El sábado pasado dimos inicio al calendario de festejos del madrileño sello Acuarela, que anda este año celebrando la veintena. En concreto en esta primera fiesta pudimos ver reunidas en un mismo escenario tres de las nuevas apuestas del sello. Nuevas novísimas, pues entre los tres grupos sumaban siete canciones editadas, siendo el jovencito El Faro el más prolífico con sus dos singles compartidos junto a Los Lagos de Hinault y Algodón Egipcio. Le seguía en el podio Manu Ferrón con un sencillo, y por último A Veces Ciclón y una canción adelanto de su inminente trabajo.
Comenzó El Faro en formato acústico, sentado con su guitarra, muy cómodo con el público madrileño. Era la segunda vez que pisaba Siroco y pese a tener la difícil papeleta de tener que abrir para un público generalmente madurito, se impuso al barullo dominante y salió airoso con sus composiciones. Pronto le veremos asentado por Madrid, presumiblemente con banda y nuevas canciones.
Manu Ferrón comenzó con mal pie, problemas con su guitarra. A partir de aquí, se le vio algo nervioso, con un debut algo imprevisto -nos confesaba que su idea era no tocar hasta otoño- y una banda todavía no demasiado cohesionada. Es por ello que quizá brillaran con especial enfásis las composiciones más conocidas, como “El más romano del mundo”, co-escrita junto a David Beef para La Estrella de David, o alguna del Grupo de Expertos Solynieve.
Por último, turno para los A Veces Ciclón. Dieron buena muestra de su original propuesta, que mezcla elementos folk con oscuridades propias de los orígenes del sello -se me vienen a la cabeza los primeros trabajos de Sr. Chinarro-. También debutando en Madrid, la banda no aquejó fisura alguna, y dejaron buenas sensaciones que seguramente corroboren con la publicación de su próximo trabajo, el cual pinta interesante.
Os dejamos con un reportaje fotográfico de nuestro fotógrafo Mario Orellana.
Hace casi un año la gente del Fotomatónme invitó a participar en un pequeño homenaje que iban a rendir a “La Bola de Cristal” (1984-1988, TVE). De primeras me sentí muy feliz por la invitación porque los 80 españoles es una de las etapas que más me apasionan, pero enseguida fruncí un poco el ceño por lo manido del tema. Sin embargo, mi participación podía ser interesante precisamente porque al no haber vivido “La Bola” en sí -soy del 82- podía aportar un punto de vista alejado de la nostalgia del programa. Además, se me proponía algo tan concreto como la elección de un par de videoclips producidos por el propio programa y charlar sobre ellos. Extraer algunas conclusiones socio-culturales de cierta relevancia a partir de estas dos piezas me pareció una buena idea.
El primero que elegí fue el correspondiente a “Una noche sin ti” de Ana Curra, de 1985. La carrera en solitario de Ana tras el trágico fallecimiento de Eduardo Benavente echaba a andar con este corta duración. Rociada en purpurina, envuelta en un aura de musa glam, y con unos arreglos basados en guitarras potentes al más puro estilo Dinarama.
Destaco del vídeo varias cosas, comenzando por la vigencia de los créditos a modo de calculadora, sobre todo a raíz de “Drive” (Nicolas Winding, 2011). Y otra, el protagonismo absoluto del grupo. Esto enlaza directamente con un tema tratado en varias ocasiones con mi compañero fonoteco Julián Molero o con Ignacio de Discos Garibaldi, gente que vivió la época intensamente, sobre cómo los grupos se metían en la piel de artista tanto dentro como fuera del escenario, estableciendo una barrera psicológicamente infranqueable para el fan, el cual no los veía ni por asomo como al vecino del quinto, sino como auténticas estrellas. Y bueno, aunque algo llevado al extremo, no está mal la reflexión en un momento en que los últimos videoclips que se están realizando en este país tienden a mostrar historias animadas o perversiones erotico-festivas con leche y sustancias viscosas en lugar del grupo en sí, algo que, particularmente, sí echo en falta: Reforzar la imagen de grupo como tal.
Respecto al segundo, escogí “La evolución de las costumbres” de La Mode, de 1986. Quise destacar esta grandísima canción de la etapa post Fernando Márquez -su favorita de dicha etapa, por cierto- para, partiendo del hecho de que el videoclip fuera rodado en Fuenlabrada, incidir en el aspecto clave de la deslocalización cultural de la época.
Pronto fui interrumpido por un compañero de charla, pues al parecer había incurrido en un error en la localización, supuestamente Aluche. Como ellos estaban muy convencidos y yo no (había sacado la información de un comentario de Youtube y no había podido contrastarla) y en realidad Aluche tampoco estropeaba mi enfoque, seguí con mi errático discurso. Ahora, un año después, hago un inciso en este artículo para corroborar a través de Mario Gil vía Facebook que el vídeo fue grabado en Fuenlabrada “una fría mañana de marzo de 1986″. Es más, tan sólo un momento después irrumpía en escena Diego Valladolid, bajista de Solletico, para hacernos de guía turístico particular para todos aquellos interesados:
El caso es que aunque luego Mario comentara que en realidad había sido cosa de RTVE, que ellos no habían tenido nada que ver con la elección del paraje y sus gentes -“lo que no se escucha en el vídeo es el ruido ambiente: pitadas monumentales, insultos de los transeúntes, el motor del camión y tampoco se ven los duros que nos tiraban desde las aceras”- esta victoria poética me envalentona para reforzar mi reflexión, que no es otra que la de que el hecho que desde hace ya mucho tiempo todo el ocio cultural y/o nocturno se haya concentrado en el centro está colaborando a su propia asfixia. La llamada gentrificación nos es del todo desconocida en Madrid, y apenas pocos destellos se han producido en este sentido, alguno en Lavapies, y en torno a todo lo que comienza a suceder en el CC2M de Móstoles y El Matadero en Legazpi, si acaso también en esa rara avis que es La Faena II en Suanzes.
Pero reconozcámoslo. Llevamos años siendo vagos e indulgentes, llegando tarde a los conciertos por apurar los últimos tragos en el sofá de casa de algún amigo a cinco minutos andando del garito en cuestión. Si a día de hoy un programa como “La Bola de Cristal” en la parrilla de TVE se nos hace de todo punto inconcebible, un templo del ocio nocturno como Rock-ola, en la calle Padre Xifre (también cortesía de Diego, experto en Google Street View, como se ve), según los estándares actuales, estaría ni más ni menos que a distancia de pereza. A tomar por culo, vaya. Será cosa de la evolución de las costumbres. A ver si se vuelven a dar la vuelta.
La penúltima fiesta de esta temporada de LaFonoteca Barcelona queríamos que fuera la más intensa y guitarrera, acercándonos a palos que no habíamos tocado como el post-punk o el hardcore y que nos interesan tanto como el pop en cualquiera de sus variantes. Además la noche fue un homenaje a dos sellos por los que sentimos devoción y que a nuestro parecer son auténticos referentes en el underground madrileño y barcelonés: Sonido Muchacho y Boston Pizza Records.
La noche en la sala BeGood la abrieron Sons of Woods que demostraron a todos los presentes que la etiqueta slowcore se les queda muy corta y que su sonido intenso y emocional tiene más puntos en común con grupos como Sunny Day Real State que con Red House Painters. El sonido de la sala, como suele ocurrir, fue simplemente perfecto lo que ayudo para que dieran uno de los mejores conciertos que recordamos. En septiembre sacan disco con Boston Pizza y ya hemos encargado copias.
A continuación los visitantes que quedaron bien flanqueados entre los de casa. Juventud Juché, venían por segunda vez a Barcelona, esta vez con dos 7″, uno de ellos compartido con Juanita y Los Feos, a demostrar de una vez que en el post-punk nacional tienen pocos que les tosan. Un bajo que recorre todo el mástil, guitarra cortante y batería marcial para canciones tocadas sin descanso que no suelen pasar del minuto. Acabaron sin aliento y con ovación.
Finalmente Husker Dü y The Replacements -por citar solo algunos- se subieron al escenario, encarnados en el huracán punk y hardcore que son Zephyr Lake. El grupo es una maravilla de técnica y pasión. Ver a Victor Saldaña tocar la guitarra es un espectáculo, sacándole todo el partido posible y llegando a trastes que pensábamos que estaban de adorno. No podemos dejar de recomendar su “Pure Vow” (Boston Pizza, 2012).
Sólo queda una fiesta esta temporada y aprovechamos este post para anunciar que será el 22 de junio, con tres grupos muy especiales para nosotros y que prácticamente debutarán en directo a pesar de estar en boca de cada vez más gente.