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Homenaje a ‘La Bola de Cristal’ en el Fotomatón

Publicado el 24 mayo 2012 por Raúl Alonso

Aún recuerdo cuando en 2006 abrió el Fotomatón. Cómo no recordarlo si desde su inauguración hasta que me marché un año después a vivir a Londres nos pasamos allí los fines de semana enteros. Mis recuerdos de esa época son un tanto vagos. Recuerdo el humazo que lo inundaba todo, recuerdo al de la camisa blanca -nunca supimos si tenía una sóla o varias-, al que Javi le pegó un gancho de derecha mientras hacía uno de sus bailes acrobáticos… pero, sobre todo, recuerdo que era un sitio con un criterio musical inusitado con gran querencia hacia la escena nacional; tan pronto podías escuchar Animal Collective o Akron / Family como El Niño Gusano o Chucho. Buenos tiempos.

Sitio como era habitual de reunión, no es extraño que en uno de esos encuentros se fraguase, tercios en mano, esta criatura. O al menos la intención de ponerla en marcha. La conexión con el Fotomatón se seguiría ampliando una vez de regreso de Londres, ya en 2010, con la organización del que sería nuestro primer concierto en Madrid, el estreno de nuestros amigos de Tigres Leones junto a Los Ingenieros Alemanes. El sonido de la velada seguramente no fuera el mejor de la historia, pero yo recuerdo el concierto con especial cariño. En cierto modo, el hecho de que saliera tan bien nos animó a seguir adelante en esta parcela.

No crean que este ejercicio de nostalgia es gratuito, hay una explicación. Y es que seis años después el Fotomatón sigue dando guerra, dando rienda suelta a distintas iniciativas como la de La Butaca del Foto, su sección audiovisual, que en esta ocasión quiere rendir un bonito homenaje al programa que marcó a toda una generación: “La Bola de Cristal” (1984-1988, TVE). Está claro que la nostalgia que pueden despertar la Bruja Avería, la Bruja Truca, el Hada Video, Maese Cámara y Maese Sonoro es ilimitada. Como lo es el elenco de pirados al que este programa dio cabida de manera única e irrepetible, educando a los más pequeños con las locuras creativas de Alaska, Santiago Auserón, Kiko Veneno, Loquillo, etc.

Durante tres días por el Fotomatón pasarán distintos colaboradores para expresar sus impresiones sobre el programa y sus diferentes secciones. El lunes 28 se dedicará a Los Electroduendes, y ahí estará todo un especialista como Nico Grijalba aka Aviador Deluxe. Al día siguiente, será el turno de las secciones relacionadas con montajes de imágenes de archivo y escenas de ficción: El Librovisor y La Cuarta Parte. Gente tan reputada como Jesús Ordovás, David Saavedra (Rockdelux) e incluso el mismísimo Paco Quintanar, principal documentalista del programa, hablarán sobre ello. Y, por último, el miércoles 30 será el turno de la música. Ahí estaremos unos cuantos, -Jorge Obón (El Telescopio), Luis Brea, Juan Santaner (Marxophone) o yo mismo- charlando sobre las actuaciones en directo y los videoclips que se emitieron en el programa, también de los que produjo el mismo.

Poco puedo adelantar por la parte que me toca. Aparte de mi punto de vista personal como persona que no vivió el programa (soy del 82) pero que adora los 80 españoles, prepararé una serie de entrevistas a varios personajes involucrados intentando huir de lugares comunes, que es el riesgo que tiene tratar un tema tan manido como el de La Movida y sus derivados. Desde luego la iniciativa lo merece. Están todos invitados.

Detalles del evento
Lunes 28, martes 29 y miércoles 30 a las 20 horas. Entrada libre.
Fotomatón: Plaza Conde de Toreno, 2. Metro Plaza España. Madrid
Afterparty con Man Pop DJ y DJ Krla con las mejores canciones de La Movida.
Evento en Facebook

Raúl Alonso es cofundador y director de LaFonoteca

Un comentario “Homenaje a ‘La Bola de Cristal’ en el Fotomatón”

  1. [...] programa de televisión ‘La bola de cristal’ y, con él, a La Movida madrileña. Serán tres fiestas temáticas en Fotomatón Bar (plaza Conde de Toreno 2, <M> Plaza de España). La primera de ellas, este [...]

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Crónica de Vigilante Gitano, X-Prays y Días Libres en la Wurlitzer

Publicado el 20 mayo 2012 por TGL

La primera vez que vi a los Vigilante Gitano fue hace un par de años, cuando abrieron plaza en la sala Nasti para los Pennycocks de Barcelona. Era a estos últimos a los que realmente iba a ver en aquella ocasión, pero lo de los madrileños fue un auténtico descubrimiento. Contaban en su haber por entonces con su sencillo “Pego Tiros” (Rumble, 2010). El sábado pasado, en la sala Wurlitzer, presentaban su tercer sencillo “Destruido” (Rumble, 2012). Pasa el tiempo y las buenas sensaciones siguen siendo las mismas.

Se hicieron acompañar para la velada de Días Libres y X-Prays. De los primeros desconocía todo. Al oír el tono del comienzo de su actuación y reconocer a alguno de sus integrantes empecé a comprender. Los Caballos de Dusseldorf, Solex, Navajazo, Capitan Entresijos… son nombres que figuran en los curriculum de algunos de ellos. Su jam session de aparente free jazz marciano, sus electrónicas desquiciadas llevaron a más de uno a preguntarse si estaban ya tocando o si se trataba de una prueba de sonido retrasada. Desconcertantes, impactantes, pertenecen esta clase de artistas a la vanguardia que ve en la música una cuarta dimensión más allá del aparente orden natural de las cosas.

Volvían Mugretone y Shelux al escenario tras la buenísima noticia del regreso a la actividad en directo de Grupo Sub-1, la otra banda en paralelo en la que militan, hace unas semanas. Tienen algo en X-Prays que los hace casi irresistibles. Será su aire de skaters atemporales, de estudiantes fatales de collegue, de su estética, o su guitarra y sección rítmica trepidantes en lo musical. El caso es que sus canciones enérgicas y chillonas fluyen con naturalidad y atrapan sin remisión. Estuvieron muy bien, como suelen.

Por la mañana a Vigilante Gitano los habían definido como el grupo más divertido de Madrid desde la revista Rolling Stone. No creo que sean representantes de escena alguna ni que se sientan especialmente emparentados con grupos de punk de la capital. Tienen ya experiencia en grupos previos que datan de los primeros 90, lo que les pone en una promoción como mínimo por delante de chavales como La Stasi, Puerto Banús, Bit Of o Espermatozombies, por poner unos pocos ejemplos. Y sin embargo algo tienta lo de abanderarlos como alternativa al bizarrismo gallego de nuevo cuño si es que pidiesen representantes geográficos. Ya son unos cuantos en esta ciudad los que creen ver en Vigilante Gitano a uno de los fenómenos más frescos e irreverentes del momento. Representación entre el respetable de Espasmódicos, TDeK, Sugus, Fast Food, Pantones, Los Caballos de Dusseldorf, Patrullero Mancuso, Solex, Nikis, ddt… hasta Munlet, que habían alargado su estancia en la capital tras su concierto del viernes en Rock Palace, suponen un espectro amplio y variado como para concluir que la propuesta del Vigilante Gitano ha calado hondo.

Unos dieciséis temas tocaron, con casi un tercio de versiones, como la que hacen casi siempre de “Purdey”, que amenazan con arrebatar para siempre a Siniestro Total. A mí me siguen enganchando los “clásicos” del primer sencillo, las que Proxe dice encuadrar entre cualquier tema de sus “bandas de referencia” como Vetusta Morla o Pereza.

Tocan duro, especialmente tras su última entrega en vinilo, mola verlos apiñados en un escenario reducido como el del Wurli, y manejan los elementos de una liturgia que ya han hecho clásica a las mil maravillas: Perros lobos volantes, tarro de Varón Dandy que alguno recibió mechero en mano amenazando inmolar a Proxe, que gustosamente tira de entrepierna si el guión lo exije, o como decían de Maribel Verdú y sus desnudos, y aunque no lo exija. Oficia el cantante de imprescindible prima dona como sólo lo puede hacer quien disfruta, no sólo en el escenario sino como público, de la música y su puesta en escena. Se balancea en peligroso equilibrio sobre un altavoz, se enreda con el cable del micro y controla con ojo de halcón las evoluciones de las primeras filas.

¿Es la de Vigilante Gitano la banda sonora de estos tiempos de primas de riesgo por las nubes? ¿Son entonces exponentes del punk madrileño del momento? Pues no lo sé, pero me da la impresión de que, aunque andan inmersos en el ritmo sinuoso y lento del underground y de las limitaciones que imponen las ocupaciones personales y familiares de cada uno de ellos, bastaría simplemente un paso adelante que los colocase al alcance de más público para verlos crecer como banda. Si está en la mano de alguien el llevarlos a más escenarios en otras geografías, se recomienda desde aquí que se haga. Merece la pena.

TGL es físico investigador y administrador de LaFonoteca

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El Punto G

Publicado el 20 mayo 2012 por José E. Rubio

Es probable que el fenómeno de Hombres G en el panorama de la música pop-rock nacional no haya sido aún suficientemente estudiado. No seré yo quien, desde este espacio dedicado a las relaciones entre el cine y la música, se atreva a explicar los motivos del carisma y la vigencia de David Summers, Javier Molina, Daniel Mezquita y Rafa Gutiérrez, ni de las pasiones que han arrastrado a millones de fans a lo largo de España y Latinoamérica y que han mantenido su legado durante treinta años, incluyendo diez de ausencia discográfica y en directo.

Pero sí me detendré en su debut cinematográfico, “Sufre Mamón” (Manuel Summers, 1987), insólita pieza de cine musical que se arrima y esquiva, una y otra vez, a todos los tópicos y tendencias del género haciendo bandera de la amistad, el compromiso, la monotonía y la estrechez de miras como claves para el éxito. “Somos muy normalitos, todo empezó como una cosa de amigos” y frases similares (a recitar con voz arrastrada y cierta chulería castiza) se repiten una y otra vez a lo largo del metraje.

Es evidente que una película como “Sufre Mamón” sólo puede disfrutarse desde una óptica naif, nostálgica o trash. Surgida en plena efervescencia de la fama de la banda, cuando sus dos primeros álbumes superaban el millón de copias vendidas, dirigida por el padre del líder del grupo y realizador poco sospechoso de incorrección política (algún día habrá que analizar con detenimiento su personal cine de la pubertad pre-liberación sexual) y con no menos de cuatro Summers más repartidos entre el guión y el reparto, debería haber sido una triunfal hagiografía, una celebración eucarística repleta de canciones que se rindiera al talento y al gancho musical de sus cuatro protagonistas. O, siendo aún más ambiciosos, un delirio pop a mayor gloria de la banda que emparentara el film con los experimentos visuales de Richard Lester con los Beatles o, sin ir más lejos, de las películas de Los Bravos.

Nada más lejos de la realidad. Amén de ofrecer el lógico puñado de canciones que harían las delicias de los fans y que convertían algunas de sus proyecciones en auténticos happenings de cánticos colectivos (según narran los afortunados testigos de la época), la película carece de dinamismo, de excitación hormonal, de delirio silvestre o de punch visual. Como mucho, contiene ciertos toques de comedia gamberra adolescente, como el sensacional comienzo en el que David y Javi torturan a los curas del Menesianos o de curiosidades como los comienzos protopunks del grupo, a la sombra de Los Nikis. Sorprende ver a los Hombres G (por entonces, Los Residuos) con camisetas de The Clash o Dead Kennedys mientras arañan guitarrazos a “La cagaste Burt Lancaster”. Asimismo, Summers (padre) jamás hace ver que el grupo posea algún tipo de habilidad musical, a pesar de que cada actuación deja ver el indudable olfato de Hombres G para crear melodías directas y pegadizas, adobarlas con desvergonzadas referencias pop y rematarlas con unos estribillos irresistibles.

Sin embargo, el verdadero punto G de la película reside en un detalle que le hace alejarse de su propia insignificancia y asomarse con cautela a la vanguardia.

Ya de por sí, no es demasiado habitual asistir a biopics en que los propios artistas se interpreten a sí mismos (y no me refiero a una ópera rock, al rodaje de un concierto o a un documental, sino a un film de ficción que narra la forja y la ascensión de la leyenda de los biografiados). Pero además, “Sufre Mamón” apuesta por plasmar en pantalla los fantasmas liberados de la canción que le otorga su nombre (cuyo título real, “Devuélveme a mi chica”, siempre fue eclipsado) adaptando el argumento de su letra e introduciéndonos sin aviso, sin pistas y sin rupturas de puesta en escena o de guión, en la cabeza de David Summers, en sus ensoñaciones, en la pequeña ocurrencia que se transforma en soplo de inspiración y logra hacerse inmortal. Incluso llega al extremo de regalarnos, en la que resulta ser la mejor escena de la película, un plano cerrado de David durante el mágico momento en que escribe las líneas que todos sabemos recitar de memoria: “Estoy llorando en mi habitación / todo se nubla a mi alrededor / ella se fue con un niño pijo / en un Ford Fiesta blanco / y un jersey amarillo”.

Y ese instante de creación artística surge de la improbable imagen de Ricky Lacoste, líder del ficticio grupo Fiebre Amarilla y villano de trazo grueso sublimado por las musas de David, némesis del grupo e ideal de lo que Hombres G querían y estaban a punto de obtener: el éxito musical, la admiración por su sensibilidad en el escenario y por su adorable toque macarra fuera de él y, lo más importante, un harén (o ganado, según se indica en la cinta) de chicas-cocodrilo a sus pies.

Por supuesto, no falta el esperadísimo momento en que el grupo ataca con polvos pica-pica a Ricky y quema su jersey con un petardo, rematado con un combate de boxeo en el que David triunfa y logra eliminar al fantasma que le impedía realizar sus sueños y amenazaba con llevarse a su novia “zorra y pedorra”. Un papel que fue interpretado por Marta Madruga, compañera sentimental de toda la vida y a la sazón esposa de David, sin ninguna experiencia previa (ni posterior) en el cine, sugiriendo así malévolas implicaciones sobre el demonio de los celos surgidos del subconsciente.

Y así, de inesperada y tal vez inconsciente manera, Summers narra el proceso de creación artística de un tema fundamental en la historia de la música española, estableciendo además renovados vasos comunicantes en la relación entre música y cine, entre una canción y una película, entre realidad y ficción.

José E. Rubio es analista cinematográfico y de marketing, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo

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