España, el rock y otras tragedias
2 Julio 2009 por Tomás Salgado HitzfeldMuchos de los grandes compositores de la historia de la música han escrito sus mejores canciones en pareja. Vinicius de Moraes tiene a su Antonio Carlos Jobim, Lennon a su McCartney… y Antonio Guijarro tuvo a su Javier Ocaña.
Antonio Guijarro nació en un pequeño pueblo de Guadalajara en 1940. Ya desde joven mostró mucho interés por la música, aprendiendo pronto a tocar la guitarra. No es hasta su servicio militar en Valencia en 1958, a bordo de un barco, cuando descubre el rock and roll y crea a Los Grumetes, grupo de vida efímera. En su primera actuación en la cubierta de un barco, Guijarro se cae por la borda, y un tiburón le arranca tres dedos. Tras ello se licencia y empieza a trabajar de guardabosques en su pueblo natal, sin abandonar su pasión por la música. En 1960 compone su primera canción, “Qué rico está el níscalo”, cuyo estribillo decía:
Qué rico está el níscalo
Más rico que el níspero
Más rico que el melón
Más rico que el melocotón
Las obligaciones de Antonio como Guardabosques incluían la vigilancia de una serie de enormes cuevas que había en el monte. Así, un día en que Antonio se sintió indispuesto tras haber comido demasiados níscalos y, buscando cobijo en una de esas cuevas, se encuentra con Javier Ocaña apuntándole con un rifle.

Javier Ocaña nació en Móstoles en 1919. Hijo de una rica familia recibió una exquisita educación en Madrid y en París, ciudades en las que empezó a relacionarse con los círculos literarios desde muy tierna edad. En su obra primeriza queda claro la intensa relación de Javier con su madre. Prueba de ellos son sus poemas “Madre, no voy a ir al Moulin Rouge”.
Cuando estalla la Guerra Civil, su familia se posiciona firmemente en el conflicto. Perteneciente a la burguesía conservadora de toda la vida, la madre de Antonio esconde a varios sacerdotes en el ático de su casa. Acto seguido les denuncia a las milicias y los sacerdotes son fusilados. Así, obligado por las circunstancias (y por su madre) Ocaña, católico y monárquico desde pequeño, hace miliciano ateo y anarquista y lucha en el lado republicano. Al finalizar la guerra regresa a Móstoles y, ante la llegada de los Nacionales, su madre le esconde en el ático de su casa. Acto seguido le denuncia a la Guardia Civil, pero consigue escapar y, eventualmente, ocultarse en una cueva de la sierra alcarreña. Allí pasará veintiún años escondido hasta la llegada Antonio Guijarro.
Para Ocaña fue un shock encontrarse con ese joven guardabosques con una guitarra en la espalda y los pantalones bajados. Llevaba mucho tiempo sin ver a nadie y mucho más sin escuchar música, así que le pidió a Guijarro que le tocase una canción. Ocaña no sabía de la existencia del rock, pero al escuchar la voz de Guijarro supo dos cosas: que era un gran compositor y que necesitaba un letrista, por lo que le propuso hacer cambios en sus letras. Guijarro accedió inmediatamente: sabía mejor que nadie que cualquiera podría escribir una letra mejor que él. Le dio la mano a Ocaña y se subió los pantalones. Así fue como los dos escribieron en apenas tres días casi una docena de canciones entre las que sobresalen Todas las rosas huelen a ti”, “Vivir de amor” y “Quiero estar a tu lado” (nueva versión de “Qué rico está el níscalo”).
En el pueblo todo el mundo se sorprendió al escuchar las nuevas canciones de Guijarro. Por un lado eran las letras más bonitas que habían escuchado nunca, y, por otro no hablaban de vegetales. Guijarro había encontrado su media naranja. Pronto se corrió la voz de que en la comarca había un cantante que te hacía llorar con sus canciones (y que te multaba si te pillaba usando cepos). Guijarro y Ocaña, mientras, no dejaban de trabajar en nuevas composiciones. En cada visita a la cueva Guijarro salía con una canción nueva (y Ocaña con un chorizo que Guijarro le traía).
La fama de Guijarro como compositor llega hasta Madrid, hasta los oídos de Emilio de la Cruz-Rodríguez, representante de artistas especializado en ventrílocuos que quería dar el gran salto a la música pop. De la Cruz-Rodríguez le hace una millonaria oferta por los temas a Guijarro, así como una gira acompañando al ventrílocuo Alfredo Mota y su Pollito Jesusín (al parecer con la condición de compartir camerino con Jesusín). Casi no pudo esperar a contarle a Ocaña la buena noticia.
El poeta también tiene algo que contarle. Ha terminado una nueva letra con una de las melodías de Guijarro. La letra habla de su amistad, de la música y del amor. Guijarro nunca había escuchado nada tan hermoso y sus ojos se llenan de lágrimas: el mundo debe conocer. Pero Ocaña no quiere firmar con De la Cruz-Rodríguez. Teme que en cuanto salga de la cueva le detengan, le juzguen y le fusilen. En realidad sólo teme esto último. Discuten violentamente y Ocaña, que no quiere saber nada más del asunto, corre al interior de la cueva. Guijarro le sigue, y en el fondo de la gruta se pelean. En el forcejeo a Ocaña se le cae el fusil, disparándose. La bala rebota en una estalactita e impacta en el pecho del poeta. Así, Javier Ocaña muere en los brazos de su compañero, que llora desconsolado.
Nunca más se volvió a saber de Antonio Guijarro. Ocaña conocía las laberínticas cuevas como la palma de su mano, pero Guijarro no, y nunca saldría de allí. Hay quien dice aún deambula por los pasajes interminables de la cueva incapaz de encontrar la salida, mientras tararea la canción más hermosa jamás escrita.
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4 comentarios para “España, el rock y otras tragedias”
Enhorabuena por el fichaje. Por fin el mundo entero va a poder disfrutar de la sabiduría de Tomás.
Una bella historia, sí señor.
Por marta el 2 Jul 2009
bonita y trágica história de amor, amistad y creación en un entorno neoplátonico de la alcarria, bajo el gris cielo franquista.
como ésta otra:
http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_P%C3%A9rez_Oca%C3%B1a
Por kinko el 3 Jul 2009
Antonio Guijarro Campoy, popular letrista de los años 50 a 70, escribíó canciones para Conchita Bautista, Carmen Sevilla, Marisol, Dúo Dinámico, etc. Nada que ver con vuestra historia.
Por Ethelberta Manzanillo el 25 Dic 2009
Evidentemente se trata de dos Antonios Guijarro diferentes, Ethelberta.
Por Tomás Salgado Hitzfeld el 25 Dic 2009