total. Sólo de esta forma se puede explicar que un disco como “Cuando Se Come Aquí” (DRO, 1982) de Siniestro Total llegase a vender la cantidad de copias que vendió o que un grupo como las Vulpess saliese por la tele. Todo esto hoy día es totalmente impensable. En ese momento surgieron muchos grupos que en otra situación nunca hubiesen tenido la repercusión que tuvieron, pasaban del local de ensayo a fichar por una multinacional directamente. Por otro lado, el público también los necesitaba, ya que buscaban algo nuevo y diferente.

He visto demasiados capítulos de la serie “Cuéntame” y, como digo, la famila Alcántara no tiene la culpa; no es más que una familia de clase media como otra cualquiera superando las dificultades de la vida. Pero esa voz en off omnipresente es la que realmente me perturba, recordándonos lo cutre que era todo antes de la llegada de la democracia y todo lo que le debemos por lo que vino después. Una broma de mal gusto con la que está cayendo. Es triste pensar que los tiempos que nos ha tocado vivir son peores en cierto sentido que los que les tocó vivir a nuestros padres. No veo que este país haya cambiado tanto, como la propaganda nos vende: Las esperanzas que muchos pusieron en la llamada transición no se han cumplido.


Buscando información por Internet para escribir esto, me encontré con varias reflexiones de Alejo Alberdi sobre su grupo, Derribos Arias, uno de los pocos protagonistas de esa época que parece conservar algo de cordura. Otros contemporáneos suyos podrán presumir de haber logrado cierto éxito o vivir de rentas, pero están demasiado desnortados para que podamos tener en cuenta sus declaraciones. El grupo duró seis años, desde 1981 hasta 1987 y, según él, al principio pecaban de autoindulgencia e irregularidad, teniendo que responder a una serie de expectativas creadas. Cuando consiguieron paliar esos defectos era tarde, y el interés de los medios y público se había enfriado. Sin embargo, piensa que en su mejor momento consiguieron evitar algunos de los males del rock nacional: la falta de sentido del humor, la pretenciosidad, el excesivo mimetismo, y una imagen penosa. Se puede decir que no fue una carrera muy larga y su producción es prácticamente de un disco y varios maxis y EP, pero fueron un ejemplo de lo que sí se debe hacer.

Rafael José (aka Sr. Anido) forma parte activa del movimiento Galician Bizarre al frente de grupos como Metralletas Lecheras, Los Iribarnes, Jiménez del Oso o Jiménez los Santos.

Guadalupe Plata y Chiquita y Chatarra en Nasti

Publicado el 26 febrero 2012 por LaFonoteca

TGL: El viernes había en Madrid muy buena oferta de conciertos, como viene siendo habitual desde hace un tiempo. Como no había visto a Guadalupe Plata todavía, convencí a Raúl para ir a ver a estos últimos junto a One Hand Man’s Band y Chiquita y Chatarra en Nasti. Interlocutores varios y de muy distinto pelaje coincidían en celebrar la oportunidad de ver juntas a las tres bandas citadas de una tacada. La premura con la que se agotó el billetaje por anticipado y el encontrar en la multitud congregada en el local filosofías tan diferentes como las de Lüger, Los Caballos de Dusseldorf, Puerto Banus, Tigres Leones o The Goverment hablaba bien a las claras de lo acertado de la ocasión. Tres grupos que me da la impresión comparten similares premisas a la hora de abordar sonidos añejos, de tan rancio abolengo como el rock, el blues y algo de garaje. Bien sabida es la obligada necesidad de acometer una ortodoxa práctica de dichos géneros con la base asegurada de bajo-guitarra y batería. ¿O es que quizás no sea forzosamente así? Precisamente la de los tres grupos del viernes parece una bien argumentada enmienda a la totalidad de esas supuestas exigencias de formato.

De todas ellas quizás sea la de OHMB el ejemplo llevado al extremo, en el que la autosuficiencia del artista no evita que el psycho-blues o rock pantanoso que practica tenga la más mínima fisura en energía y contundencia. Las ganas de corroborar la buena impresión causada por el material más reciente no impidió sin embargo que por problemas logísticos nos quedásemos sin ver la mayor parte de su concierto. Un error imperdonable, sin duda.

Con idéntica buena predisposición me enfrentaba a la puesta en escena de ChYCh. Inmersos como estamos en la redacción por estas fechas en rastrear el catalogo de Discos Humeantes, lo de ver a las asturianas en directo era poco menos que asignatura obligada. Con su último disco bien escuchado pero con serias lagunas en el anterior, mi primer contacto con la versátil propuesta del dúo me resultó de lo más gratificante. El intercambio de las combinaciones guitarra-batería y batería-bajo es de lo más ágil, proporcionando una contundencia e intensidad en principio inesperada según los dictados de la lógica.

Raúl Alonso: Con la impronta de Discos Humeantes uno tenía ya más o menos idea de lo que se iba a esperar encima del escenario con las Chiquita y Chatarra. Pero las previsiones se quedaron cortas. La fórmula tan primitiva como efectiva que nos presentan las ChYCh de bajo y batería (de guitarra y batería a la finalización del concierto) tiene el riesgo de que decaiga la intensidad o el interés del público. Nada de eso pasó. La inagotable energía de la cantante-batera se contagió al otro lado del escenario, dando lecciones de cómo se puede usar una buena voz para hacer el bien, como si Beth Ditto cantase “Standing in the way of control” con No Age de acompañamiento. Me gustaron mucho en directo, pero también me llevé la sensación de que si hubieran tocado dos canciones más me hubiera suicidado.

TGL: Reconozco haberme incorporado tarde a la propuesta de Guadalupe Plata. En mitad de una gira que les lleva tanto a Alcalá de Henares como por los EE.UU., yo me uno al tren de seguidores de los andaluces cuando llevan ya un tiempo instalados y consolidados como grupo hecho y derecho. Armados de guitarrones con los que ejecutar jam sessions de slide del más puro, baqueta en una mano y maraca en otro e instrumentos del Salvaje Oeste, les vale para ejercer de aventajados alumnos de los Led Zeppelin más vibrantes. Blues electrificado aderezado de los requiebros propios de Kiko Veneno para contar lo poco serio de un cementerio caldeado en el que salen los huesos al sol.

Raúl Alonso: No era la primera vez que veía a los jaeneses, y se corroboraron al 100% todas mis sospechas. La de que son uno de los mejores grupos del panorama independiente actual, con una personalísima propuesta fuera de toda escena, pero también la de que son demasiado matemáticos en la ejecución. Por momentos a uno le parecía estar escuchando el Bandcamp de la banda en casa, y eché de nuevo en falta un punto de improvisación que derive en una lisergia contagiosa que acabe con el público subiéndose por las paredes, cosa que, por el momento, no logran conseguir.

TGL es físico investigador y administrador de LaFonoteca.
Raúl Alonso es cofundador y director de LaFonoteca.

Punk, ¿Qué Punk? – Entrevista a Nico Vázquez (M.C.D.)

Publicado el 25 febrero 2012 por TGL

En una nueva entrega de nuestra sección Punk ¿Qué Punk? hoy invitamos a Niko Vázquez, bajista de M.C.D., a que rememore con nosotros experiencias de aquellos años 80. Ejercicio de nostalgia que dirán algunos, pero es que M.C.D., grupo nacido del barrenkale o casco viejo de Bilbao allá por el 1985, dejó discos que muchos tenemos como banda sonora indispensable del punk facturado en aquella década. El grupo participó de forma activa en la explosión de bandas, sellos, gaztetxes, fanzines y emisoras de radio que se vivió en Euskadi en ese momento. Su debut se produjo con los tres temas que incluyeron en el recopilatorio ya mítico para los amantes del género: “Condenados A Luchar” (Discos Suicidas, 1986), pero fue con una grabación en directo, la realizada en el gaztetxe de Bilbao, “Bilboko Gaztetxe” (Discos Suicidas, 1987), con la que se presentaron con un álbum sólo para ellos. Autores además de una larga lista de discos y varios sencillos, fue con “Imbecil.com” (Imbecil, 2001), que Niko dejó el grupo. Diferencias internas con respecto a la gestión del entonces manager de la banda precipitan el final de la misma tal y como había funcionado hasta entonces. Mientras Niko monta con su hermano el germen de un nuevo proyecto, Motorsex, el resto sigue funcionando por un tiempo como Macarrada. Tampoco entraría el bajista en la formación con la que M.C.D. iniciaría una gira de reaparición el año pasado. De todo ello le preguntamos en la entrevista que te presentamos a continuación.


¿Dónde situarías a MCD dentro de la efervescencia de los 80 que se vivió en Euskadi?
En una banda de segunda fila que sólo nos preocupábamos de expresar nuestras cosas pasándolo bien pero a ser posible tocando las narices de la autoridad vigente; de paso sin importarnos las consecuencias.

¿Ves conexiones con alguna otra banda en particular?
Pues a nivel musical nos gustaban muchas bandas pero creo que realmente cada una éramos un mundo aparte. Unos más punkies, otros más rockeros y otros más poperos. A todas las bandas nos unían las ganas de gritar nuestro inconformismo sin pretensiones.

¿Qué recuerdas principalmente de aquella época?
Que teníamos malditos granos de pus en la cara

¿Sientes algún tipo de nostalgia?
No, en absoluto. Sería terrible repetir la era de la marmota.

¿Qué aspectos crees que ha magnificado el paso del tiempo? ¿Te has encontrado alguna exageración o inexactitud que te haya llamado la atención especialmente?
Que el tiempo lo exagera todo, criba lo positivo sobre lo negativo, muchas veces magnificando erróneamente lo que unos chavales de veinte años hacíamos para divertirnos. Los chavales de hoy hacen otras cosas pero con el mismo objetivo. Vivir sin futuro.

¿Destacarías algo de la escena o del ambiente entre bandas de Bilbao respecto al de
poblaciones vecinas?

Las bandas de poblaciones industriales teníamos mucha mala baba a la hora de expresarnos. Vivíamos en barrios periféricos obreros -sin que sirva de excusa- con toda clase de carencias y nosotros berreábamos nuestras experiencias del día a día, no las del imbécil de la canción del verano. Como todo bicho considerado raro, nos movíamos en manada en torno por y para la música, a los pocos sitios que se atrevían a programar rock, así que había una especie de ambiente de gran familia transgresora que ahora evidentemente, y al no incidir socialmente casi nada, se ha perdido.

En tu caso, fuisteis varios los hermanos implicados en grupos y cuestiones musicales ¿crees que se debió a algo concreto? ¿Cómo se llevaba en casa esta hiperactividad?
A que nuestros padres eran, en el aspecto cultural y político, muy libertarios y a que un hermano mayor ya tocó en diferentes grupos en los 60. Los padres nos dejaban hacer y les dimos más de un disgusto que supieron disimular bien. El tocadiscos era el objeto de deseo más preciado y disputado a diario.


¿De qué cosas te arrepientes, o no volverías a hacer en la misma situación?
De habernos dejado manejar por un mánager cuando éramos un grupo de amigos con ganas de pasarlo bien. Y que no deberíamos haber tirado un bote de humo en la sala El Garaje, porque podíamos haber matado a alguien del público durante la evacuación.

¿Fue el punk un canal de lucha, un estilo musical?
Un modo de vida

¿Qué piensas que caracterizó aquellos años, la razón de toda la repercusión que tuvo luego?
El importarnos una mierda lo que iba a pasar al día siguiente. Vivíamos absolutamente al día sin esperar nada a cambio. Fue la mejor válvula de escape que pudimos tener.

Inevitable establecer comparaciones entre lo que se hacía en Euskadi frente a Madrid y Barcelona. Háblame de tu contacto personal con una y otra escena. ¿Qué bandas que destacarías de una y otra ciudad de aquel momento?
Tuvimos mucha relación con Decibelios de Barcelona y La UVI de Madrid, sobre todo a través de Vulpess que eran nuestras hermanas y amigas. Éramos grupos que compartíamos el punto macarra-musical que pensamos debe tener una banda de rock and roll.

¿Piensas que hubo una excesiva politización de todo lo que se denominó Rock Radikal Vasco? ¿Hubiera tenido todo el empuje que tuvo sin ella?
Política es todo. El que dice que es apolítico pienso que miente o es marciano, y de éstos, todavía no conozco ninguno. Marino Goñi puso la etiqueta del RRV desde Iruñea a un movimiento cultural destroyer totalmente anárquico con el objetivo común de pasarlo bien. La campaña Martxa Eta Borroka de HB sirvió para que bandas de maketos excepto la nuestra -que estábamos al margen del rollo abertzale- no fuésemos mirados como “enemigos” y aceptada nuestra forma de vivir y expresarnos de los 80. El movimiento abertzale movilizó a través del rock a una impresionante generación de jóvenes que de otro modo no hubieran movido un dedo.

Justo después de grabar “Jódete” (Basati, 1988) tuviste que irte a Londres. ¿Aprovechaste la ocasión para vivir el ambiente musical de por allí? ¿Qué te encontraste?
Una ciudad fantástica para vivir con mucha energía … ¡¡y motos clásicas!!. Era la época en la que Sonic Youth o The Cure arrasaban musicalmente. Además estudié, sin saberlo, en el College dónde los Sex Pistols dieron su primer concierto, Ravensbourne College. Un lugar de “artistas” y gente de todo pelaje.

Y a tu vuelta ¿notaste alguna evolución en el grupo?
Mucho más rockandrollero y más experiencia tocando. Pero cierto cansancio. En esa época me dediqué además de hacer de roadie de M.C.D. a tocar con Cancer Moon.

¿En qué época empezaste a interesarte en cuestiones de grafismo y diseño, tu otra actividad al margen de la música, no es cierto?
Creo que desde enano cuando pintaba las paredes de casa. Empecé a trabajar muy joven con diecisiete tacos en una imprenta y aunque fui por Ciencias en COU me matriculé en Bellas Artes. La comunicación visual en todo su amplio significado, me apasiona.

El grupo vivió alguna turbulencia en su etapa última ¿serían estas cuestiones lo único que lamentarías de tu experiencia en MCD?
Sí, lo he contestado más arriba. Habernos dejado manejar por un mánager cabrón cuando sólo éramos un grupo de amigos… fue nuestro más grave error y creo que a todos nos ha pasado factura.

¿Notas muestras de reconocimiento o recuerdo hacia la banda en la actualidad?
Sí y no tiene porqué. No creo que hayamos hecho nada relevante salvo tocar un poco las pelotas al clero y a las autoridades.

Cuéntanos acerca de tu otro proyecto, Motorsex ¿le pides cosas distintas a las ya vividas con MCD?
El objetivo de Motorsex es idéntico: la música es parte inseparable de nuestra vida, así que intentamos pasárnoslo bien rockanrolleando pero esta vez con el bagaje de todo lo aprendido, y buscando sonidos nuevos que nos satisfagan, o al menos intentarlo. “Sin vivir de las rentas, pero sin renegar de nuestro pasado, seguimos sin futuro”.

Con Motorsex, y al final de tu paso por MCD, hiciste una clara apuesta por el estilo autogestionado de Creative Commons. ¿Por qué? ¿Funciona?
Porque el negocio musical con intermediarios garrapatas es, ha sido y será una pesadilla para todo el mundo. Las licencias CC nos abrieron una puerta a la autogestión de tu actividad. Así que nos da igual estar fuera, dentro o a un lado de la industria. Lo llevamos todo al día. Si mañana se acaba, ya intentaremos hacer otra cosa nueva. Sin lamentarnos. Funciona en base a tu listón. Nuestras necesidades son primarias, así que estamos a gusto.

Precisamente eso me lleva a pensar que mucho de los problemas de las bandas de los 80 fue su relación con las discográficas, ¿por qué crees que fue todo aquello? ¿No había posibilidad de autogestión en ese sentido entonces?
Cuando montas una banda de rock and roll lo que menos te preocupa es el negocio. Porque tú piensas ingenuamente que lo que haces en tu local de ensayo es un pasatiempo que además, llena tu vida. Pues sí, lo es. Pero el primer día que un intermediario te llame para tocar en un concierto, pagándote por ello, cosa que ya no se estila, aprenderás que la música también es un negocio y se rige por las mismas pautas que un tomate del supermercado. Así que una de dos, o lo cultivas y lo vendes tú mismo o lo negocias a la baja con Eroski. En nuestra época, como nadie teníamos ni puta idea de qué iba todo esto y primaba tanto en el público como en las bandas el modo de vida por encima del negocio especulador, nos dimos de morros. Incluso discográficas nobles y honradas. Pura ignorancia y atrevimiento de la dichosa juventud. Tardamos casi diez años en grabar nuestro primer disco en solitario, así que imagínate lo que nos importaba a nosotros, todo eso del negocio musical.

¿Qué planes futuros tenéis en la banda? Hay al menos un disco pendiente, ¿no? ¿Cómo lo llevaís?
Estamos con dos cosas: primero que el genio de Carlos Creator terminé de una vez de mezclar once canciones que salieron de dos jam sessions con muchas sorpresas. Y por otro lado, a nuestra edad nos estamos empollando el “Never Mind The Bollocks” (Virgin, 1977) porque tenemos que hacer unos conciertos “mixtos” dentro del ciclo Izar & Star organizados por Jerry (amigo periodista musical de Bilbao) versionando a Sex Pistols con un cantante impresentable de la Real Sociedad llamado Anartz. A medio plazo, sacar otro single para que siga la fiesta.

Entrevista realizada por TGL, físico investigador y administrador de LaFonoteca