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El garitazo en Madrid

23 febrero 2012 por Raúl Alonso

Tras unos cuantos años saliendo por Madrid, si de algo me he dado cuenta en todo este tiempo es de lo difícil que es encontrar un sitio donde pongan buena música. Mi amigo Luismi siempre recuerda la anécdota de cuando vino a visitarme a Londres y en una cafetería de Dalston, el Jaguar Shoes, pusieron de principio a fin un disco de la Creedence, como si aquello fuera lo más normal del mundo. En Madrid están proliferando este tipo de espacios, pero a lo máximo que pueden (y podemos) aspirar, supongo que debido a las limitaciones de licencias, es a barruntar una cierta melodía proveniente de unos diminutos altavoces de PC. Si ya nos ponemos exquisitos y lo que pretendemos es escuchar, ya no digo las últimas novedades, pero si una buena selección confeccionada con cierto criterio en la que se intercalen un buen número de grupos españoles, la cosa se pone realmente complicada. Sí que es cierto que hay personas o entornos que se esfuerzan en reivindicar un poco nuestra cosecha, pero no hay un lugar referente y en la mayoría de casos escuchar una canción de un grupo patrio implica la nostalgia, el codazo, el guiño de ojo o, en el peor de los casos, la risión; como si al pinchar una buena muestra española se quisiera provocar una reacción: “Qué pícaro soy, fíjate con lo que he salido.”

Sin embargo, casi de casualidad, como suelen suceder estas cosas, en una tarde de puro aburrimiento iba con mis amigas Marta y Patri y descubrimos un lugar maravilloso. Un espacio limpio, con buen olor, divertido, con bebida barata (ni que decir tiene que ni rastro de garrafón) y aperitivos más que decentes, desde frutos secos a pequeños canapés. Un lugar que siempre había estado ahí, entre la sala Arena de toda la vida y los cines Renoir y cuya selección musical estaba elaborada sin prejuicios y, para más inri, con un porcentaje equitativo de números foráneos y locales. No se trataba del paraíso, sino del Bingo de Princesa.

“Chas!” de Álex y Christina, “Perlas ensangrentadas” y “Ni tú, ni nadie” de Dinarama; “Hoy no me puedo levantar” de Mecano. No daba crédito. “Devuélveme a mi chica” de Hombres G, “Un rayo de sol” de Los Diablos. El desenfreno había llegado y “Eres tú” de Mocedades venía a poner cartas en el asunto para luego dar paso a Rubi (aquí llegaba el guiño), los Casinos, y su novio que tocaba en un conjunto beat. Por supuesto no podía faltar el “Amante bandido” de Miguel Bosé. Y diréis: Pues un poquito de lo de siempre. Y yo os diré: Pues dado que el público al cual iba dirigido estaba conformado, en su amplia mayoría, por viudas septuagenarias, a mi, qué quieren que les diga, me parece una selección de lo más transgresora. Arriesgada como poco. Por supuesto el sitio no es perfecto; la gente se toma demasiado en serio y no tiene el más mínimo interés en relacionarse, rezuman hostilidad por los cuatro costados -de hecho tuvimos algún que otro desencuentro, pero eso es otra historia. Aún así, yo estoy deseando volver.

Os dejo una sentida versión de la canción folk estadounidense “The house of the rising sun”, popularizada por The Animals entre mil y una bandas más, de Sandro y Los de Fuego, una de las formaciones primigenias de rock argentino que pudimos disfrutar en El Bingo de Princesa.

Y aquí el playlist de Spotify (las diez canciones citadas)

Raúl Alonso es cofundador y director de LaFonoteca.

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